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Esperanza

Escribe la visión y espera: Dios responde a quien vigila

Lectura · Habacuc 2:1-17

1SOBRE mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y atalayaré para ver qué hablará en mí, y qué tengo de responder á mi pregunta.

2Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.

3Aunque la visión tardará aún por tiempo, mas al fin hablará, y no mentirá: aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará.

4He aquí se enorgullece aquel cuya alma no es derecha en él: mas el justo en su fe vivirá.

5Y también, por cuanto peca por el vino, es un hombre soberbio, y no permanecerá: que ensanchó como el infierno su alma, y es como la muerte, que no se hartará: antes reunió á sí todas las gentes, y amontonó á sí todos los pueblos.

6¿No han de levantar todos estos sobre él parábola, y sarcasmos contra él? Y dirán: ¡Ay del que multiplicó lo que no era suyo! ¿Y hasta cuándo había de amontonar sobre sí espeso lodo?

7¿No se levantarán de repente los que te han de morder, y se despertarán los que te han de quitar de tu lugar, y serás á ellos por rapiña?

8Porque tú has despojado muchas gentes, todos los otros pueblos te despojarán; á causa de las sangres humanas, y robos de la tierra, de las ciudades y de todos los que moraban en ellas.

9¡Ay del que codicia maligna codicia para su casa, por poner en alto su nido, por escaparse del poder del mal!

10Tomaste consejo vergonzoso para tu casa, asolaste muchos pueblos, y has pecado contra tu vida.

11Porque la piedra clamará desde el muro, y la tabla del enmaderado le responderá.

12¡Ay del que edifica la ciudad con sangres, y del que funda la villa con iniquidad!

13¿No es esto de Jehová de los ejércitos? Los pueblos pues trabajarán para el fuego, y las gentes se fatigarán en vano.

14Porque la tierra será llena de conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar.

15¡Ay del que da de beber á sus compañeros, que les acercas tu hiel y embriagas, para mirar sus desnudeces!

16Haste llenado de deshonra más que de honra: bebe tú también, y serás descubierto; el cáliz de la mano derecha de Jehová volverá sobre ti, y vómito de afrenta sobre tu gloria.

17Porque la rapiña del Líbano caerá sobre ti, y la destrucción de las fieras lo quebrantará; á causa de las sangres humanas, y del robo de la tierra, de las ciudades, y de todos los que en ellas moraban.

Habacuc 2:1-17

Dios responde a quien lleva su pregunta a un puesto de vigilancia y se queda allí esperando. Habacuc lo había dicho: «Sobre mi guarda estaré, y sobre la fortaleza afirmaré el pie, y atalayaré para ver qué hablará en mí». Guarda quiere decir puesto de vigía, y atalayar es mirar desde lo alto para ver qué se acerca. Tras su queja, el profeta se queda de pie en su torre, atento. Y Dios le responde.

Lo primero que Dios le pide es que escriba: «Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella». Hoy diríamos: ponla a la vista, clara, para que quien la lea pueda ponerse en marcha con ella. Luego llega lo que el profeta no esperaba: la visión tardará, y aun así, «aunque se tardare, espéralo, que sin duda vendrá; no tardará». Dios no promete rapidez; promete una palabra que no engaña.

En seguida el texto contrasta dos vidas: la de quien se enorgullece sin tener el alma derecha, y la de quien vive de su fe, porque «el justo en su fe vivirá». Después caen cuatro sentencias que empiezan con «ay»: contra quien multiplica lo que no es suyo y nunca se sacia, contra quien codicia para poner su nido en alto y librarse del mal, contra quien edifica una ciudad con sangres. Lo levantado sobre el daño se vuelve contra su dueño, y hasta «la piedra clamará desde el muro».

Entonces el texto se detiene en una frase que suena distinto: «¿No es esto de Jehová de los ejércitos?». Lo trabajado para el daño se pierde en vano, pero el horizonte es otro: «la tierra será llena de conocimiento de la gloria de Jehová, como las aguas cubren la mar». El cuarto ay habla de quien embriaga a sus compañeros para mirar su desnudez: humillar a alguien aprovechando su debilidad. El pasaje lo nombra sin rodeos: una copa de la mano de Dios volverá sobre quien la ofreció.

Hoy también esperamos cosas que tardan: un resultado, un pago justo, una respuesta. Y mientras tanto asoman los atajos: pasar por encima de otro, quedarse con lo que no es nuestro, compararnos con quien avanza más rápido. El pasaje no señala con el dedo a quien espera; le da una tarea sencilla: quedarse en su puesto y confiar en que la palabra de Dios no engaña. Esperar, aquí, es una forma de fe: vivir de lo que Dios dijo y no solo de lo que ya se ve.

Quien lee a la luz de Jesús ve que la gloria de Dios se hizo visible en él, y que su palabra, aunque tarde, se cumple. Hasta que llegue del todo, podemos imaginar el mar: no se ve el fondo, pero el agua lo cubre, sin dejar un palmo seco. Así promete Dios llenar la tierra del conocimiento de su gloria.

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien de tu vida que está esperando algo que se demora: un resultado, un trabajo, una respuesta. Hoy escríbele o llámale y pregúntale cómo lleva la espera. Escucha sin apurarte a dar soluciones; basta con que esa persona sepa que alguien la recuerda y está a su lado.

Para meditar

  • ¿Dónde te toca hoy quedarte en tu puesto de vigía, esperando la respuesta de Dios, en vez de correr a un atajo?
  • ¿Qué palabra de Dios podrías escribir en un lugar visible de tu casa para recordarla mientras esperas?
  • ¿Cómo te ayuda saber que Dios no pasa por alto lo levantado sobre el daño de otros cuando te tienta un atajo?

Oración

Dios fiel, tú le respondiste a Habacuc en su puesto de vigía y le pediste escribir con claridad lo que dijiste. Yo también espero algo que se demora, y confieso que a veces busco atajos y me comparo con quien avanza más rápido. Enséñame a vivir de tu palabra, que tarda pero no miente, y a no levantar nada sobre el daño de otros. Cuida a quien hoy espera a mi lado, y llena mi mirada de tu gloria como el agua llena el mar. Amén.

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