Creación y providencia
Hasta que sean cumplidas las palabras de Dios
Lectura · Apocalipsis 17:17-18
17Porque Dios ha puesto en sus corazones ejecutar lo que le plugo, y el ponerse de acuerdo, y dar su reino á la bestia, hasta que sean cumplidas las palabras de Dios.
18Y la mujer que has visto, es la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra.
«Plugo». Es una palabra que hoy casi nadie usa: una forma antigua del verbo agradar. El versículo dice que Dios ha puesto en los corazones «ejecutar lo que le plugo», es decir, llevar a cabo lo que a él le pareció bien. En medio de una visión llena de bestias, reyes y ciudades poderosas, esa palabra pequeña afirma que lo que al final se cumple es lo que Dios quiso. Lo que ocurre tiene una razón, y esa razón está en su mano.
Luego vienen otras dos cosas que ocurren en esos corazones: «el ponerse de acuerdo» y «dar su reino á la bestia». Esos corazones parecen ser los de los reyes de los que habla el versículo 18. El texto junta cosas difíciles: unos gobernantes ponen su poder en manos de la bestia y, a la vez, Dios ha puesto algo en sus corazones. No explica cómo se unen las dos cosas; solo afirma que ni siquiera ahí los planes de ellos son la última palabra. Todo tiene un tope: «hasta que sean cumplidas las palabras de Dios».
El versículo 18 añade un dato: la mujer que se vio «es la grande ciudad que tiene reino sobre los reyes de la tierra». Es una ciudad que manda sobre los que mandan, una imagen de mucho poder. Una manera de leerlo es fijarse en el orden: primero está lo que Dios ha determinado y su límite, y solo después viene la descripción del poder que impresiona. El texto no dice qué ciudad es en la historia, y no hace falta saberlo para oír lo esencial: quien tiene el último plazo es Dios.
Hoy también hay poderes que parecen manejarlo todo: jefes que deciden, autoridades cuyas medidas nos cambian el mes, noticias que dan la impresión de que otros mueven el mundo y nuestros asuntos pequeños no cuentan. Este texto no dice que todo lo que hacen sea bueno; dice que sus corazones no están fuera de la mano de Dios. En otro lugar, la Biblia compara el corazón de un rey con canales de agua que Dios dirige adonde quiere. Nuestra calma no viene de que los poderosos sean buenos, sino de que no son los últimos.
Esperar hasta que se cumplan las palabras de Dios tiene algo de descanso: no nos toca vigilar el reloj ni dirigir la historia, sino vivir con sencillez hoy, guardando lo que él ya nos ha dado. Y para quien sigue a Jesucristo, esa palabra final tiene un rostro: en él se cumple lo que Dios ha dicho, y ninguna ciudad ni ningún rey puede tomar su lugar.
Para vivirlo hoy
Toma cinco minutos hoy y ora por una persona que decide cosas que te afectan: un jefe, una autoridad, alguien de tu familia. Nómbrala en voz alta y pide que Dios guíe su corazón; no la juzgues ni le pidas nada para ti. Al terminar, deja el asunto en las manos de Dios.
Para meditar
- El versículo pone un límite: «hasta que sean cumplidas las palabras de Dios». ¿Qué te da calma de saber que ese límite lo fijó él?
- ¿Qué persona con autoridad sobre tu vida, como un jefe, una autoridad o alguien de tu familia, necesitas encomendar hoy a Dios?
- ¿Qué cambia en tu manera de recibir las noticias o las decisiones de otros si crees que sus corazones no están fuera de la mano de Dios?
Oración
«Hasta que sean cumplidas las palabras de Dios». Padre, así de firme es el plazo que tú pones, y nosotros vivimos entre reyes, jefes, ciudades y noticias que parecen mandarlo todo. Gracias porque ningún poder es el último y porque sus corazones no están fuera de tu mano. Guía a quienes deciden cosas que me afectan, y guárdame de vivir con miedo. Ayúdame a esperar con sencillez, haciendo hoy lo que me toca, hasta que llegue lo que tú has dicho. Amén.