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Valor y perseverancia

Guardar sus mandamientos y tener el testimonio de Jesucristo

Lectura · Apocalipsis 12:17

17Entonces el dragón fué airado contra la mujer; y se fué á hacer guerra contra los otros de la simiente de ella, los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo.

Apocalipsis 12:17

Dios conoce a los suyos por dos señas, y ninguna es la fuerza ni el número: «los cuales guardan los mandamientos de Dios, y tienen el testimonio de Jesucristo». Así describe este versículo a aquellos contra quienes el dragón hace guerra. Es poco lo que dice y es mucho lo que muestra: los que pertenecen a Dios se reconocen por obedecer lo que él manda y por conservar el testimonio de Jesucristo, no por ser los más ruidosos ni los más importantes.

La escena es breve y dura. «El dragón fué airado contra la mujer», y luego «se fué á hacer guerra contra los otros de la simiente de ella». Simiente quiere decir descendencia, los hijos. El enemigo ya no va tras la mujer, sino tras «los otros», el resto de la familia. El texto no dice cómo termina esa guerra; solo muestra que hay guerra y que el enemigo está furioso. No lo suaviza, y tampoco nosotros deberíamos. Quien lee este libro entiende al dragón como el gran enemigo de Dios y de su pueblo.

El versículo no esconde nada: en la Palabra que Dios entrega a los suyos hay un dragón airado y hay guerra. Nadie promete aquí un camino sin enemigos. Lo que sí hace es describir a esas personas por su relación con Dios: guardan sus mandamientos y tienen el testimonio de Jesucristo. Los dos verbos, guardan y tienen, están en presente, como algo que se sigue haciendo cada día. Seguir a Jesucristo puede costar, y ese costo cambia según el lugar: en unos sitios es una burla o una incomprensión, en otros es mucho más.

Hoy eso pasa en cosas pequeñas. Alguien en su trabajo no se suma al chisme ni al arreglo dudoso. Alguien mantiene su palabra aunque nadie se lo exija, o habla de Jesús con naturalidad en una familia donde eso incomoda. No hay aplausos. Cada mañana eligen de nuevo lo mismo, aunque el cansancio o el qué dirán aprieten. Son «los otros», el resto de la familia, la gente común que sigue. El versículo no les pide ser héroes de una vez; los describe como quienes siguen guardando y teniendo.

El versículo termina nombrando a Jesucristo. No dice que esas personas sean fuertes, sino que tienen su testimonio: lo que sostienen no es de ellas, es de él. Nada de eso necesita verse desde lejos para tener valor. Y quien lo sostiene puede hacerlo con sencillez, como quien deja encendida la luz del portal de la casa: no alumbra todo el barrio, pero quien viene de vuelta sabe por dónde llegar.

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien que conoces que sigue a Jesús en un lugar donde cuesta, como su casa, su trabajo o su curso, y escríbele hoy un mensaje breve. Dile que has notado su constancia y que estás pidiendo por su día. Sin consejos ni discursos: solo eso.

Para meditar

  • ¿Quiénes son «los otros» en tu entorno, personas comunes que siguen guardando lo que Dios manda sin que nadie las aplauda?
  • En este versículo, guardan y tienen están en presente. ¿Qué práctica sencilla te ayuda a seguir guardando y teniendo, día tras día?
  • ¿Qué cuesta hoy, en tu casa o en tu trabajo, mantener el testimonio de Jesucristo, y quién podría acompañarte en eso?

Oración

Ayúdame a guardar tus mandamientos y a tener el testimonio de Jesucristo, hoy y en las cosas pequeñas donde nadie mira. Tú sabes que hay un adversario airado y que seguirte no siempre es fácil. Sostén a quienes lo viven más de cerca que yo: a quienes reciben burlas en su trabajo, a quienes callan en su casa para cuidar la paz, a quienes no tienen a nadie que ore por ellos. Que nunca me falte tu compañía ni la de otros que siguen contigo. Amén.

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