Fe y confianza
Hacia dónde corres cuando el miedo se te viene encima
Lectura · Números 14:1-17
1ENTONCES toda la congregación alzaron grita, y dieron voces: y el pueblo lloró aquella noche.
2Y quejáronse contra Moisés y contra Aarón todos los hijos de Israel; y díjoles toda la multitud: ¡Ojalá muriéramos en la tierra de Egipto; ó en este desierto ojalá muriéramos!
3¿Y por qué nos trae Jehová á esta tierra para caer á cuchillo, y que nuestras mujeres y nuestros chiquitos sean por presa? ¿no nos sería mejor volvernos á Egipto?
4Y decían el uno al otro: Hagamos un capitán, y volvámonos á Egipto.
5Entonces Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la multitud de la congregación de los hijos de Israel.
6Y Josué hijo de Nun, y Caleb hijo de Jephone, que eran de los que habían reconocido la tierra, rompieron sus vestidos;
7Y hablaron á toda la congregación de los hijos de Israel, diciendo: La tierra por donde pasamos para reconocerla, es tierra en gran manera buena.
8Si Jehová se agradare de nosotros, él nos meterá en esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel.
9Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de aquesta tierra, porque nuestro pan son: su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová: no los temáis.
10Entonces toda la multitud habló de apedrearlos con piedras. Mas la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio á todos los hijos de Israel.
11Y Jehová dijo á Moisés: ¿Hasta cuándo me ha de irritar este pueblo? ¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?
12Yo le heriré de mortandad, y lo destruiré, y á ti te pondré sobre gente grande y más fuerte que ellos.
13Y Moisés respondió á Jehová: Oiránlo luego los Egipcios, porque de en medio de ellos sacaste á este pueblo con tu fortaleza:
14Y lo dirán á los habitadores de esta tierra; los cuales han oído que tú, oh Jehová, estabas en medio de este pueblo, que ojo á ojo aparecías tú, oh Jehová, y que tu nube estaba sobre ellos, y que de día ibas delante de ellos en columna de nube, y de noche en columna de fuego:
15Y que has hecho morir á este pueblo como á un hombre: y las gentes que hubieren oído tu fama hablarán, diciendo:
16Porque no pudo Jehová meter este pueblo en la tierra de la cual les había jurado, los mató en el desierto.
17Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificada la fortaleza del Señor, como lo hablaste, diciendo:
¿Hacia dónde corre una persona cuando el miedo le cae encima de golpe? Israel nos deja una respuesta que reconocemos enseguida: «toda la congregación alzaron grita, y dieron voces: y el pueblo lloró aquella noche». Hoy diríamos que el campamento entero gritó y lloró. El pasaje nos pone ante tres caminos: el de la multitud, el de Josué y Caleb, y el de Moisés y Aarón.
Se quejaron contra Moisés y contra Aarón, y dijeron que ojalá hubieran muerto en Egipto. Preguntaron por qué Jehová los llevaba a una tierra donde caerían a espada y donde sus mujeres y sus hijos pequeños serían botín. Y acordaron entre ellos: «Hagamos un capitán, y volvámonos á Egipto». Es un giro grande: escoger a otro jefe para desandar el camino.
Moisés y Aarón cayeron sobre sus rostros delante de toda la multitud; no se anota ninguna palabra suya, solo ese gesto. Josué y Caleb, que habían recorrido la tierra, rompieron sus vestidos y hablaron: la tierra era buena en gran manera, y no debían rebelarse contra Jehová ni temer a sus habitantes. Sus razones: «su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová». Amparo quiere decir protección, y decir que son pan para ellos parece querer decir que los tomarían sin dificultad, como quien toma un alimento.
Cuando la multitud habló de apedrearlos, «la gloria de Jehová se mostró en el tabernáculo del testimonio». Dios preguntó a Moisés: «¿hasta cuándo no me ha de creer con todas las señales que he hecho en medio de ellos?». Y anunció que heriría al pueblo de mortandad y lo destruiría. Es duro: la falta de fe de quien ha visto tanto no le es indiferente a Dios. Moisés apeló a lo que otros pueblos habían oído: que Jehová iba delante de ellos «en columna de nube, y de noche en columna de fuego». Y pidió que se viera grande su fortaleza.
Hay noches en que una noticia nos deja sin aire: un despido, un resultado médico que aún no llega, una conversación que ya no se puede aplazar. Volver a Egipto toma entonces el rostro de lo conocido, lo que ya sabemos manejar aunque nos pese. Sentir ese impulso no es lo mismo que decidirlo. Lo que el pasaje llama rebeldía es dar la espalda a lo que Dios ya mostró: «no seáis rebeldes contra Jehová». Quedan otras dos salidas: decir en voz alta lo que hemos visto, como Josué y Caleb, y detenernos delante de Dios, como Moisés y Aarón.
Moisés ruega por un pueblo que hablaba de volver atrás y de apedrear a quienes le decían la verdad; eso nos hace mirar a Cristo, que ora por los suyos. A esas salidas podemos sumar una invitación sencilla: contarle a Dios, con nuestras palabras, qué es lo que más tememos. Hoy, antes de decidir algo por miedo, dedica un minuto a hacerlo.
Para vivirlo hoy
Durante los próximos días, cada vez que notes que el miedo te empuja a retroceder, detente un minuto. Dile a Dios, con tus propias palabras, qué es lo que temes y algo que has visto hacer a Dios antes. Después, con más calma, elige el siguiente paso pequeño.
Para meditar
- Cuando el miedo llega de golpe, ¿hacia dónde suelen ir primero tus pensamientos: hacia lo conocido, hacia otras personas o hacia Dios?
- ¿Qué has visto hacer a Dios en tu vida que podrías decir en voz alta, como hicieron Josué y Caleb?
- ¿Qué cambiaría en la decisión que tienes por delante si recordaras «con nosotros está Jehová»?
Oración
Dios fiel, tú ibas delante de tu pueblo en una columna de nube de día y de fuego de noche, y estabas en medio de él aun cuando no te creía. Gracias porque no eres indiferente a lo que hacemos con nuestro miedo, y porque atiendes a quien se postra delante de ti. Cuando el temor grite más fuerte que tu palabra, que yo me detenga ante ti antes de correr hacia atrás. Dame la firmeza de Josué y de Caleb para decir lo que he visto de ti. Amén.