Fe y confianza
A su tiempo: la pascua, la espera y la nube
Lectura · Números 9:1-17
1Y HABLÓ Jehová á Moisés en el desierto de Sinaí, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, en el mes primero, diciendo:
2Los hijos de Israel harán la pascua á su tiempo.
3El décimocuarto día de este mes, entre las dos tardes, la haréis á su tiempo: conforme á todos sus ritos, y conforme á todas sus leyes la haréis.
4Y habló Moisés á los hijos de Israel, para que hiciesen la pascua.
5E hicieron la pascua en el mes primero, á los catorce días del mes, entre las dos tardes, en el desierto de Sinaí: conforme á todas las cosas que mandó Jehová á Moisés, así hicieron los hijos de Israel.
6Y hubo algunos que estaban inmundos á causa de muerto, y no pudieron hacer la pascua aquel día; y llegaron delante de Moisés y delante de Aarón aquel día;
7Y dijéronle aquellos hombres: Nosotros somos inmundos por causa de muerto; ¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda á Jehová á su tiempo entre los hijos de Israel?
8Y Moisés les respondió: Esperad, y oiré qué mandará Jehová acerca de vosotros.
9Y Jehová habló á Moisés, diciendo:
10Habla á los hijos de Israel, diciendo: Cualquiera de vosotros ó de vuestras generaciones, que fuere inmundo por causa de muerto ó estuviere de viaje lejos, hará pascua á Jehová:
11En el mes segundo, á los catorce días del mes, entre las dos tardes, la harán: con cenceñas y hierbas amargas la comerán;
12No dejarán de él para la mañana, ni quebrarán hueso en él: conforme á todos los ritos de la pascua la harán.
13Mas el que estuviere limpio, y no estuviere de viaje, si dejare de hacer la pascua, la tal persona será cortada de sus pueblos: por cuanto no ofreció á su tiempo la ofrenda de Jehová, el tal hombre llevará su pecado.
14Y si morare con vosotros peregrino, é hiciere la pascua á Jehová, conforme al rito de la pascua y conforme á sus leyes así la hará: un mismo rito tendréis, así el peregrino como el natural de la tierra.
15Y el día que el tabernáculo fué levantado, la nube cubrió el tabernáculo sobre la tienda del testimonio; y á la tarde había sobre el tabernáculo como una apariencia de fuego, hasta la mañana.
16Así era continuamente: la nube lo cubría, y de noche la apariencia de fuego.
17Y según que se alzaba la nube del tabernáculo, los hijos de Israel se partían: y en el lugar donde la nube paraba, allí alojaban los hijos de Israel.
Cuatro veces aparece en estos versículos la expresión «á su tiempo». No habla de puntualidad de reloj, sino de una cita que Dios fija: la pascua, la fiesta que recuerda la salida de Egipto, se hace el día catorce del primer mes, al caer la tarde. Nadie escoge la fecha según su comodidad. Aquí, «su tiempo» es el que Dios señala, y desde la fiesta hasta el camino todo gira en torno a él.
Llegado el día, el pueblo hace la pascua tal como Jehová lo mandó. Pero algunos hombres quedaron impuros por causa de un muerto y no pudieron hacerla. El texto no dice quiénes eran ni qué les pasó. Solo cuenta que fueron ante Moisés y Aarón: «¿por qué seremos impedidos de ofrecer ofrenda á Jehová á su tiempo entre los hijos de Israel?». Moisés no responde por su cuenta: les pide que esperen mientras él oye qué manda Jehová.
La respuesta es más ancha que la pregunta. Quien esté impuro por un muerto o de viaje lejos hará la pascua un mes después, el mismo día catorce, con pan sin levadura y hierbas amargas, sin dejar nada para la mañana ni quebrar hueso. Dios no rebaja la fiesta: le abre una segunda puerta. El mismo rito rige también para el extranjero que viva entre ellos, porque «un mismo rito tendréis, así el peregrino como el natural de la tierra»; lo natural es pensar que la misma puerta le queda abierta, aunque el texto no lo dice.
El texto también es serio. Quien estuviera limpio y no de viaje, y aun así dejara de hacer la pascua, «será cortada de sus pueblos» y llevaría su pecado. El pasaje no explica aquí qué significaba ser cortado, y no diremos más de lo que dice. Lo que sí se ve es la diferencia entre quien no podía y quien podía y no la hizo: para el primero, Dios abrió otra fecha. Es un Dios que toma en serio el recuerdo de su rescate y no cierra la puerta a quien no alcanzó a llegar.
El pasaje termina con otra clase de tiempo. El día en que se levantó el tabernáculo, la nube lo cubrió, y de tarde a mañana había sobre él «como una apariencia de fuego». Así era continuamente. Cuando la nube se alzaba, los hijos de Israel partían; donde la nube paraba, acampaban. El pueblo no decidía cuándo salir ni dónde quedarse: lo mostraba la nube, de día y de noche.
Esperar cuesta: la respuesta de un médico, un trámite, la decisión de otra persona. Aquí, quien no llegó recibió una segunda fecha, y todo un pueblo aprendió a moverse cuando Dios mostraba el camino. Para quien sigue a Jesús, la pascua mira hacia él: uno de los evangelios recuerda que en la cruz no le quebraron los huesos. Moisés no decidió por su cuenta: dijo «Esperad, y oiré qué mandará Jehová acerca de vosotros». Cuando no sepas qué hacer, busca a Dios en su Palabra, en oración y con quienes te acompañan en la fe. Esperar no impide actuar donde sí hay algo que hacer.
Para vivirlo hoy
Hoy, en un momento tranquilo, deja el celular a un lado durante cinco minutos. Lee despacio, tres veces, esta frase: «en el lugar donde la nube paraba». Luego quédate en silencio, pensando en un asunto en el que te toca esperar, sin pedir nada ni buscar soluciones por ahora. Solo deja ese asunto ahí, en manos de Dios.
Para meditar
- ¿En qué asunto de tu vida te toca esperar hoy, y cómo sueles vivir esa espera?
- ¿Qué te dice que Dios abriera una segunda fecha para quienes no pudieron llegar a la primera?
- ¿A quién que hoy queda fuera de algo podrías ayudar a encontrar un camino para entrar?
Oración
Señor Jesús, tú eres nuestra pascua, y en la cruz no te quebraron un solo hueso. Gracias porque no cierras la puerta a quien no pudo llegar a tiempo, por causa de un muerto o de un viaje. Enséñame a esperar cuando no sé qué hacer, a moverme cuando tú muestres el camino y a detenerme donde tú me pares. Que mi agenda, mis prisas y mis asuntos sin resolver descansen en tus manos, y que aprenda a confiar en tu tiempo. Amén.