Amistad y comunidad
Gratitud por todos, confianza en la obra que Dios empezó
Lectura · Filipenses 1:1-22
1PABLO y Timoteo, siervos de Jesucristo, á todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos:
2Gracia sea á vosotros, y paz de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo.
3Doy gracias á mi Dios en toda memoria de vosotros,
4Siempre en todas mis oraciones haciendo oración por todos vosotros con gozo,
5Por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora:
6Estando confiado de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;
7Como me es justo sentir esto de todos vosotros, por cuanto os tengo en el corazón; y en mis prisiones, y en la defensa y confirmación del evangelio, sois todos vosotros compañeros de mi gracia.
8Porque Dios me es testigo de cómo os amo á todos vosotros en las entrañas de Jesucristo.
9Y esto ruego, que vuestro amor abunde aun más y más en ciencia y en todo conocimiento,
10Para que discernáis lo mejor; que seáis sinceros y sin ofensa para el día de Cristo;
11Llenos de frutos de justicia, que son por Jesucristo, á gloria y loor de Dios.
12Y quiero, hermanos, que sepáis que las cosas que me han sucedido, han redundado más en provecho del evangelio;
13De manera que mis prisiones han sido célebres en Cristo en todo el pretorio, y á todos los demás;
14Y muchos de los hermanos en el Señor, tomando ánimo con mis prisiones, se atreven mucho más á hablar la palabra sin temor.
15Y algunos, á la verdad, predican á Cristo por envidia y porfía; mas algunos también por buena voluntad.
16Los unos anuncian á Cristo por contención, no sinceramente, pensando añadir aflicción á mis prisiones;
17Pero los otros por amor, sabiendo que soy puesto por la defensa del evangelio.
18¿Qué pues? Que no obstante, en todas maneras, ó por pretexto ó por verdad, es anunciado Cristo; y en esto me huelgo, y aun me holgaré.
19Porque sé que esto se me tornará á salud, por vuestra oración, y por la suministración del Espíritu de Jesucristo;
20Conforme á mi mira y esperanza, que en nada seré confundido; antes bien con toda confianza, como siempre, ahora también será engrandecido Cristo en mi cuerpo, ó por vida, ó por muerte.
21Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.
22Mas si el vivir en la carne, esto me será para fruto de la obra, no sé entonces qué escoger;
Cuenta cuántas veces aparece la palabra todos en los primeros ocho versículos de esta carta. Son cinco. El saludo va «á todos los santos» que están en Filipos, la oración es «por todos vosotros», y después el sentir del corazón, la compañía en las prisiones y el amor vuelven a decir todos. Nadie queda fuera del cariño de quien escribe. Hasta los que dirigen la iglesia, nombrados al final del saludo, entran en esa misma lista.
La carta la firman dos siervos de Jesucristo, Pablo y Timoteo, y empieza con gracia y paz. Enseguida viene el agradecimiento: «Doy gracias á mi Dios en toda memoria de vosotros». Cada recuerdo se vuelve gratitud y cada oración se hace con gozo, por la comunión de ellos en el evangelio, que viene desde el primer día hasta ahora. Y hay una confianza que lo sostiene todo: que «el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo».
Fíjate de quién es esa buena obra. La comenzó Dios, y Dios la llevará a su meta. Es un Dios que termina lo que empieza. Quien escribe puede afirmarlo desde una prisión. Las cosas que le han sucedido, cuenta, «han redundado más en provecho del evangelio», es decir, han servido para que el evangelio avance. Sus cadenas se conocen hasta en el pretorio, la guardia romana, y otros creyentes, al verlo, se animan a hablar la palabra sin temor.
El pasaje no maquilla lo que hay alrededor. Algunos anuncian a Cristo «por envidia y porfía», que hoy diríamos por rivalidad y terquedad, y piensan añadir aflicción a las prisiones de Pablo. Otros lo hacen por buena voluntad y por amor. La respuesta sorprende: «es anunciado Cristo; y en esto me huelgo», me alegro. El texto no dice que la envidia sea buena; la nombra tal cual. Pero se alegra de que Cristo sea anunciado.
Hoy esto se parece a lo que vivimos con quienes nos rodean. Quien trabaja junto a gente de motivos mezclados, o pasa por un tiempo que no eligió, sabe que la vida no viene limpia. Este pasaje enseña una forma de mirar: reconocer lo que hay, sin fingir, y buscar dónde el bien avanza. Y agradecer, en cada recuerdo, por quienes caminan a nuestro lado.
Al final el texto se vuelve casi una confesión: «para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia». Quien escribe no huye de la vida, pues dice que seguir en ella le dará fruto en la obra. Cristo es el centro de los dos lados. Hoy, cuando algún rostro conocido venga a tu memoria, dale gracias a Dios por esa persona antes de seguir con lo tuyo.
Para vivirlo hoy
Escoge a una persona que te haya acompañado en algún tramo difícil, en la familia, en la iglesia o en el trabajo. Escríbele o llámale esta semana y dile, con palabras concretas, qué significó su compañía y por qué das gracias a Dios por ella. No hace falta pedirle nada a cambio; basta con que sepa cuánto valoraste su compañía.
Para meditar
- ¿Quién ha estado a tu lado en un tramo difícil y todavía no sabe cuánto se lo agradeces?
- ¿Qué obra que Dios empezó en tu vida te cuesta creer que él terminará?
- ¿Dónde podrías reconocer hoy que algo difícil que viviste ayudó a otros a hablar de Cristo?
Oración
Dios fiel, tú comenzaste una buena obra en nosotros y la llevas hasta el día de Jesucristo; gracias por no dejar a medias lo que empiezas. Gracias por las personas que me has dado y por cada recuerdo que se vuelve gratitud. Enséñame a querer a todos, sin dejar a nadie fuera de mi corazón. Cuando la vida venga torcida, ayúdame a ver dónde Cristo es anunciado y a alegrarme por eso. Que para mí el vivir sea Cristo. Amén.