Esperanza
Extranjeros con esperanza viva y una herencia guardada
Lectura · 1 Pedro 1:1-17
1PEDRO, apóstol de Jesucristo, á los extranjeros esparcidos en Ponto, en Galacia, en Capadocia, en Asia, y en Bithinia,
2Elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sea multiplicada.
3Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,
4Para una herencia incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos
5Para nosotros que somos guardados en la virtud de Dios por fe, para alcanzar la salud que está aparejada para ser manifestada en el postrimero tiempo.
6En lo cual vosotros os alegráis, estando al presente un poco de tiempo afligidos en diversas tentaciones, si es necesario,
7Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado:
8Al cual, no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado;
9Obteniendo el fin de vuestra fe, que es la salud de vuestras almas.
10De la cual salud los profetas que profetizaron de la gracia que había de venir á vosotros, han inquirido y diligentemente buscado,
11Escudriñando cuándo y en qué punto de tiempo significaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual prenunciaba las aflicciones que habían de venir á Cristo, y las glorias después de ellas.
12A los cuales fué revelado, que no para sí mismos, sino para nosotros administraban las cosas que ahora os son anunciadas de los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; en las cuales desean mirar los ángeles.
13Por lo cual, teniendo los lomos de vuestro entendimiento ceñidos, con templanza, esperad perfectamente en la gracia que os es presentada cuando Jesucristo os es manifestado:
14Como hijos obedientes, no conformándoos con los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia;
15Sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación:
16Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.
17Y si invocáis por Padre á aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conversad en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación:
Pedro nombra cinco regiones ya en la primera línea: Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia. No escribe a una ciudad, sino a extranjeros esparcidos por todo ese mapa. Y a unos extranjeros dispersos la carta les da un nombre nuevo: elegidos por Dios Padre, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo. Antes de decir nada más, les recuerda a quién pertenecen.
Después estalla la alabanza: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos». Regenerado quiere decir que nos dio un nuevo nacimiento. La esperanza es viva porque se apoya en un hecho: Jesucristo resucitó. Esa esperanza mira a una herencia «incorruptible, y que no puede contaminarse, ni marchitarse, reservada en los cielos», y a quienes creen los guarda el poder de Dios.
La carta no esconde el dolor: por un poco de tiempo están afligidos por pruebas de distintas clases. Y les ofrece una comparación: la prueba de su fe es «mucho más preciosa que el oro, el cual perece», aunque el oro se pruebe con fuego. El oro se acaba; la fe probada será hallada en alabanza, gloria y honra cuando Jesucristo sea manifestado. El pasaje no dice que el fuego sea agradable; dice que dura un poco de tiempo.
Y aparece algo que asombra: «no habiendo visto, le amáis; en el cual creyendo, aunque al presente no lo veáis, os alegráis con gozo inefable y glorificado». Inefable quiere decir que no se puede contar con palabras. Es amor a alguien a quien nunca vieron. Y hay más: los profetas buscaron con esmero esta salvación, y se les mostró que servían no para sí mismos, sino para los lectores de la carta. Hasta los ángeles, dice el texto, «desean mirar» estas cosas.
Todo eso lleva a una manera de vivir. Ceñir los lomos del entendimiento es la imagen de quien se ajusta el cinturón para ponerse en marcha: hoy diríamos tener la mente lista y esperar con serenidad la gracia que llegará con Jesucristo. Como hijos obedientes, sin volver a los deseos de cuando no conocían a Dios: «sino como aquel que os ha llamado es santo, sed también vosotros santos en toda conversación». Conversación es aquí toda la manera de vivir. Y se apoya en algo escrito: «Sed santos, porque yo soy santo».
La santidad que pide este pasaje no nace de un esfuerzo a solas: viene después de la misericordia, de la resurrección y de una herencia guardada. Y el camino se llama, en la última línea, peregrinación: un viaje por tierra ajena. Por eso queda una imagen sencilla: alguien que camina por un país que no es el suyo con la llave de su casa en el bolsillo. No está perdido. Alguien le guarda un lugar.
Para vivirlo hoy
Busca hoy cinco minutos sin pantallas. Lee despacio, tres veces, esta frase: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo». Después quédate en silencio, sin pedir nada y sin explicar nada, dejando que esas palabras se asienten. Si te distraes, vuelve a la frase.
Para meditar
- ¿Qué cambia en tu día saber que tu esperanza descansa en que Jesucristo resucitó?
- ¿Dónde sientes hoy el fuego de una prueba, y qué te muestra el pasaje sobre lo que vale tu fe en medio de ella?
- ¿Qué parte de tu manera de vivir, en casa o en el trabajo, te gustaría que se pareciera más a Dios, que es santo?
Oración
Gracias, Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, porque según tu grande misericordia nos diste un nuevo nacimiento en una esperanza viva, por la resurrección de tu Hijo. Gracias por la herencia que no se marchita, guardada en los cielos, y por guardarnos a nosotros con tu poder. Gracias porque una fe probada vale más que el oro. Y gracias por llamarnos tuyos mientras hacemos este viaje. Enséñanos a vivir con la mente lista y el corazón puesto en ti. Amén.