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Trabajo y vocación

El plan de la casa de Dios y una promesa para quien la construye

Lectura · 1 Crónicas 28:13-21

13También para los órdenes de los sacerdotes y de los Levitas, y para toda la obra del ministerio de la casa de Jehová, y para todos los vasos del ministerio de la casa de Jehová.

14Y dió oro por peso para lo de oro, para todos los vasos de cada servicio: y plata por peso para todos los vasos, para todos los vasos de cada servicio.

15Oro por peso para los candeleros de oro, y para sus candilejas; por peso el oro para cada candelero y sus candilejas: y para los candeleros de plata, plata por peso para el candelero y sus candilejas, conforme al servicio de cada candelero.

16Asimismo dió oro por peso para las mesas de la proposición, para cada mesa: del mismo modo plata para las mesas de plata:

17También oro puro para los garfios y para las palanganas, y para los incensarios, y para los tazones de oro, para cada tazón por peso; y para los tazones de plata, por peso para cada tazón:

18Además, oro puro por peso para el altar del perfume, y para el á manera de carro de los querubines de oro, que con las alas extendidas cubrían el arca del pacto de Jehová.

19Todas estas cosas, dijo David, se me han representado por la mano de Jehová que me hizo entender todas las obras del diseño.

20Dijo más David á Salomón su hijo: Anímate y esfuérzate, y ponlo por obra; no temas, ni desmayes, porque el Dios Jehová, mi Dios, será contigo: él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra para el servicio de la casa de Jehová.

21He aquí los órdenes de los sacerdotes y de los Levitas, para todo el ministerio de la casa de Dios, serán contigo en toda la obra: asimismo todos los voluntarios é inteligentes para cualquiera especie de industria; y los príncipes, y todo el pueblo para ejecutar todas tus órdenes.

1 Crónicas 28:13-21

Candeleros, mesas, garfios, palanganas, tazones. A primera vista este pasaje parece un inventario, y es fácil saltárselo. Pero mira cómo está armado: cada pieza tiene su peso de oro o de plata, medido de antemano. David le entrega a su hijo Salomón el plan de la casa de Jehová: los turnos de sacerdotes y levitas, el servicio del templo y sus utensilios. Aquí los detalles cuentan porque la casa es de Dios.

David no habla en general: hay «oro por peso para lo de oro», y cada candelero, mesa y tazón tiene su cantidad medida, para que ninguno quedara más pobre que el plan. Al final aparece «oro puro por peso para el altar del perfume» y para el carro de los querubines de oro, con las alas extendidas sobre el arca del pacto.

¿De dónde salió ese plan? David lo dice con claridad: «se me han representado por la mano de Jehová que me hizo entender todas las obras del diseño». No lo inventó él, ni lo ideó Salomón. Dios mismo le mostró lo que quería. De ahí nace el cuidado que se ve en todo el pasaje: no es el perfeccionismo de un rey, es la respuesta a un plan recibido. Así es Dios: no espera que adivinemos cómo acercarnos, nos muestra el camino, y a nosotros nos toca recibirlo con humildad.

Junto con los planos, David le da a su hijo algo que ninguna balanza puede pesar: ánimo. «Anímate y esfuérzate, y ponlo por obra; no temas, ni desmayes». Y le explica por qué puede hacerlo: «será contigo: él no te dejará, ni te desamparará, hasta que acabes toda la obra». Fíjate en que dice mi Dios. David no habla de oídas. Caminó con él y le pasa a su hijo lo que comprobó. Así se hereda la fe: no con instrucciones, sino con la voz de quien dice: yo estuve en esto, y él estuvo conmigo.

Y Salomón no estará solo. David enumera a quienes irán con él: sacerdotes, levitas, «todos los voluntarios é inteligentes para cualquiera especie de industria», príncipes y pueblo. Piensa ahora en la obra que a ti se te hace grande: la familia que criar, el trabajo que sostener, la comunidad que servir. A veces sentimos que la cargamos solos, cuando Dios ya puso a nuestro lado a alguien con las manos justas. A veces solo falta pedir.

Aquel templo era una señal de algo más grande. Lo que anunciaba, Dios habitando entre su pueblo, llega a su plenitud en Cristo, el verdadero templo, y en la iglesia que él levanta conforme a un plan trazado con sabiduría antes de que existiéramos. Como el plan vino de Dios, servir no es ganarse un lugar: en Cristo Dios ya habita con nosotros, y aun así nos invita a poner las manos. Si hoy te sientes pequeño ante una obra grande, recuerda lo que David le dijo a su hijo: no estás solo.

Para vivirlo hoy

Elige una tarea de esta semana, del trabajo, de la casa o de la iglesia, y antes de empezarla pregúntale a Dios cómo quiere que se haga. No se trata de que salga perfecta, sino de trabajar con atención, sabiendo que el plan de fondo es suyo. Después piensa en la obra que hoy te queda grande y nombra a una persona a quien puedes pedirle ayuda concreta. Pídesela sin vergüenza.

Para meditar

  • ¿Qué tarea de mi semana puedo hacer con atención y sin ansiedad, sabiendo que el plan de fondo es de Dios?
  • ¿Estoy tratando de levantar algo con mis propios planes sin haberle preguntado antes a Dios cómo quiere que se haga?
  • ¿Quiénes son los que Dios ha puesto a mi lado para esta obra, y a quién estoy dejando fuera por orgullo o por miedo a molestar?

Oración

«No te dejará, ni te desamparará». Eso le dijo David a su hijo, Dios de mis padres, y hoy quiero creérmelo yo. Tú diste el plan de tu casa y no dejaste a nadie construyendo a ciegas; dame humildad para preguntarte antes de seguir mis ideas. Pon a mi lado gente dispuesta y capaz para la obra que me queda grande, y hazme sencillo para aceptar su ayuda. Que trabaje con atención y sin miedo a fallar, porque el lugar que ocupo en tu casa no lo gané con mis manos. Amén.

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