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La iglesia

Doscientos ochenta y ocho nombres para una sola alabanza

Lectura · 1 Crónicas 25:1-22

1ASIMISMO David y los príncipes del ejército apartaron para el ministerio á los hijos de Asaph, y de Hemán, y de Jeduthún, los cuales profetizasen con arpas, salterios, y címbalos: y el número de ellos fué, de hombres idóneos para la obra de su ministerio respectivo:

2De los hijos de Asaph: Zachûr, José, Methanías, y Asareela, hijos de Asaph, bajo la dirección de Asaph, el cual profetizaba á la orden del rey.

3De Jeduthún: los hijos de Jeduthún, Gedalías, Sesi, Jesaías, Hasabías, y Mathithías, y Simi: seis, bajo la mano de su padre Jeduthún, el cual profetizaba con arpa, para celebrar y alabar á Jehová.

4De Hemán: los hijos de Hemán, Buccia, Mathanía, Uzziel, Sebuel, Jerimoth, Hananías, Hanani, Eliatha, Gidalthi, Romamti-ezer, Josbecasa, Mallothi, Othir, y Mahazioth.

5Todos estos fueron hijos de Hemán, vidente del rey en palabras de Dios, para ensalzar el poder suyo: y dió Dios á Hemán catorce hijos y tres hijas.

6Y todos estos estaban bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová, con címbalos, salterios y arpas, para el ministerio del templo de Dios, por disposición del rey acerca de Asaph, de Jeduthún, y de Hemán.

7Y el número de ellos con sus hermanos instruídos en música de Jehová, todos los aptos, fué doscientos ochenta y ocho.

8Y echaron suertes para los turnos del servicio, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo.

9Y la primera suerte salió por Asaph, á José: la segunda á Gedalías, quien con sus hermanos é hijos fueron doce;

10La tercera á Zachûr, con sus hijos y sus hermanos, doce;

11La cuarta á Isri, con sus hijos y sus hermanos, doce;

12La quinta á Nethanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

13La sexta á Buccia, con sus hijos y sus hermanos, doce;

14La séptima á Jesarela, con sus hijos y sus hermanos, doce;

15La octava á Jesahías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

16La nona á Mathanías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

17La décima á Simi, con sus hijos y sus hermanos, doce;

18La undécima á Azareel, con sus hijos y sus hermanos, doce;

19La duodécima á Hasabías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

20La décimatercia á Subael, con sus hijos y sus hermanos, doce;

21La décimacuarta á Mathithías, con sus hijos y sus hermanos, doce;

22La décimaquinta á Jerimoth, con sus hijos y sus hermanos, doce;

1 Crónicas 25:1-22

Dios recibe la alabanza de todo su pueblo, y no solo la de unos pocos con talento. Eso muestra esta lista, que a primera vista parece solo nombres y números. David y los jefes del ejército apartan a los hijos de Asaph, de Hemán y de Jeduthún para el servicio de la música en la casa de Jehová, y el texto se toma el tiempo de decir cuántos eran: doscientos ochenta y ocho. Los cuenta, y los nombra.

Los tres hombres que encabezan tienen a sus hijos a su lado. De Jeduthún se dice que «profetizaba con arpa, para celebrar y alabar á Jehová». Profetizar suena solemne y lejano, y aquí se hace con un arpa y para alabar. Los hijos estaban «bajo la dirección de su padre en la música, en la casa de Jehová», y el texto los llama «instruídos en música de Jehová». No cantaban de cualquier manera: aprendían. Y la palabra «idóneos» quiere decir capaces, listos para la tarea.

Llega la hora de repartir los turnos, y aquí está lo más llamativo: «Y echaron suertes para los turnos del servicio, entrando el pequeño con el grande, lo mismo el maestro que el discípulo». Ninguno recibe ventaja por ser mayor o más famoso. Después vienen los turnos, uno tras otro, y en casi todos se repite «con sus hijos y sus hermanos, doce». Son líneas casi iguales, sin adornos, como si cada lugar valiera lo mismo que el anterior.

Hoy la alabanza de una comunidad también se sostiene con muchos nombres: quien llega temprano a acomodar las sillas, quien prepara la pantalla, quien apenas está aprendiendo un acorde. Y el pasaje muestra cómo se transmite: los hijos aprenden bajo la mano de su padre. Lo que uno recibió de otros, lo pasa a los que vienen. Una manera de leerlo: que estos nombres estén escritos dice que Dios no se olvida de quienes sirven en lo pequeño.

Los cristianos creemos que en Cristo esta casa se ensancha: el pueblo que alaba ya no es una familia de músicos, sino todos los que le pertenecen, sin importar su edad ni su talento. Y a Jesús, a quien sus discípulos llamaban Maestro, lo vemos ceñirse una toalla y lavarles los pies. Ahí se ve quién reúne a su pueblo: un Maestro que sirve.

Piensa en un arpa con muchas cuerdas. Una sola, tensada entre dos maderas, casi no se oye; junto a las otras hace música. Así es cada nombre de esta lista: ninguno es el arpa entera, y sin embargo la música no sería la misma sin él. Y así, cuando tu iglesia canta un domingo, tu voz, aunque sea la más pequeña, es una cuerda más.

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien de tu iglesia o de tu comunidad que sirve sin que casi nadie lo note: quien abre la puerta, prepara el café, cuida a los niños o toca un instrumento. Hoy escríbele o díselo en persona, por su nombre, una cosa concreta que agradeces de su servicio. Una sola frase basta.

Para meditar

  • ¿Quiénes sirven en silencio en mi comunidad, y cómo puedo dejarles saber que su trabajo se ve y se agradece?
  • ¿De quién aprendí a alabar a Dios, y a quién podría acompañar yo en ese camino?
  • ¿Qué cambia en mi manera de servir si recuerdo que, delante de Dios, el pequeño entra junto con el grande?

Oración

Jesús, tú eres el Maestro que se puso una toalla para servir a sus discípulos, y en tu casa el pequeño entra con el grande. Gracias por los nombres que nadie aplaude y que aun así tú conoces. Enséñame a servir en el lugar que me toca, sin compararme con quien canta más fuerte o sabe más. Ayúdame a pasar con paciencia lo que otros me enseñaron, y a ver a cada persona de mi comunidad como parte de la misma música. Que mi voz, pequeña o grande, sume para ti. Amén.

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