Arrepentimiento y restauración
Asa escucha al profeta y vuelve a poner en orden la casa de Dios
Lectura · 2 Crónicas 15:1-17
1Y FUÉ el espíritu de Dios sobre Azarías hijo de Obed;
2Y salió al encuentro á Asa, y díjole: Oidme, Asa, y todo Judá y Benjamín: Jehová es con vosotros, si vosotros fuereis con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará.
3Muchos días ha estado Israel sin verdadero Dios y sin sacerdote, y sin enseñador y sin ley:
4Mas cuando en su tribulación se convirtieron á Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fué hallado de ellos.
5En aquellos tiempos no hubo paz, ni para el que entraba, ni para el que salía, sino muchas aflicciones sobre todos los habitadores de las tierras.
6Y la una gente destruía á la otra, y una ciudad á otra ciudad: porque Dios los conturbó con todas calamidades.
7Esforzaos empero vosotros, y no desfallezcan vuestras manos; que salario hay para vuestra obra.
8Y como oyó Asa las palabras y profecía de Obed profeta, fué confortado, y quitó las abominaciones de toda la tierra de Judá y de Benjamín, y de las ciudades que él había tomado en el monte de Ephraim; y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico de Jehová.
9Después hizo juntar á todo Judá y Benjamín, y con ellos los extranjeros de Ephraim, y de Manasés, y de Simeón: porque muchos de Israel se habían pasado á él, viendo que Jehová su Dios era con él.
10Juntáronse pues en Jerusalem en el mes tercero del año décimoquinto del reinado de Asa.
11Y en aquel mismo día sacrificaron á Jehová, de los despojos que habían traído, setecientos bueyes y siete mil ovejas.
12Y entraron en concierto de que buscarían á Jehová el Dios de sus padres, de todo su corazón y de toda su alma;
13Y que cualquiera que no buscase á Jehová el Dios de Israel, muriese, grande ó pequeño, hombre ó mujer.
14Y juraron á Jehová con gran voz y júbilo, á son de trompetas y de bocinas:
15Del cual juramento todos los de Judá se alegraron; porque de todo su corazón lo juraban, y de toda su voluntad lo buscaban: y fué hallado de ellos; y dióles Jehová reposo de todas partes.
16Y aun á Maachâ madre del rey Asa, él mismo la depuso de su dignidad, porque había hecho un ídolo en el bosque: y Asa deshizo su ídolo, y lo desmenuzó, y quemó en el torrente de Cedrón.
17Mas con todo eso los altos no eran quitados de Israel, aunque el corazón de Asa fué perfecto mientras vivió.
El espíritu de Dios vino sobre Azarías, hijo de Obed, y este salió al encuentro del rey Asa con una voz que llamaba a todos: «Oidme, Asa, y todo Judá y Benjamín». Lo que sigue cabe en una frase: «Jehová es con vosotros, si vosotros fuereis con él: y si le buscareis, será hallado de vosotros; mas si le dejareis, él también os dejará». Hoy lo diríamos así: si ustedes caminan con Dios, él camina con ustedes; si lo buscan, se deja encontrar; si lo dejan, él también los dejará.
El profeta recuerda tiempos largos sin verdadero Dios, sin sacerdote que enseñara y sin ley, tiempos sin paz ni para el que entraba ni para el que salía. Y luego la otra cara: «Mas cuando en su tribulación se convirtieron á Jehová Dios de Israel, y le buscaron, él fué hallado de ellos». Termina con un ánimo: «y no desfallezcan vuestras manos; que salario hay para vuestra obra». Es decir, no se les caigan los brazos, porque este trabajo tendrá su recompensa.
Al oírlo, Asa fue animado. Quitó las abominaciones de Judá y de Benjamín y de las ciudades que había tomado en la sierra de Efraín, y reparó el altar de Jehová que estaba delante del pórtico. Después reunió a todo Judá y Benjamín, y a los extranjeros de Efraín, Manasés y Simeón que se habían pasado a su lado porque veían que Jehová su Dios estaba con él. Ese mismo día sacrificaron setecientos bueyes y siete mil ovejas de los despojos.
Entraron en un pacto: buscarían a Jehová «de todo su corazón y de toda su alma». Y el texto dice algo duro: que quien no buscara a Jehová muriera, grande o pequeño, hombre o mujer. No conviene suavizarlo. Era la ley de un pueblo bajo pacto, donde dejar a Dios por otros dioses rompía ese pacto por entero, pues Dios no quería ser uno más entre muchos. Quien sigue a Jesús no lo lee como permiso para forzar a nadie: el juramento de aquel día se hizo «con gran voz y júbilo».
Lo que el pasaje muestra de Dios es sencillo y hondo: se deja encontrar. «Fué hallado de ellos», repite, y les dio reposo de todas partes, un regalo para un pueblo que volvió, no una fórmula. Quien sigue a Jesús cree que Dios fue aún más lejos y salió a buscarnos. Pero también cuesta: Asa quitó de su dignidad a Maachá, su propia madre, por un ídolo, y lo quemó. Y el texto termina sin adornos: los lugares altos siguieron en pie, «aunque el corazón de Asa fué perfecto mientras vivió», hoy diríamos entero.
Hoy no hace falta arreglarlo todo; Asa tampoco lo hizo, y aun así el texto habla de un corazón entero. Nadie te pide terminar la obra en una tarde. Basta un paso pequeño: en algún momento del día, dile a Dios en voz alta y en una sola frase lo que quieres volver a poner en su lugar, y pídele su ayuda para empezar.
Para vivirlo hoy
Elige un rincón de tu casa, de tu escritorio o de tu teléfono que se haya llenado de cosas que ya no te sirven, y suelta una sola: sácala de ahí, regálala o bórrala. Que ese pequeño espacio libre sea tu manera de decir que hay lugar para Dios en tu día.
Para meditar
- ¿Qué cosa has ido dejando para después porque cuesta tocarla, y cuál sería el primer paso posible?
- ¿Qué te dice que Dios se deje encontrar por quien lo busca, cuando el ánimo está bajo o las manos están cansadas?
- ¿Quién cerca de ti te ha animado como Azarías a Asa, y cómo podrías agradecérselo hoy?
Oración
¡Qué grande es que te dejes encontrar por quien te busca de todo corazón! Gracias porque enviaste a Azarías al encuentro de Asa con palabras que lo animaron, y porque hoy también me hablas cuando lo necesito. Ayúdame a quitar lo que ocupa tu lugar en mi vida, aunque cueste, como Asa no dejó en pie ni el ídolo de su propia madre. Y donde quede algo por arreglar, dame un corazón entero hacia ti. Que mis manos no desfallezcan y que mi alegría, como la de aquel pueblo, sea verdadera. Amén.