Saltar al contenido

Jesús, el Salvador

El grano que cae y la voz que sonó a trueno

Lectura · Juan 12:22-42

22Vino Felipe, y díjolo á Andrés: Andrés entonces, y Felipe, lo dicen á Jesús.

23Entonces Jesús les respondió, diciendo: La hora viene en que el Hijo del hombre ha de ser glorificado.

24De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva.

25El que ama su vida, la perderá; y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

26Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.

27Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora. Mas por esto he venido en esta hora.

28Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez.

29Y la gente que estaba presente, y había oído, decía que había sido trueno. Otros decían: Angel le ha hablado.

30Respondió Jesús, y dijo: No ha venido esta voz por mi causa, mas por causa de vosotros.

31Ahora es el juicio de este mundo: ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

32Y yo, si fuere levantado de la tierra, á todos traeré á mí mismo.

33Y esto decía dando á entender de qué muerte había de morir.

34Respondióle la gente: Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre: ¿cómo pues dices tú: Conviene que el Hijo del hombre sea levantado? ¿Quién es este Hijo del hombre?

35Entonces Jesús les dice: Aun por un poco estará la luz entre vosotros: andad entre tanto que tenéis luz, porque no os sorprendan las tinieblas; porque el que anda en tinieblas, no sabe dónde va.

36Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz. Estas cosas habló Jesús, y fuése, y escondióse de ellos.

37Empero habiendo hecho delante de ellos tantas señales, no creían en él.

38Para que se cumpliese el dicho que dijo el profeta Isaías: ¿Señor, quién ha creído á nuestro dicho? ¿y el brazo del Señor, á quién es revelado?

39Por esto no podían creer, porque otra vez dijo Isaías:

40Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón; porque no vean con los ojos, y entiendan de corazón, y se conviertan, y yo los sane.

41Estas cosas dijo Isaías cuando vió su gloria, y habló de él.

42Con todo eso, aun de los príncipes, muchos creyeron en él; mas por causa de los Fariseos no lo confesaban, por no ser echados de la sinagoga.

Juan 12:22-42

Unos oyeron un trueno; otros, a un ángel. Así recoge Juan lo que entendió la gente cuando sonó una voz desde el cielo: unos decían que «había sido trueno», y otros, que un ángel le había hablado. Quizá cada uno la entendió según lo que ya conocía. Jesús no discute quién tenía razón: aclara que esa voz no vino por causa suya, sino por causa de ellos, para que la oyeran. Para saber qué respondía, hay que volver al comienzo de la escena.

Todo empieza con un recado que pasa de mano en mano: Felipe se lo dice a Andrés, y entre los dos se lo dicen a Jesús. Él responde que ha llegado la hora en que el Hijo del hombre será glorificado, y la explica con una imagen de campo: «si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, él solo queda; mas si muriere, mucho fruto lleva». Guardado, el grano se queda solo; sembrado, da fruto. Jesús habla así de su propia hora.

Enseguida habla de quienes lo siguen: quien se aferra a su vida la pierde, y quien no se aferra a ella en este mundo la guarda para la vida eterna. Y añade una invitación: «Si alguno me sirve, sígame: y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor». Servir a Jesús es ir detrás de él, y quien lo sirve estará donde él está, honrado por el Padre. Es como si el grano no cayera solo: quien sirve a Jesús va con él.

Entonces Jesús dice lo que le pesa: «Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? Padre, sálvame de esta hora». No lo esconde, aunque sabe que ha venido justamente para esta hora. Pide entonces que el Padre glorifique su nombre, y la respuesta baja del cielo: «Y lo he glorificado, y lo glorificaré otra vez». Ahí estaba la voz que unos oyeron como trueno. El Padre responde a un Hijo con el alma turbada; no le quita la hora, pero le responde.

Jesús anuncia también cómo será esa hora: levantado de la tierra, atraerá a todos hacia sí. Juan explica que así daba a entender de qué muerte iba a morir: la cruz, un castigo cruel de aquel tiempo. Cuando la gente pregunta quién es este Hijo del hombre, él no responde con un título. Ofrece luz mientras la tienen: «creed en la luz, para que seáis hijos de luz». Después se fue y se escondió de ellos.

Tras tantas señales, no creían en él. Juan añade que no podían creer, y cita a Isaías: «Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón». Ese rechazo no tomó a Dios por sorpresa: ya estaba anunciado. Y la puerta no queda cerrada: «aun de los príncipes, muchos creyeron en él», aunque jefes del pueblo callaban su fe por temor a ser echados de la sinagoga. Hoy se parece a callar la fe en la oficina o entre amistades por no perder un lugar. Jesús sabe lo que cuesta: su alma estuvo turbada. ¿Qué pequeño paso de fe podrías dar hoy, sabiendo que él conoce ese costo?

Para vivirlo hoy

Durante tres mañanas, antes de mirar el teléfono o de repasar la lista de tareas, lee despacio Juan 12:35-36, dos versículos con palabras de Jesús sobre la luz. Después ora en voz baja pidiendo que el Padre glorifique su nombre, y quédate medio minuto en silencio. Nada más: que esa sea la primera cosa del día.

Para meditar

  • ¿Qué frase de Jesús en este pasaje me gustaría leer hoy con más calma, y qué me dice a mí?
  • ¿Qué necesito confiar hoy a Jesús, como quien siembra un grano, para que dé fruto a su tiempo?
  • ¿En qué lugares me cuesta más decir en voz alta que creo en Jesús, y qué temo perder allí?

Oración

¡Qué asombroso es que un solo grano de trigo, caído en la tierra, lleve mucho fruto! Padre, tu Hijo fue hacia su hora con el alma turbada, y tú le respondiste desde el cielo. Dame calma para leer sus palabras y luz para andar mientras la tengo. Cuando me dé temor decir que creo en Jesús, en casa, en el trabajo o entre amistades, recuérdame que él conoce ese costo. Que yo esté donde está tu Hijo, sirviéndole. Amén.

WhatsApp