Valor y perseverancia
Cuando llegan ofertas de ayuda y voces que quitan ánimo
Lectura · Esdras 4:1-14
1Y OYENDO los enemigos de Judá y de Benjamín, que los venidos de la cautividad edificaban el templo de Jehová Dios de Israel,
2Llegáronse á Zorobabel, y á los cabezas de los padres, y dijéronles: Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscaremos á vuestro Dios, y á él sacrificamos desde los días de Esar-haddón rey de Asiria, que nos hizo subir aquí.
3Y díjoles Zorobabel, y Jesuá, y los demás cabezas de los padres de Israel: No nos conviene edificar con vosotros casa á nuestro Dios, sino que nosotros solos la edificaremos á Jehová Dios de Israel, como nos mandó el rey Ciro, rey de Persia.
4Mas el pueblo de la tierra debilitaba las manos del pueblo de Judá, y los arredraban de edificar.
5Cohecharon además contra ellos consejeros para disipar su consejo, todo el tiempo de Ciro rey de Persia, y hasta el reinado de Darío rey de Persia.
6Y en el reinado de Assuero, en el principio de su reinado, escribieron acusaciones contra los moradores de Judá y de Jerusalem.
7Y en días de Artajerjes, Bislam, Mitrídates, Tabeel, y los demás sus compañeros, escribieron á Artajerjes rey de Persia; y la escritura de la carta estaba hecha en siriaco, y declarada en siriaco.
8Rehum canciller, y Simsai secretario, escribieron una carta contra Jerusalem al rey Artajerjes, como se sigue.
9Entonces Rehum canciller, y Simsai secretario, y los demás sus compañeros, los Dineos, y los Apharsathachêos, Thepharleos, Apharseos, los Erchûeos, los Babilonios, Susanchêos, Dieveos, y Elamitas;
10Y los demás pueblos que el grande y glorioso Asnappar trasportó, é hizo habitar en las ciudades de Samaria, y los demás de la otra parte del río, etcétera, escribieron.
11Este es el traslado de la carta que enviaron: Al rey Artajerjes: Tus siervos de la otra parte del río, etcétera.
12Sea notorio al rey, que los Judíos que subieron de ti á nosotros, vinieron á Jerusalem; y edifican la ciudad rebelde y mala, y han erigido los muros; y compuesto los fundamentos.
13Ahora, notorio sea al rey, que si aquella ciudad fuere reedificada, y los muros fueren establecidos, el tributo, pecho, y rentas no darán, y el catastro de lo reyes será menoscabado.
14Ya pues que estamos mantenidos de palacio, no nos es justo ver el menosprecio del rey: hemos enviado por tanto, y hécholo saber al rey,
¿Qué se responde cuando alguien ofrece ayuda con muy buenas palabras y esa ayuda no encaja con lo que Dios encargó? Esdras 4 abre esa pregunta. No la responde con teorías, sino con una escena: unos que quieren sumarse, unos que dicen que no, y una respuesta corta que se apoya en lo que ya se les había mandado. El resto del pasaje cuenta lo que vino después, y no fue fácil.
Los que habían vuelto del cautiverio estaban edificando el templo de Jehová Dios de Israel. Al oírlo, «los enemigos de Judá y de Benjamín» se acercaron con una oferta amable: «Edificaremos con vosotros, porque como vosotros buscaremos á vuestro Dios». Suena a colaboración y a fe compartida. Zorobabel, Jesúa y los demás cabezas de las familias contestaron con claridad: la casa la edificarían ellos solos, «como nos mandó el rey Ciro». Hoy esa respuesta puede sonarnos seca. El texto no da más razones que la orden recibida.
Aquella negativa tuvo un costo. El pueblo de la tierra «debilitaba las manos del pueblo de Judá, y los arredraban de edificar». Arredrar quiere decir hacer retroceder por miedo. Además pagaron a consejeros, dice el texto que los «cohecharon», es decir, los sobornaron, para deshacer los planes, y eso duró todo el tiempo de Ciro y hasta el reinado de Darío. Años de desgaste: manos que se cansan y planes que se enredan.
Luego llegan otros reinados y otras armas: papel y tinta. Bajo Asuero escriben acusaciones contra los habitantes de Judá y de Jerusalem. Bajo Artajerjes, Rehum, el canciller, y Simsai, el secretario, junto con gente de muchos pueblos, escriben una carta contra la ciudad. Dicen que los judíos edifican «la ciudad rebelde y mala» y que, si se levantan sus muros, el tributo dejará de llegar. Y se presentan como leales: «no nos es justo ver el menosprecio del rey».
Aquí el texto no dice que Dios intervenga; deja la obra frenada y la carta en camino. Quien lee con fe sabe que la historia no termina en este capítulo, y hay algo honesto en que el relato cuente todo, con nombres y con reinados, sin prometer caminos fáciles. Hoy la obra puede ser un hogar, un trabajo, un servicio en la iglesia. También llegan ofertas de ayuda que no encajan y voces que quitan ánimo. Este pasaje no da una regla para cerrar puertas, sino un ejemplo de claridad sobre lo encargado.
Jesús también fue acusado ante una autoridad con palabras que sonaban a lealtad al poder, y la obra que vino a hacer se cumplió. Por eso el freno de un capítulo no es el final de la historia de Dios con los suyos. Hoy, antes de responder a una oferta, a una crítica o a una preocupación, respira despacio y ponla delante de Dios durante un minuto.
Para vivirlo hoy
Piensa en una persona de tu vida que esté levantando algo cansador: un estudio, un negocio, la crianza de sus hijos, un proceso de recuperación. Escríbele hoy o llámale y dile algo concreto que has visto de bueno en su esfuerzo, sin consejos ni comparaciones. Con esas palabras, sus manos no se debilitan: se sostienen.
Para meditar
- ¿Qué te ayuda a distinguir una ayuda que suma de otra que te desvía de lo que Dios te encargó?
- ¿Qué manos a tu alrededor están cansadas, y qué palabra concreta podrías decirles?
- ¿Cómo cambia tu manera de vivir un freno saber que aquí la obra quedó detenida, pero la historia no terminó ahí?
Oración
«La edificaremos á Jehová Dios de Israel». Que esa sea también la dirección de lo que yo levante: mi casa, mi trabajo, mis días. Dame claridad para distinguir tu encargo de las voces que suenan bien pero desvían, y cuidado para responder sin herir. Sostén mis manos cuando alguien las debilite, y úsame para sostener las de otros. Gracias porque aun cuando la obra se frena, tú sigues siendo el mismo Dios. Amén.