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Obediencia

El asna vio la espada antes que su dueño

Lectura · Números 22:19-35

19Ruégoos por tanto ahora, que reposéis aquí esta noche, para que yo sepa qué me vuelve á decir Jehová.

20Y vino Dios á Balaam de noche, y díjole: Si vinieren á llamarte hombres, levántate y ve con ellos: empero harás lo que yo te dijere.

21Así Balaam se levantó por la mañana, y cinchó su asna, y fué con los príncipes de Moab.

22Y el furor de Dios se encendió porque él iba; y el ángel de Jehová se puso en el camino por adversario suyo. Iba, pues, él montado sobre su asna, y con él dos mozos suyos.

23Y el asna vió al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano; y apartóse el asna del camino, é iba por el campo. Entonces hirió Balaam al asna para hacerla volver al camino.

24Mas el ángel de Jehová se puso en una senda de viñas que tenía pared de una parte y pared de otra.

25Y viendo el asna al ángel de Jehová, pegóse á la pared, y apretó contra la pared el pie de Balaam: y él volvió á herirla.

26Y el ángel de Jehová pasó más allá, y púsose en una angostura, donde no había camino para apartarse ni á diestra ni á siniestra.

27Y viendo el asna al ángel de Jehová, echóse debajo de Balaam: y enojóse Balaam, é hirió al asna con el palo.

28Entonces Jehová abrió la boca al asna, la cual dijo á Balaam: ¿Qué te he hecho, que me has herido estas tres veces?

29Y Balaam respondió al asna: Porque te has burlado de mí: ¡ojalá tuviera espada en mi mano, que ahora te mataría!

30Y el asna dijo á Balaam: ¿No soy yo tu asna? sobre mí has cabalgado desde que tú me tienes hasta este día; ¿he acostumbrado á hacerlo así contigo? Y él respondió: No.

31Entonces Jehová abrió los ojos á Balaam, y vió al ángel de Jehová que estaba en el camino, y tenía su espada desnuda en su mano. Y Balaam hizo reverencia, é inclinóse sobre su rostro.

32Y el ángel de Jehová le dijo: ¿Por qué has herido tu asna estas tres veces? he aquí yo he salido para contrarrestarte, porque tu camino es perverso delante de mí:

33El asna me ha visto, y hase apartado luego de delante de mí estas tres veces: y si de mí no se hubiera apartado, yo también ahora te mataría á ti, y á ella dejaría viva.

34Entonces Balaam dijo al ángel de Jehová: He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino: mas ahora, si te parece mal, yo me volveré.

35Y el ángel de Jehová dijo á Balaam: Ve con esos hombres: empero la palabra que yo te dijere, esa hablarás. Así Balaam fué con los príncipes de Balac.

Números 22:19-35

«Y el asna vió al ángel de Jehová, que estaba en el camino con su espada desnuda en su mano». Así, sin ruido, comienza la parte más extraña de la escena. El asna es la burra en que viajaba Balaam, y solo ella ve lo que hay delante. La espada, sin funda y a la vista, ya estaba allí; el hombre montado en el animal iba con los príncipes de Moab sin verla.

Balaam había pedido a los príncipes que pasaran la noche allí, para saber qué le decía Jehová. Dios vino de noche y le dijo que, si los hombres venían a llamarlo, fuera con ellos, con una condición: «harás lo que yo te dijere». En el camino, «el furor de Dios se encendió porque él iba», y el ángel se puso en su camino como adversario. Tres veces el asna lo esquiva: se desvía al campo, aprieta el pie de Balaam contra una pared, se echa debajo de él donde no hay por dónde pasar. Y tres veces él la golpea.

Entonces Jehová abrió la boca al asna, y esta le preguntó qué le había hecho para que la hubiera herido tres veces. Balaam le respondió, enojado, que ojalá tuviera una espada para matarla. Ella le recordó que era su asna, que lo había llevado siempre y que no tenía costumbre de hacerle eso. Balaam contestó con una sola palabra: No.

Solo entonces «Jehová abrió los ojos á Balaam, y vió al ángel de Jehová». Balaam se inclinó sobre su rostro, y el ángel le dijo que había salido a detenerlo, porque «tu camino es perverso delante de mí». Y añadió algo duro: «yo también ahora te mataría á ti, y á ella dejaría viva». El asna, al apartarse, lo había salvado. Balaam dijo: «He pecado, que no sabía que tú te ponías delante de mí en el camino», y se ofreció a volverse si a Dios le parecía mal.

Le pasa a cualquiera que quiere seguir adelante y algo lo detiene. No todo tropiezo es un ángel con espada: a veces una puerta cerrada es solo una puerta cerrada, y hay frenos, como el maltrato o el control, que nadie tiene por qué agradecer. Pero si al chocar con algo reaccionamos golpeando lo que estorba, conviene hacer una pausa. Quizá quien nos frena ve lo que aún no vemos, y preguntar con calma si vamos por buen camino puede ahorrar mucho daño.

Al final, el ángel repite lo que Dios había dicho al comienzo: «la palabra que yo te dijere, esa hablarás». Jehová es quien abre los ojos y quien abre la boca de un animal; es quien detiene con su espada al que va por mal camino y quien tiene la última palabra sobre lo que se dice en su nombre.

Para vivirlo hoy

Recuerda una situación reciente en la que algo o alguien te frenó. Escribe en una hoja qué pasó y pregúntale a Dios, con calma, si tu camino era bueno. Si al pensarlo ves que ese freno te cuidaba, dale gracias; si no lo ves, no hace falta que lo fuerces. No toda oposición viene de Dios, y nadie tiene que agradecer maltrato o control.

Para meditar

  • ¿Qué freno o qué demora de tu vida recibiste con enojo, y qué pasaría si le preguntaras a Dios con calma si tu camino era bueno?
  • ¿Qué te ayudaría a escuchar con más calma a alguien de confianza que te aconseja detenerte?
  • ¿En qué parte de tu vida le pedirías hoy a Dios que te abra los ojos, como se los abrió a Balaam?

Oración

Ábreme los ojos, Dios mío, para ver lo que tú ves en mi camino, sobre todo cuando algo me frena y me enoja. Perdóname si he golpeado a quien quizá intentaba cuidarme. Dame la sencillez de reconocer mi error cuando me equivoque, y la disposición de volverme si mi rumbo te desagrada. Que las palabras que salgan de mi boca sean las que tú me des. Gracias porque tú ves el camino entero, aun cuando yo solo veo una parte. Amén.

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