Verdad e integridad
Doce escogidos, y uno de ellos lo iba a entregar
Lectura · Juan 6:70-71
70Jesús le respondió: ¿No he escogido yo á vosotros doce, y uno de vosotros es diablo?
71Y hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón, porque éste era el que le había de entregar, el cual era uno de los doce.
Los doce están con Jesús. Él mismo los escogió, y lo recuerda en voz alta antes de decir algo que nadie esperaría oír de su maestro: «uno de vosotros es diablo». El texto no describe gritos ni escándalo; solo trae la frase. Jesús responde a lo que se acaba de decir, y su respuesta empieza por la elección: esos doce están ahí porque él los llamó, sin excepciones. Lo que sigue es lo más difícil de leer.
Quien escribe el Evangelio añade una nota para que nadie se pierda: Jesús hablaba «de Judas Iscariote, hijo de Simón». Y explica el motivo: era el que le había de entregar, es decir, el que iba a ponerlo en manos de otros, y era «uno de los doce». Fíjate en lo que trae la frase: el nombre, el de su padre y su lugar en el grupo. No es un extraño ni alguien de fuera. Es alguien de dentro, con nombre y con puesto.
Lo primero que muestra el pasaje de Jesús es que conoce a las personas por dentro. Ninguna apariencia le oculta a nadie. Sabía quién era cada uno de los doce y habló con verdad. Lo segundo es que no borra lo que hizo: recuerda que los escogió a todos. El pasaje no explica por qué escogió a Judas, y no vamos a inventar una razón. Solo cuenta que fue escogido, que estuvo entre los doce y que Jesús lo sabía.
Es una frase dura y no conviene amortiguarla. Jesús usa la palabra «diablo» para hablar de uno de sus compañeros más cercanos. El texto no dice cómo ni por qué, y no hace falta inventarlo: basta ver que Jesús toma en serio que hay un mal real y que puede alcanzar incluso el círculo más próximo a él. El mal no está solo afuera. Y aun así, el que habla lo hace con claridad y sin adornos.
Cerca de Jesús también hoy hay de todo. Estar en la iglesia, saber las palabras correctas o llevar años en el grupo no es lo mismo que tener el corazón abierto delante de él. Esto no es una acusación, es una invitación a la honestidad. Y si alguna vez te falló alguien muy cercano, el pasaje trae algo más: Jesús sabe lo que es tener cerca a quien lo iba a entregar.
Nada de lo que hay en nosotros lo toma por sorpresa. Eso, más que asustar, puede dar descanso: no tenemos que sostener una imagen perfecta ante quien escogió a los doce sabiendo quiénes eran. Delante de él no hace falta fingir. Es como una fotografía de grupo donde, desde fuera, todos parecen iguales, y solo él ve lo que hay detrás de cada rostro.
Para vivirlo hoy
Toma cinco minutos y cuéntale a Jesús, con tus propias palabras, una cosa que sueles dejar sin mirar: una preocupación, una costumbre o un rencor. No hace falta resolverla hoy. Solo nómbrala delante de él, como quien abre una puerta que estaba cerrada, y quédate un momento en silencio.
Para meditar
- ¿Qué parte de mi vida sigo tratando de mantener lejos de la mirada de Jesús?
- ¿Qué cambia en mí saber que Jesús conoce por completo a los que llamó?
- ¿Cómo puedo acompañar esta semana a alguien a quien le falló una persona cercana?
Oración
Guárdame de acercarme a ti únicamente por fuera, con el corazón escondido. Jesús, tú escogiste a los doce y sabías quiénes eran; conóceme a mí también, y enséñame a no temer que me conozcas. Cuando alguien cercano me falle, recuérdame que tú conoces ese camino. Dame fidelidad en lo pequeño, en lo que nadie ve, y verdad en lo que digo y en lo que hago. Amén.