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Valor y perseverancia

Dios en medio, aunque avance poco a poco

Lectura · Deuteronomio 7:16-26

16Y consumirás á todos los pueblos que te da Jehová tu Dios: no los perdonará tu ojo; ni servirás á sus dioses, que te será tropiezo.

17Cuando dijeres en tu corazón: Estas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré desarraigar?;

18No tengas temor de ellos: acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto;

19De las grandes pruebas que vieron tus ojos, y de las señales y milagros, y de la mano fuerte y brazo extendido con que Jehová tu Dios te sacó: así hará Jehová tu Dios con todos los pueblos de cuya presencia tú temieres.

20Y también enviará Jehová tu Dios sobre ellos avispas, hasta que perezcan los que quedaren, y los que se hubieren escondido de delante de ti.

21No desmayes delante de ellos, que Jehová tu Dios está en medio de ti, Dios grande y terrible.

22Y Jehová tu Dios echará á estas gentes de delante de ti poco á poco: no las podrás acabar luego, porque las bestias del campo no se aumenten contra ti.

23Mas Jehová tu Dios las entregará delante de ti, y él las quebrantará con grande destrozo, hasta que sean destruídos.

24Y él entregará sus reyes en tu mano, y tú destruirás el nombre de ellos de debajo del cielo: nadie te hará frente hasta que los destruyas.

25Las esculturas de sus dioses quemarás en el fuego: no codiciarás plata ni oro de sobre ellas para tomarlo para ti, porque no tropieces en ello, pues es abominación á Jehová tu Dios;

26Y no meterás abominación en tu casa, porque no seas anatema como ello; del todo lo aborrecerás y lo abominarás; porque es anatema.

Deuteronomio 7:16-26

Una frase del pasaje merece atención: «poco á poco». Moisés dice que Jehová echará a aquellas gentes de delante de Israel de esa manera: paso a paso, no de un golpe. El texto da su razón: no se podrá acabar «luego», palabra que antes quería decir enseguida, para que las bestias del campo no se multipliquen contra el pueblo. Dios no promete aquí un triunfo de un día, sino un avance con medida.

Moisés prevé lo que el pueblo podría decirse por dentro: «Estas gentes son muchas más que yo, ¿cómo las podré desarraigar?» Desarraigar es arrancar de raíz. Él responde con un recuerdo antes que con un discurso: «acuérdate bien de lo que hizo Jehová tu Dios con Faraón y con todo Egipto». Aquel pueblo vio las pruebas grandes, las señales y los milagros con que fue sacado. Y el texto añade que así hará Jehová con todos los pueblos que ahora dan miedo.

Es un texto duro, y hay que leerlo entero. Habla de consumir pueblos, de que el ojo no los perdone, de enviar avispas hasta que perezcan aun los que se escondieron, de entregar sus reyes y borrar su nombre. Es guerra, dentro de un momento concreto de la historia de Israel al entrar en su tierra; no es una orden para nadie hoy. Lo que muestra de Dios es que entrega, que actúa a favor de su pueblo y que toma en serio la idolatría, porque aparta a los suyos de él: esos dioses serían para Israel un «tropiezo».

Esa sensación de que lo que viene es más grande que uno se conoce hoy: una enfermedad larga de alguien querido, un trabajo que pide más de lo que das, un hábito dañino que vuelve, una relación rota que no se arregla en una semana. Solemos pensar que, si algo no cambia de golpe, no cambiará nunca. En este pasaje Dios obra poco a poco sin dejar de estar presente. No es una promesa de que todo se arreglará a su ritmo, pero sí una invitación a no llamar fracaso a lo que avanza despacio.

Al final, Moisés se ocupa de la casa. Las esculturas de esos dioses se queman, y no se codicia la plata ni el oro que las cubren, «porque no tropieces en ello». Tampoco se mete en casa lo que Dios llama abominación, es decir, algo que le repugna. Lo que atrae puede atrapar. Lo que en aquella tierra eran esculturas, hoy puede ser cualquier cosa que ocupe el lugar de Dios en el corazón.

El motivo que Moisés da para no desmayar no es la fuerza del pueblo: «Jehová tu Dios está en medio de ti». Al lado de esa frase el texto pone un título, «Dios grande y terrible», y terrible aquí quiere decir que inspira asombro y respeto, no que sea malo. Esa cercanía llegó todavía más lejos en Jesús, que caminó entre nosotros. Este Dios no se ausenta de quienes avanzan poco a poco: está en medio de los suyos.

Para vivirlo hoy

Elige a una persona cercana que esté enfrentando algo largo y difícil. Escríbele esta semana y pregúntale cómo va, sin darle consejos ni plazos. Dile que no necesita avanzar de prisa para que sigas a su lado, y escucha con calma lo que responda.

Para meditar

  • ¿Qué te parece hoy más grande que tú, y cómo cambiaría tu manera de mirarlo saber que Dios está en medio de ti?
  • ¿Hay algo en tu vida que avanza despacio y que sueles llamar fracaso? ¿Qué cambiaría si lo miraras como un camino de a poco?
  • ¿Hay algo que te atrae y termina apartándote de Dios? ¿Qué harías con eso?

Oración

Dios que sacaste a Israel de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, gracias porque recordar lo que hiciste con Egipto nos sostiene cuando el miedo solo cuenta los números. Muchas de mis dificultades son más grandes que yo, y me desanimo cuando no cambian pronto. Quiero caminar poco a poco contigo, acordarme de lo que ya has hecho y dejar fuera de mi vida lo que ocupa tu lugar. Que mi paso lento no me haga dudar de tu presencia en medio de los tuyos. Amén.

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