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Fe y confianza

Amar a Dios todos los días, con la vista en el cielo

Lectura · Deuteronomio 11:1-17

1AMARÁS pues á Jehová tu Dios, y guardarás su ordenanza, y sus estatutos y sus derechos y sus mandamientos, todos los días.

2Y comprended hoy: porque no hablo con vuestros hijos que no han sabido ni visto el castigo de Jehová vuestro Dios, su grandeza, su mano fuerte, y su brazo extendido,

3Y sus señales, y sus obras que hizo en medio de Egipto á Faraón, rey de Egipto, y á toda su tierra;

4Y lo que hizo al ejército de Egipto, á sus caballos, y á sus carros; cómo hizo ondear las aguas del mar Bermejo sobre ellos, cuando venían tras vosotros, y Jehová los destruyó hasta hoy;

5Y lo que ha hecho con vosotros en el desierto, hasta que habéis llegado á este lugar;

6Y lo que hizo con Dathán y Abiram, hijos de Eliab hijo de Rubén; cómo abrió la tierra su boca, y tragóse á ellos y á sus casas, y sus tiendas, y toda la hacienda que tenían en pie en medio de todo Israel:

7Mas vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha ejecutado.

8Guardad, pues, todos los mandamientos que yo os prescribo hoy, para que seáis esforzados, y entréis y poseáis la tierra, á la cual pasáis para poseerla;

9Y para que os sean prolongados los días sobre la tierra, que juró Jehová á vuestros padres había de dar á ellos y á su simiente, tierra que fluye leche y miel.

10Que la tierra á la cual entras para poseerla, no es como la tierra de Egipto de donde habéis salido, donde sembrabas tu simiente, y regabas con tu pie, como huerto de hortaliza.

11La tierra á la cual pasáis para poseerla, es tierra de montes y de vegas; de la lluvia del cielo ha de beber las aguas;

12Tierra de la cual Jehová tu Dios cuida: siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin de él.

13Y será que, si obedeciereis cuidadosamente mis mandamientos que yo os prescribo hoy, amando á Jehová vuestro Dios, y sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma,

14Yo daré la lluvia de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite.

15Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y comerás, y te hartarás.

16Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y os apartéis, y sirváis á dioses ajenos, y os inclinéis á ellos;

17Y así se encienda el furor de Jehová sobre vosotros, y cierre los cielos, y no haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que os da Jehová.

Deuteronomio 11:1-17

¿Cómo se sostiene el amor a Dios cuando pasan los años y los días empiezan a parecerse unos a otros? Moisés abre este capítulo con una orden que abarca todo el calendario: «Amarás pues á Jehová tu Dios, y guardarás su ordenanza», es decir, lo que él ha encargado cuidar, «todos los días». No dice los días especiales. Dice todos. Amar y guardar van juntos, y enseguida el texto explica dónde se apoya ese amor.

Se apoya en lo que se ha visto. Moisés no habla con los hijos, que no lo vieron, sino con quienes vieron su mano fuerte, las señales en Egipto, el mar sobre el ejército que los seguía y lo que hizo con ellos en el desierto. Incluye hasta lo más grave: la tierra abrió su boca y se tragó a Datán y a Abiram, con sus casas y sus tiendas. Y resume: «vuestros ojos han visto todos los grandes hechos que Jehová ha ejecutado».

Dios se presenta con historia: actuó en Egipto, en el mar y en el desierto, y también con juicio. No pide amor a un desconocido, sino a quien ya obró a la vista de todos. Por eso Moisés une esa memoria con guardar sus mandamientos: «para que seáis esforzados», hoy diríamos fuertes y decididos, al entrar en la tierra que juró a los padres.

Luego Moisés compara dos tierras. En Egipto se sembraba y se regaba con el pie, como un huerto de hortaliza: un trabajo hecho a pulso. La tierra que van a poseer bebe la lluvia del cielo. Es «tierra de la cual Jehová tu Dios cuida: siempre están sobre ella los ojos de Jehová tu Dios, desde el principio del año hasta el fin de él». Dios se muestra como una mirada que no se apaga: no cuida por temporadas.

Sigue una promesa con su advertencia, para Israel en esa tierra. Si aman a Dios y lo sirven «con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma», dará la lluvia a su tiempo, y habrá cosecha. Pero si el corazón se va tras otros dioses, se enciende el enojo de Jehová, los cielos se cierran y la tierra deja de dar. Es el trato de Dios con Israel en su tierra; no es una regla para leer cualquier sequía o mala racha como castigo. Lo que sí muestra es que buena parte de lo que sostiene la vida se recibe, y no se fabrica.

Nuestros campos son otros, y aun así hay mucho que no depende de nosotros: la salud de alguien querido, una decisión ajena, una respuesta que tarda. Amar a Dios cada día se ve aquí en dos gestos: guardar lo que él ha dicho y no dejar que el corazón se vaya tras otras cosas que prometen sostenernos. La lluvia es el motivo: quien siembra hace su parte y espera lo que solo llega del cielo. Manos ocupadas y ojos alzados: así se ama a quien cuida todo el año.

Para vivirlo hoy

Durante esta semana, al empezar o terminar el día, asómate a la ventana o a la puerta, mira el cielo y agradece a Dios en voz baja una cosa que recibes sin haberla producido tú: el aire, el agua del grifo, la comida de la mesa o alguien que alguna vez te ayudó. Que sea una cosa distinta cada día.

Para meditar

  • ¿Qué recuerdo de la ayuda de Dios podría sostener tu amor por él en un día que se parece a todos los demás?
  • ¿Qué cosas de tu vida dependen más de la lluvia que de tu esfuerzo, y qué pasa en ti cuando lo reconoces?
  • ¿Qué tiende a apartar tu corazón sin que lo notes? ¿Qué podrías hacer hoy para cuidarlo?

Oración

Ayúdame a amarte también en los días que se parecen a todos los demás. Que mis ojos recuerden lo que ya has hecho y que no lo dé por sentado. Que aprenda a guardar lo que tú dices, a hacer mi parte con las manos y a mirar al cielo por lo que no puedo producir. Cuida mi corazón para que no se aparte de ti. Gracias porque tus ojos no se apartan de lo que cuidas, de un extremo al otro del año. Amén.

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