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Jesús, el Salvador

Del calabozo de Juan al agua donde Jesús ora

Lectura · San Lucas 3:19-38

19Entonces Herodes el tetrarca, siendo reprendido por él á causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano, y de todas las maldades que había hecho Herodes,

20Añadió también esto sobre todo, que encerró á Juan en la cárcel.

21Y aconteció que, como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado; y orando, el cielo se abrió,

22Y descendió el Espíritu Santo sobre él en forma corporal, como paloma, y fué hecha una voz del cielo que decía: Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido.

23Y el mismo Jesús comenzaba á ser como de treinta años, hijo de José, como se creía; que fué hijo de Elí,

24Que fué de Mathat, que fué de Leví, que fué de Melchî, que fué de Janna, que fué de José,

25Que fué de Mattathías, que fué de Amós, que fué de Nahum, que fué de Esli,

26Que fué de Naggai, que fué de Maat, que fué de Mattathías, que fué de Semei, que fué de José, que fué de Judá,

27Que fué de Joanna, que fué de Rhesa, que fué de Zorobabel, que fué de Salathiel,

28Que fué de Neri, que fué de Melchî, que fué de Abdi, que fué de Cosam, que fué de Elmodam, que fué de Er,

29Que fué de Josué, que fué de Eliezer, que fué de Joreim, que fué de Mathat,

30Que fué de Leví, que fué de Simeón, que fué de Judá, que fué de José, que fué de Jonán, que fué de Eliachîm,

31Que fué de Melea, que fué de Mainán, que fué de Mattatha, que fué de Nathán,

32Que fué de David, que fué de Jessé, que fué de Obed, que fué de Booz, que fué de Salmón, que fué de Naassón,

33Que fué de Aminadab, que fué de Aram, que fué de Esrom, que fué de Phares,

34Que fué de Judá, que fué de Jacob, que fué de Isaac, que fué de Abraham, que fué de Thara, que fué de Nachôr,

35Que fué de Saruch, que fué de Ragau, que fué de Phalec, que fué de Heber,

36Que fué de Sala, que fué de Cainán, que fué de Arphaxad, que fué de Sem, que fué de Noé, que fué de Lamech,

37Que fué de Mathusala, que fué de Enoch, que fué de Jared, que fué de Maleleel,

38Que fué de Cainán, que fué de Enós, que fué de Seth, que fué de Adam, que fué de Dios.

San Lucas 3:19-38

Lucas cierra primero la historia de Juan, y la cierra en una celda. Juan había reprendido a Herodes por Herodías, la mujer de Felipe, hermano del mismo Herodes, y por todas las maldades que este había hecho. La respuesta llegó en una sola línea: Herodes «encerró á Juan en la cárcel». Ahí Lucas da vuelta la página. Sin transición, el relato pasa a otra escena, llena de gente que se bautiza, y en medio de esa gente aparece Jesús.

El texto dice que «como todo el pueblo se bautizaba, también Jesús fué bautizado». No se aparta ni pide un lugar aparte: está entre la gente. Y mientras oraba, el cielo se abrió. El Espíritu Santo descendió sobre él como una paloma, y una voz del cielo dijo: «Tú eres mi Hijo amado, en ti me he complacido». Esa última frase quiere decir que el Padre se alegra en su Hijo; hoy diríamos: en ti tengo puesta mi alegría.

Mira lo que hay en esa escena. Jesús ora, el Espíritu baja, el Padre habla. Dios no aparece lejano ni callado, sino cercano y entregado a su Hijo. Fíjate también en el momento: Lucas todavía no ha contado nada de lo que Jesús hará, y aun así ya suena la voz que dice «mi Hijo amado». La palabra de amor llega antes de cualquier obra.

Después viene una lista larga. Jesús comenzaba a ser como de treinta años, «hijo de José, como se creía», y desde ahí Lucas va hacia atrás: Elí, Leví, Zorobabel, David, Jessé, Booz, Abraham, Isaac, Jacob, Noé, Enoch. Muchos nombres apenas suenan: Mathat, Janna, Naggai, Esli. De ellos el texto no cuenta nada, solo que están ahí, uno tras otro. La lista termina en Adán, «que fué de Dios».

Casi todos somos como esos nombres: nadie contará nuestra historia con detalle. Y hay días parecidos al de Juan, en que hacer lo correcto no trae aplausos. Este pasaje no promete que eso cambie de inmediato; muestra otra cosa. Muestra que Jesús se puso entre el pueblo y que quedó contado dentro de una familia humana que llega hasta Adán. Así se ve el evangelio en esta página: el Hijo amado del Padre entra en la historia de todos.

Hoy, en algún momento corriente, mientras esperas o mientras trabajas, detente medio minuto y di en voz baja: Jesús, tú estuviste entre la gente. Lucas cuenta que el cielo se abrió mientras él oraba, sin ceremonia y sin escenario. Deja que esa frase te acompañe el resto del día, tan sencilla como un nombre en una lista, y sigue con lo que tengas por delante.

Para vivirlo hoy

En los próximos días, cada noche elige un nombre de alguien que te precedió: un pariente, una vecina, la persona que te enseñó a orar. Aunque de esa persona solo recuerdes el nombre, agradece a Dios por ella con una frase corta y en voz alta. Lucas hizo lugar para muchos nombres sin historia; tú también puedes recordar a los tuyos con gratitud.

Para meditar

  • Juan terminó en la cárcel por hablar con verdad. ¿Qué te pide este relato cuando hacer lo correcto no trae reconocimiento?
  • Jesús estuvo entre el pueblo y oró mientras se abría el cielo. ¿Qué cambia en tu manera de orar saber que él se mezcló con la gente común?
  • La lista comienza con José y termina en Dios. ¿Qué nombres de tu propia historia quieres recordar hoy con gratitud?

Oración

Padre del cielo, tú hablaste sobre Jesús cuando estaba entre la gente y lo llamaste tu Hijo amado. Gracias porque tu Espíritu descendió sobre él y porque su nombre está unido a una lista larga de personas comunes. Enséñame a hablar con verdad, aunque cueste, como Juan. Ayúdame a orar como Jesús oró, sin prisa y sin adornos. Recuérdame que ninguna historia queda fuera de tu mirada, ni la mía ni la de quienes vinieron antes. Amén.

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