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Oración

Una oración oída y una palabra que se cumplirá a su tiempo

Lectura · San Lucas 1:1-21

1HABIENDO muchos tentado á poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas,

2Como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron por sus ojos, y fueron ministros de la palabra;

3Me ha parecido también á mí, después de haber entendido todas las cosas desde el principio con diligencia, escribírtelas por orden, oh muy buen Teófilo,

4Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado.

5HUBO en los días de Herodes, rey de Judea, un sacerdote llamado Zacarías, de la suerte de Abías; y su mujer, de las hijas de Aarón, llamada Elisabet.

6Y eran ambos justos delante de Dios, andando sin reprensión en todos los mandamientos y estatutos del Señor.

7Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril, y ambos eran avanzados en días.

8Y aconteció que ejerciendo Zacarías el sacerdocio delante de Dios por el orden de su vez,

9Conforme á la costumbre del sacerdocio, salió en suerte á poner el incienso, entrando en el templo del Señor.

10Y toda la multitud del pueblo estaba fuera orando á la hora del incienso.

11Y se le apareció el ángel del Señor puesto en pie á la derecha del altar del incienso.

12Y se turbó Zacarías viéndole, y cayó temor sobre él.

13Mas el ángel le dijo: Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída, y tu mujer Elisabet te parirá un hijo, y llamarás su nombre Juan.

14Y tendrás gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento.

15Porque será grande delante de Dios, y no beberá vino ni sidra; y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el seno de su madre.

16Y á muchos de los hijos de Israel convertirá al Señor Dios de ellos.

17Porque él irá delante de él con el espíritu y virtud de Elías, para convertir los corazones de los padres á los hijos, y los rebeldes á la prudencia de los justos, para aparejar al Señor un pueblo apercibido.

18Y dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? porque yo soy viejo, y mi mujer avanzada en días.

19Y respondiendo el ángel le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y soy enviado á hablarte, y á darte estas buenas nuevas.

20Y he aquí estarás mudo y no podrás hablar, hasta el día que esto sea hecho, por cuanto no creíste á mis palabras, las cuales se cumplirán á su tiempo.

21Y el pueblo estaba esperando á Zacarías, y se maravillaban de que él se detuviese en el templo.

San Lucas 1:1-21

«Para que conozcas la verdad de las cosas en las cuales has sido enseñado». Con esa frase, quien escribe le dice a Teófilo para qué lo hace. Antes cuenta cómo llegó hasta allí: muchos habían intentado poner en orden la historia, y lo sabido llegó por medio de quienes lo vieron desde el principio con sus propios ojos y fueron servidores de la palabra. Tras examinarlo todo con diligencia, se decide a escribirlo por orden. Quiere que Teófilo esté seguro de lo que ya le enseñaron.

Luego empieza la historia, en los días de Herodes, rey de Judea. Zacarías es sacerdote; su mujer, Elisabet, es de las hijas de Aarón. Ambos eran «justos delante de Dios» y vivían sin reproche en los mandamientos del Señor. Y no tenían hijo, porque Elisabet era estéril y los dos eran de edad avanzada. El texto no explica esa espera: solo la deja junto a su vida justa, y nos toca aceptar que ambas cosas caben en una misma casa.

Un día le toca a Zacarías, por sorteo, poner el incienso dentro del templo, mientras toda la multitud ora fuera. Allí se le aparece un ángel del Señor, de pie a la derecha del altar. Zacarías se turba y le cae temor. El ángel le dice: «Zacarías, no temas; porque tu oración ha sido oída». Su mujer le dará un hijo, se llamará Juan, y Zacarías tendrá gozo y alegría. Ese hijo irá delante del Señor para «aparejar al Señor un pueblo apercibido», que quiere decir prepararle un pueblo dispuesto.

Zacarías pregunta en qué conocerá que esto es cierto, porque él es viejo y su mujer, de edad avanzada. El ángel responde que es Gabriel, que está delante de Dios y que fue enviado a darle esa buena noticia. Y añade algo serio: Zacarías quedará mudo hasta que esto suceda, porque no creyó sus palabras. El texto lo dice sin suavizarlo, y a la vez deja claro que lo anunciado no depende de que Zacarías lo crea. Afuera, el pueblo espera y se maravilla de que se demore.

Casi todos hemos esperado algo durante años: una reconciliación, un trabajo, una respuesta. Este pasaje no promete que toda espera termine como la de Zacarías y Elisabet; cuenta lo que Dios hizo con esta pareja. Y muestra que sus palabras no se quedan en el aire, ni siquiera cuando quien las escucha tiene la fe corta. Dios oye, y su respuesta puede llegar mientras otros esperan afuera sin saber lo que ocurre adentro.

Así comienza el evangelio de Jesús: con un pueblo que se prepara para el Señor y con una palabra que Dios da y sostiene. Afuera, la gente solo veía una demora; adentro, Dios estaba poniendo en marcha lo que venía. Lo dice el mismo ángel, con firmeza: «se cumplirán á su tiempo».

Para vivirlo hoy

Busca hoy un rato tranquilo, aunque sean cinco minutos. Lee despacio, tres veces, la frase «tu oración ha sido oída». Después quédate un minuto en silencio, sin decir nada, dejando que esas palabras te alcancen. Si te distraes, vuelve a la frase sin reproches. No hace falta más.

Para meditar

  • ¿Qué espera llevas hace tiempo, y cómo cambia tu manera de esperarla saber que Dios oye?
  • ¿Qué testigos y qué palabras cuidadas han sostenido tu fe, y a quién podrías agradecérselo?
  • Cuando la fe se queda corta, como la de Zacarías, ¿qué te ayuda a seguir escuchando lo que Dios dice?

Oración

Señor Jesús, para ti se preparaba un pueblo mientras la gente esperaba fuera, orando. Gracias por los testigos que vieron y por quien escribió con cuidado, para que yo conozca la verdad de lo que me enseñaron. Gracias porque tu Padre oye, y porque su palabra se cumple a su tiempo, no al mío. Cuando mi espera se alargue y mi fe se quede corta, sigue hablándome. Hazme un corazón dispuesto para ti. Amén.

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