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Jesús, el Salvador

Dar gracias primero, y Cristo por encima de todo

Lectura · Colosenses 1:1-20

1PABLO, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo,

2A los santos y hermanos fieles en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz á vosotros de Dios Padre nuestro, y del Señor Jesucristo.

3Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, siempre orando por vosotros:

4Habiendo oído vuestra fe en Cristo Jesús, y el amor que tenéis á todos los santos,

5A causa de la esperanza que os está guardada en los cielos, de la cual habéis oído ya por la palabra verdadera del evangelio:

6El cual ha llegado hasta vosotros, como por todo el mundo; y fructifica y crece, como también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

7Como habéis aprendido de Epafras, nuestro consiervo amado, el cual es un fiel ministro de Cristo á favor vuestro;

8El cual también nos ha declarado vuestro amor en el Espíritu.

9Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad, en toda sabiduría y espiritual inteligencia;

10Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios:

11Corroborados de toda fortaleza, conforme á la potencia de su gloria, para toda tolerancia y largura de ánimo con gozo;

12Dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz:

13Que nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo;

14En el cual tenemos redención por su sangre, la remisión de pecados:

15El cual es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura.

16Porque por él fueron criadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles é invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fué criado por él y para él.

17Y él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten:

18Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia; él que es el principio, el primogénito de los muertos, para que en todo tenga el primado.

19Por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud,

20Y por él reconciliar todas las cosas á sí, pacificando por la sangre de su cruz, así lo que está en la tierra como lo que está en los cielos.

Colosenses 1:1-20

¿Cómo se ora por personas cuando lo único que sabes de ellas es lo que otros te han contado? Pablo y Timoteo empiezan así su carta a los de Colosas, sin pedir nada: «Damos gracias al Dios y Padre del Señor nuestro Jesucristo, siempre orando por vosotros». Han oído de su fe en Cristo Jesús y del amor que tienen por todos los santos, y eso los lleva a dar gracias a Dios.

La fe, el amor y una esperanza guardada en los cielos nacen del evangelio, la palabra verdadera, que ha llegado a ellos como a todo el mundo y da fruto y crece. En ellos empezó «desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad». Lo aprendieron de Epafras, compañero de servicio amado y fiel ministro de Cristo, que luego contó a Pablo del amor que había entre ellos en el Espíritu.

Después de dar gracias, piden. Piden que los colosenses estén llenos del conocimiento de la voluntad de Dios y que vivan como es digno del Señor, «fructificando en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios», es decir, dando fruto en el bien y conociéndolo cada vez más. Piden también fortaleza según el poder de su gloria, para aguantar con paciencia y con gozo. La fuerza no sale de ellos: se le pide a Dios.

Luego el texto da gracias al Padre «que nos hizo aptos para participar de la suerte de los santos en luz». Suerte quiere decir aquí la porción que le toca a cada uno. Nadie se hizo apto por sí mismo: lo hizo el Padre. Él «nos ha librado de la potestad de las tinieblas», o sea, de su poder, y nos trasladó «al reino de su amado Hijo». En ese Hijo hay rescate y perdón de los pecados. Quien siente que no da la talla puede descansar: el lugar en la luz se recibe.

Y entonces el texto se abre a algo enorme. Cristo es «la imagen del Dios invisible»: quien quiere saber cómo es Dios puede mirarlo a Él. Todo fue creado por Él y para Él, lo visible y lo invisible, y todo se sostiene por Él. Es la cabeza de la iglesia y el primero en resucitar de entre los muertos. Por medio de Él Dios quiso reconciliar todas las cosas consigo, haciendo la paz «por la sangre de su cruz».

Este pasaje pide algo sencillo para hoy: dar gracias antes de pedir, y dar gracias por personas concretas. Detrás de esa gratitud hay un Dios que ya nos hizo aptos y nos puso en el reino de su Hijo, así que las peticiones pueden esperar un momento. Empezar por el agradecimiento cambia el modo de pedir, con más calma y con más confianza. ¿Por quién darás gracias hoy, antes de pedir nada?

Para vivirlo hoy

Elige a una persona por la que oras o a la que quieres bien. Hoy, antes de pedir nada por ella, da gracias a Dios por una cosa concreta que has visto en su vida: su fe, su cariño, su constancia. Hazlo en voz baja o por escrito, y repite el ejercicio mañana con otra cosa. Así vas aprendiendo a empezar por la gratitud.

Para meditar

  • ¿Por quién podrías dar gracias a Dios hoy, aunque de esa persona solo sepas lo poco que has oído?
  • ¿Qué cambia en la manera de ver tus propias fallas saber que fue el Padre quien nos hizo aptos para la luz?
  • ¿Qué parte de lo que Pablo dice de Cristo, imagen de Dios, creador, cabeza y reconciliador, te gustaría meditar más despacio esta semana?

Oración

Gracias, Padre, porque nos hiciste aptos para tener parte con los santos en la luz. Gracias por sacarnos de la oscuridad y ponernos en el reino de tu amado Hijo, en quien tenemos rescate y perdón. Gracias por Epafras y por todos los que nos enseñan tu evangelio, y por las personas de fe y de amor que hoy ponemos delante de ti. Llénanos de tu sabiduría, fortalécenos con tu poder y enséñanos a dar gracias primero. Amén.

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