Fidelidad de Dios
Cuando Dios cumple lo dicho y la tierra reposa de la guerra
Lectura · Josué 11:16-23
16Tomó pues Josué toda aquella tierra, las montañas, y toda la región del mediodía, y toda la tierra de Gosén, y los bajos y los llanos, y la montaña de Israel y sus valles.
17Desde el monte de Halac, que sube hasta Seir, hasta Baal-gad en la llanura del Líbano, á las raíces del monte Hermón: tomó asimismo todos sus reyes, los cuales hirió y mató.
18Por muchos días tuvo guerra Josué con estos reyes.
19No hubo ciudad que hiciese paz con los hijos de Israel, sacados los Heveos, que moraban en Gabaón: todo lo tomaron por guerra.
20Porque esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra á Israel, para destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, antes fuesen desarraigados, como Jehová lo había mandado á Moisés.
21También en el mismo tiempo vino Josué y destruyó los Anaceos de los montes, de Hebrón, de Debir, y de Anab, y de todos los montes de Judá, y de todos los montes de Israel: Josué los destruyó á ellos y á sus ciudades.
22Ninguno de los Anaceos quedó en la tierra de los hijos de Israel; solamente quedaron en Gaza, en Gath, y en Asdod.
23Tomó, pues, Josué toda la tierra, conforme á todo lo que Jehová había dicho á Moisés; y entrególa Josué á los Israelitas por herencia, conforme á sus repartimientos de sus tribus: y la tierra reposó de guerra.
¿Qué hacemos con una página que habla de ciudades tomadas, de reyes muertos y de una frase tan dura como «que no les fuese hecha misericordia», y que a la vez termina con un descanso? No es fácil leerla, pero tampoco hace falta dejarla de lado. Leída despacio, muestra cómo cumple Dios lo que promete y cómo cierra su tarea un líder fiel.
Josué tomó toda aquella tierra: las montañas, el sur, las tierras bajas y las llanuras, desde el monte de Halac hasta Baal-gad, al pie del Hermón. Tomó a todos sus reyes. El texto anota un dato que no conviene pasar de largo: «Por muchos días tuvo guerra Josué con estos reyes». Cayeron entonces los anaceos de los montes de Hebrón, de Debir y de Anab, un pueblo de gran estatura que había asustado a los espías en tiempos de Moisés. Solo quedaron algunos en Gaza, en Gat y en Asdod.
Llegamos a lo más duro. Ninguna ciudad hizo paz con Israel, salvo los heveos de Gabaón; todo lo demás se tomó por guerra. El texto explica: «esto vino de Jehová, que endurecía el corazón de ellos para que resistiesen con guerra á Israel, para destruirlos». No conviene suavizarlo. El texto lo atribuye a Dios y lo enmarca en lo mandado a Moisés, y deja ver otra puerta: Gabaón hizo paz y no fue tomada por guerra. Aquel mandato pertenece a su momento en la historia de Israel: hoy no da razón para dañar a nadie.
Lo que sí queda claro es que Dios cumple. Josué tomó la tierra «conforme á todo lo que Jehová había dicho á Moisés», y la entregó a los israelitas por herencia. Dios había hablado a otro líder, en otro tiempo, y esa palabra no se cayó. El texto no presenta a Josué como un héroe solitario: lo que se cumple es lo que Dios había dicho.
A nosotros nos alcanza algo de esto cuando el camino se alarga. Se suele decir que casi todo lo que vale la pena lleva muchos días. Quien sostiene una tarea de años, o cuida a alguien por años, conoce etapas en las que se ve más el siguiente paso que el final. Cuando Dios ha prometido algo en su Palabra, como su presencia o su perdón, y nuestra parte es seguir, descansa saber que él es fiel. Las metas que nos ponemos nosotros no traen esa garantía.
El pasaje termina con un descanso: «la tierra reposó de guerra». Lo pone al final de una cadena: Dios habló, Josué obedeció, y la tierra reposó. Ese descanso llega porque Dios cumplió lo dicho. Los cristianos ven ahí una sombra de otro reposo, el que Jesús ofrece a quienes se acercan a él con cansancio. ¿Qué parte de tu camino largo necesita hoy recordar que Dios cumple?
Para vivirlo hoy
Recuerda algo que le pediste a Dios durante mucho tiempo y que hoy ves cumplido, aunque sea en parte. Cuéntaselo hoy a alguien, en persona o por mensaje: qué esperabas, cuánto tardó y cómo lo viste llegar. Al decirlo en voz alta, tú recuerdas la fidelidad de Dios, y quien te escucha se lleva algo para su propia espera.
Para meditar
- ¿Qué parte de este pasaje te cuesta más, y qué le dirías a Dios sobre ella con total franqueza?
- ¿Qué tarea larga tienes entre manos, y qué paso pequeño podrías dar hoy sin esperar todavía el final?
- ¿Qué diferencia hay entre descansar porque ya lograste algo y descansar porque Dios cumplió lo que dijo?
Oración
«La tierra reposó de guerra»: concede ese reposo a lo que en mí lleva tiempo en pelea. Gracias porque cumples lo que dices, hasta la última palabra, y porque no dejas a medias lo que empiezas. Este pasaje me cuesta, Dios mío: no entiendo todo lo que cuenta de esas ciudades y de esos pueblos. Enséñame a confiar en que tú eres justo, y a no usar esas páginas para endurecerme con nadie. Y dame un descanso que no dependa de ganar. Amén.