Alabanza y adoración
Cada uno en su día, todos con la misma ofrenda
Lectura · Números 7:21-44
21Un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto;
22Un macho cabrío para expiación;
23Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Nathanael, hijo de Suar.
24El tercer día, Eliab hijo de Helón, príncipe de los hijos de Zabulón:
25Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;
26Una cuchara de oro de diez siclos, llena de perfume;
27Un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto;
28Un macho cabrío para expiación;
29Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Eliab, hijo de Helón.
30El cuarto día, Elisur hijo de Sedeur, príncipe de los hijos de Rubén:
31Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;
32Una cuchara de oro de diez siclos, llena de perfume;
33Un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto;
34Un macho cabrío para expiación;
35Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Elisur, hijo de Sedeur.
36El quinto día, Selumiel hijo de Zurisaddai, príncipe de los hijos de Simeón:
37Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;
38Una cuchara de oro de diez siclos, llena de perfume;
39Un becerro, un carnero, un cordero de un año para holocausto;
40Un macho cabrío para expiación;
41Y para sacrificio de paces, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos de cabrío, cinco corderos de un año. Esta fué la ofrenda de Selumiel, hijo de Zurisaddai.
42El sexto día, Eliasaph hijo de Dehuel, príncipe de los hijos de Gad:
43Y su ofrenda, un plato de plata de ciento y treinta siclos de peso, un jarro de plata de setenta siclos, al siclo del santuario; ambos llenos de flor de harina amasada con aceite para presente;
44Una cuchara de oro de diez siclos, llena de perfume;
Un jefe por día, y la misma ofrenda escrita casi palabra por palabra. En estos versículos ni siquiera aparece el nombre de Dios; solo hay listas. Pero las listas hablan. El capítulo cuenta cómo los jefes de las tribus de Israel traen, uno por día, sus ofrendas para dedicar el altar, y aquí leemos el final del segundo día y luego el tercero, el cuarto y el quinto, hasta que el sexto se corta a la mitad: cada día un príncipe distinto, y una ofrenda que suena idéntica.
El tercer día es Eliab, hijo de Helón, de la tribu de Zabulón. El cuarto, Elisur, hijo de Sedeur, de Rubén. El quinto, Selumiel, hijo de Zurisaddai, de Simeón. El sexto, Eliasaph, hijo de Dehuel, de Gad. Cada uno trae un plato de plata de ciento treinta siclos, una medida de peso, y un jarro de plata de setenta, «al siclo del santuario», ambos llenos de harina fina mezclada con aceite, y una cuchara de oro de diez siclos llena de perfume.
Luego vienen los animales: un becerro, un carnero y un cordero de un año para una ofrenda que se quemaba entera sobre el altar; un macho cabrío; y, para el sacrificio de paz, dos bueyes, cinco carneros, cinco machos cabríos y cinco corderos de un año. Son sacrificios de animales, y el texto los presenta sin adornos. Los bloques cierran con la misma frase: «Esta fué la ofrenda de Eliab, hijo de Helón», y así con Elisur y con Selumiel.
Repara en lo pareja que es la lista. El texto la repite casi palabra por palabra para cada príncipe, sin abreviar y sin destacar a nadie: ninguno trae algo distinto de lo que trajo el anterior. Rubén o Simeón, a cada uno le toca su día y su lugar en la fila. Una manera de leerlo es que el Dios que recibe estas ofrendas no reparte honores según la tribu ni según el peso del regalo.
En medio de tanto plato de plata, cada uno trae también un macho cabrío «para expiación», que quiere decir por el pecado. En este pasaje lo traen Nathanael, Eliab, Elisur y Selumiel; el de Eliasaph queda fuera del texto de hoy. Quien sigue a Jesús puede ver en ese macho cabrío la necesidad de perdón que acompaña incluso a un acto de dedicación, y mirar a la cruz, donde él dio su vida por nuestros pecados. Desde ahí se presenta cualquier ofrenda nuestra, sea pequeña o grande.
Imagina la fila. Eliab llega en su día con el plato, el jarro y la cuchara; al siguiente llega Elisur con lo mismo. Ahí no hay nada que comparar. Si a veces nos descubrimos midiendo lo que damos con lo que dan otros en la iglesia, este pasaje invita a mirar otra cosa: ofrendas puestas una tras otra, cada una en su día. Traer algo delante de Dios es más sencillo: se trata de traerlo con verdad. ¿Qué le traerías a Dios si no tuvieras que compararte con nadie?
Para vivirlo hoy
Antes de que termine el día, aparta algo que puedas dar sin apretarte: unas monedas en un sobre, un alimento o una hora anotada en tu agenda. Escribe en el sobre o en la nota para quién es y elige el día en que lo entregarás, como cada jefe tuvo el suyo.
Para meditar
- ¿Cuándo fue la última vez que diste algo sin pensar en lo que daban los demás, y cómo lo viviste?
- ¿Por qué crees que, junto al plato de plata y la cuchara de oro, cada ofrenda incluye un macho cabrío para expiación?
- ¿Qué gesto pequeño podrías presentar a Dios esta semana sin esperar que nadie lo note?
Oración
Gracias, Dios, porque recibes lo que se te trae, ofrenda tras ofrenda, cada una en su día. Gracias por este pasaje tan parejo, donde cada jefe trae lo mismo y cada uno tiene su lugar en la lista. Si a veces mido lo que doy con lo que dan otros, ayúdame a soltar esa medida y a traerte lo mío con verdad, sea mucho o poco. Y cubre tú, en Jesús, lo que hay de imperfecto en mis mejores gestos, para que mi ofrenda descanse en tu gracia. Amén.