Servicio y generosidad
Cada uno contado según su oficio y su cargo
Lectura · Números 4:34-49
34Moisés, pues, y Aarón, y los jefes de la congregación, contaron los hijos de Coath por sus familias, y por las casas de sus padres,
35Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años; todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio.
36Y fueron los contados de ellos por sus familias, dos mil setecientos y cincuenta.
37Estos fueron los contados de las familias de Coath, todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón, como lo mandó Jehová por mano de Moisés.
38Y los contados de los hijos de Gersón, por sus familias, y por las casas de sus padres,
39Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio;
40Los contados de ellos por sus familias, por las casas de sus padres, fueron dos mil seiscientos y treinta.
41Estos son los contados de las familias de los hijos de Gersón, todos los que ministran en el tabernáculo del testimonio, los cuales contaron Moisés y Aarón por mandato de Jehová.
42Y los contados de las familias de los hijos de Merari, por sus familias, por las casas de sus padres,
43Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entran en compañía, para ministrar en el tabernáculo del testimonio:
44Los contados de ellos, por sus familias, fueron tres mil y doscientos.
45Estos fueron los contados de las familias de los hijos de Merari, los cuales contaron Moisés y Aarón, según lo mandó Jehová por mano de Moisés.
46Todos los contados de los Levitas, que Moisés y Aarón y los jefes de Israel contaron por sus familias, y por las casas de sus padres,
47Desde el de edad de treinta años arriba hasta el de edad de cincuenta años, todos los que entraban para ministrar en el servicio, y tener cargo de obra en el tabernáculo del testimonio;
48Los contados de ellos fueron ocho mil quinientos y ochenta,
49Como lo mandó Jehová por mano de Moisés fueron contados, cada uno según su oficio, y según su cargo; los cuales contó él, como le fué mandado.
El lunes por la mañana pegan en la puerta de la bodega la lista de turnos: quién abre, quién recibe la mercadería, quién atiende la caja, quién cierra. Cada nombre lleva su horario y su tarea. Nadie la lee como una amenaza; quien encuentra su nombre sabe cuál es su parte, y quien la escribió sabe que el trabajo no quedará en el aire. Una lista de turnos parece cosa pequeña, pero dice que alguien pensó en quién hace qué.
Algo así ocurre en este pasaje, en torno al tabernáculo. Moisés, Aarón y los jefes de la congregación cuentan a los hijos de Coat, de Gersón y de Merari, las tres familias de los levitas. Cuentan solo a quienes tenían entre treinta y cincuenta años y entraban «para ministrar en el tabernáculo del testimonio», es decir, para servir en él. De los demás, el texto no dice nada aquí. Esa edad y ese servicio se repiten cuatro veces casi con las mismas palabras, como quien lee una lista con calma.
Las cifras son precisas: dos mil setecientos cincuenta de la familia de Coat, dos mil seiscientos treinta de Gersón, tres mil doscientos de Merari, y en total «ocho mil quinientos y ochenta». Una y otra vez vuelve la misma idea: todo se hizo «como lo mandó Jehová por mano de Moisés». Y cada uno de los contados lo fue «según su oficio, y según su cargo»: a cada uno le tocó una tarea propia.
Aquí se ve algo de cómo es Dios. Él no deja al azar el servicio de su casa: cada uno tiene un oficio y un cargo, y las cifras se toman con exactitud. El servicio no es un asunto de buena voluntad suelta; tiene orden, y ese orden viene de lo que él mandó. Y quien dirige también cuenta con cuidado: Moisés hizo la cuenta de cada grupo «como le fué mandado».
Piensa en quien deja lista la sala antes de la reunión, en quien lleva las cuentas de la casa o en quien hace el turno de la noche. Son tareas que casi nadie aplaude, y es fácil pensar que, si nadie las ve, no cuentan. Este pasaje no habla de ellas: habla de un servicio sagrado, contado por Moisés, Aarón y los jefes. Pero deja una pista. Si Dios cuidó que el servicio de su casa quedara ordenado y anotado, podemos creer que no le es indiferente el servicio de hoy, aunque nadie lo aplauda.
Para quien sigue a Jesús, este orden se lee a la luz de quien dijo que no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida. Quienes lo seguimos servimos como quienes ya tienen su lugar en la casa de Dios, no para conseguirlo. Con él como centro, hasta el servicio más callado tiene dónde descansar.
Para vivirlo hoy
Piensa en una persona que sirve sin que nadie lo note, en tu casa, en tu trabajo o en tu iglesia, y dile hoy, en persona o por mensaje, qué es lo que hace y que tú lo has visto. Sé concreto: nombra la tarea y di desde cuándo la ves cumplirse con constancia.
Para meditar
- ¿Qué tarea de tu semana hace falta y casi nadie ve, y qué cambiaría si la miraras como parte de tu servicio a Dios?
- ¿Qué parte de lo que haces cada semana seguirías haciendo aunque nadie llegara a verla?
- ¿Qué parte de tu oficio actual te cuesta reconocer como un encargo y no solo como una obligación?
Oración
Gracias, Dios, porque en tu casa cada uno tuvo su oficio y su cargo, y porque todo se hizo como tú lo mandaste. Gracias por quienes sirven a mi lado sin que nadie los aplauda. Ayúdame a cumplir mi parte con constancia, sin compararme, y a reconocer con palabras concretas el trabajo de otros. Confío en que nada de lo que se hace con fe pasa inadvertido para ti, ni siquiera en los días de cansancio. En Jesús, que vino a servir, descanso. Amén.