La iglesia
Antes de cada cifra, un nombre
Lectura · Números 1:1-24
1Y HABLÓ Jehová á Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo del testimonio, en el primero del mes segundo, en el segundo año de su salida de la tierra de Egipto, diciendo:
2Tomad el encabezamiento de toda la congregación de los hijos de Israel por sus familias, por las casas de sus padres, con la cuenta de los nombres, todos los varones por sus cabezas:
3De veinte años arriba, todos los que pueden salir á la guerra en Israel, los contaréis tú y Aarón por sus cuadrillas.
4Y estará con vosotros un varón de cada tribu, cada uno cabeza de la casa de sus padres.
5Y estos son los nombres de los varones que estarán con vosotros: De la tribu de Rubén, Elisur hijo de Sedeur.
6De Simeón, Selumiel hijo de Zurisaddai.
7De Judá, Naasón hijo de Aminadab.
8De Issachâr, Nathanael hijo de Suar.
9De Zabulón, Eliab hijo de Helón.
10De los hijos de José: de Ephraim, Elisama hijo de Ammiud; de Manasés, Gamaliel hijo de Pedasur.
11De Benjamín, Abidán hijo de Gedeón.
12De Dan, Ahiezer hijo de Ammisaddai.
13De Aser, Phegiel hijo de Ocrán.
14De Gad, Eliasaph hijo de Dehuel.
15De Nephtalí, Ahira hijo de Enán.
16Estos eran los nombrados de la congregación, príncipes de las tribus de sus padres, capitanes de los millares de Israel.
17Tomó pues Moisés y Aarón á estos varones que fueron declarados por sus nombres:
18Y juntaron toda la congregación en el primero del mes segundo, y fueron reunidos sus linajes, por las casas de sus padres, según la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, por sus cabezas,
19Como Jehová lo había mandado á Moisés; y contólos en el desierto de Sinaí.
20Y los hijos de Rubén, primogénito de Israel, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;
21Los contados de ellos, de la tribu de Rubén, fueron cuarenta y seis mil y quinientos.
22De los hijos de Simeón, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, los contados de ellos conforme á la cuenta de los nombres por sus cabezas, todos los varones de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;
23Los contados de ellos, de la tribu de Simeón, cincuenta y nueve mil y trescientos.
24De los hijos de Gad, por sus generaciones, por sus familias, por las casas de sus padres, conforme á la cuenta de los nombres, de veinte años arriba, todos los que podían salir á la guerra;
Antes de la primera cifra, el texto pone doce nombres. Elisur hijo de Sedeur, Selumiel hijo de Zurisaddai, Naasón hijo de Aminadab, y así hasta completar uno por cada tribu, cada cual con el nombre de su padre al lado. El capítulo trata de un censo, pero lo primero que Dios ordena es tomar «la cuenta de los nombres». Y la expresión vuelve cada vez que se cuenta a una tribu: por sus familias, por las casas de sus padres, por sus nombres.
Jehová habla a Moisés en el desierto de Sinaí, en el tabernáculo, el día primero del mes segundo del segundo año desde la salida de Egipto. Manda contar a toda la congregación por familias: los varones de veinte años para arriba, todos los que podían salir a la guerra. Moisés y Aarón hacen el recuento, y con ellos va un hombre de cada tribu, «cada uno cabeza de la casa de sus padres». El texto los llama príncipes de las tribus y capitanes de los millares de Israel. Nadie carga solo con esa tarea.
Conviene decir con claridad qué clase de censo es. Es un recuento para la guerra: cuenta a los varones de veinte años o más que podían salir a pelear, y no menciona a las mujeres ni a los niños. El pasaje no dice nada más sobre ellos. Tampoco explica aquí por qué se hace el recuento. Lo que sí deja ver es un pueblo ordenado por casas, donde cada casa tiene su lugar y su cabeza.
Después vienen los números, y son grandes: la tribu de Rubén, «primogénito de Israel», suma «cuarenta y seis mil y quinientos», y la de Simeón, cincuenta y nueve mil trescientos. Un pueblo tan numeroso, poco más de un año después de salir de Egipto, hace pensar en la descendencia que Dios había prometido a los antepasados de Israel; es una manera de leerlo, no algo que el pasaje afirme. Lo que sí afirma es que todo se hizo «Como Jehová lo había mandado á Moisés».
En el consultorio te llaman por un número, y en muchos otros lugares pasa igual. Ser una cifra cansa. Aquí, en cambio, Dios manda que el censo lleve nombres y familias, no solo un total. Una comunidad de fe puede aprender de ahí, aunque el pasaje no lo diga: saludar por el nombre, notar quién falta un domingo, abrir la puerta de la casa. Quien sigue a Cristo forma parte de un pueblo, y ese pueblo puede aprender a mirar así a los suyos.
No es una mesa puesta para una fiesta, sino una lista de filas y familias para la guerra, con cifras grandes. Pero aun ahí el texto no deja las cifras solas: antes de la primera pone doce nombres, y en cada tribu vuelven los nombres y las casas. Quizá esa sea la invitación de este capítulo, seco a primera vista: que ningún total tape el nombre que hay detrás de cada uno.
Para vivirlo hoy
Toma una hoja y escribe los nombres de diez personas que te acompañan en la fe o en el día a día; pueden ser de la iglesia, del trabajo o de tu calle. Léelos despacio, uno por uno, y da gracias a Dios por cada persona diciendo su nombre en voz alta.
Para meditar
- ¿Cuántos nombres de tu iglesia o de tu barrio sabes de memoria, y qué te ayudaría a aprender uno más esta semana?
- ¿En qué lugares de tu vida sientes que eres solo un número, y qué cambiaría si alguien te llamara por tu nombre?
- ¿A quién de tu entorno podrías decirle, esta semana, que su presencia se nota y se agradece?
Oración
Dios de las casas y de los nombres, te alabo porque mandaste que aun en un recuento para la guerra se anotara cada familia, con el nombre de su padre y el de su cabeza. Gracias por quienes caminan a mi lado en la fe y en el día a día. Que en tu iglesia nadie sea solo un número ni una cara perdida en la multitud. Dame ojos atentos y buena memoria para decir con cariño el nombre de cada persona y para valorar el lugar que ocupa. Amén.