Fidelidad de Dios
Yo reuniré a la coja y a la descarriada
Lectura · Sofonías 3:18-20
18Reuniré á los fastidiados por causa del largo tiempo; tuyos fueron; para quienes el oprobio de ella era una carga.
19He aquí, en aquel tiempo yo apremiaré á todos tus opresores; y salvaré la coja, y recogeré la descarriada; y pondrélos por alabanza y por renombre en todo país de confusión.
20En aquel tiempo yo os traeré, en aquel tiempo os reuniré yo; pues os daré por renombre y por alabanza entre todos los pueblos de la tierra, cuando tornaré vuestros cautivos delante de vuestros ojos, dice Jehová.
Dios habla en primera persona y, entre lo que promete, aparecen dos figuras frágiles: la coja y la descarriada. «Salvaré la coja, y recogeré la descarriada», dice. Coja es la que anda con dificultad; descarriada, la que se apartó del camino. Las dos están dentro de una promesa para gente cautiva, que cargó algo pesado durante mucho tiempo. Dios no las deja para el final ni las despide: las nombra en voz alta.
Antes ya ha dicho a quiénes viene: «Reuniré á los fastidiados por causa del largo tiempo». Fastidiados hoy suena a molestia pasajera; aquí quiere decir gente agobiada por un tiempo que se alargó demasiado. Y añade: «tuyos fueron», es decir, eran suyos, y para ellos la deshonra de ella era una carga. Dios nota esa carga y la pone dentro de su promesa.
Luego habla de quienes los oprimían. Dice que se ocupará de todos ellos, y lo dice con la misma palabra de siempre: yo. Apremiar es apretar, poner en aprieto, y esa tarea Dios no la delega. Los suyos quedarán como alabanza y como renombre, es decir, conocidos y bien mirados, en cada país donde antes hubo confusión. Esta promesa fue hecha a un pueblo concreto y a su regreso; lo que enseña a todos es cómo es el Dios que la hace.
Y sigue: «en aquel tiempo os reuniré yo». En el mismo versículo lo dice dos veces: yo os traeré, yo os reuniré. Y lo hará «delante de vuestros ojos», sin rumores, a la vista de ellos. Dios se compromete a hacer la obra y a que se vea. A quien lleva mucho esperando le hace bien oír una promesa dos veces.
Hoy nos parecemos a esa gente en cosas de todos los días. Alguien lleva meses con un asunto que no se resuelve, o con una vergüenza que no se va, o cojea de cansancio y prefiere que no se note. Este pasaje no le pide nada a quien cojea; le dice que Dios va por él. Mientras tanto, tal vez a tu lado hay alguien que anda así y aún no lo has visto.
Jesús habló de un pastor que sale a buscar a la oveja que se perdió y, cuando la encuentra, la trae de vuelta con alegría. Es la misma manera de ser de Dios: reunir él mismo a los suyos. Hoy, cuando tengas un minuto, di en voz baja el nombre de alguien que anda cansado del camino y pide a Dios que lo reúna, como promete hacer con los suyos.
Para vivirlo hoy
Toma un papel y escribe en una línea una carga que llevas desde hace tiempo: algo que no se resuelve, una vergüenza antigua, una espera que se alargó. Luego dobla el papel y guárdalo dentro de tu Biblia, como quien deja algo en manos de otro. No hace falta resolver nada hoy. Basta con soltarla por escrito y agradecer que Dios promete reunir a los suyos.
Para meditar
- ¿Qué carga llevas desde hace tanto tiempo que ya te acostumbraste a caminar con ella?
- Dios dice «yo» una y otra vez en estos versículos. ¿Qué parte de tu espera te resulta más fácil dejar en sus manos, y cuál menos?
- ¿Quién a tu alrededor anda cojeando o se ha apartado del camino, y qué gesto pequeño podrías tener con esa persona esta semana?
Oración
Gracias, Dios mío, porque en tu promesa nombras a la que cojea y a la que se apartó del camino, y no solo a los que van firmes. Gracias porque dices yo una y otra vez: tú reúnes, tú traes, tú salvas. Gracias porque miras la carga de quien lleva mucho tiempo esperando. Te entrego la mía. Enséñame a esperar sin endurecerme y a acompañar a quien anda con dificultad. Cuando me toque cansarme, que recuerde que vas por mí. Amén.