Fe y confianza
Bendición antes de que florezca la higuera
Lectura · Hageo 2:17-23
17Os herí con viento solano, y con tizoncillo, y con granizo en toda obra de vuestras manos; mas no os convertisteis á mí, dice Jehová.
18Pues poned ahora vuestro corazón desde este día en adelante, desde el día veinticuatro del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento al templo de Jehová; poned vuestro corazón.
19¿Aun no está la simiente en el granero? Ni la vid, ni la higuera, ni el granado, ni el árbol de la oliva ha todavía florecido: mas desde aqueste día daré bendición.
20Y fué segunda vez palabra de Jehová á Haggeo, á los veinticuatro del mismo mes, diciendo:
21Habla á Zorobabel, gobernador de Judá, diciendo: Yo haré temblar los cielos y la tierra;
22Y trastornaré el trono de los reinos, y destruiré la fuerza del reino de las gentes; y trastornaré el carro, y los que en él suben; y vendrán abajo los caballos, y los que en ellos montan, cada cual por la espada de su hermano.
23En aquel día, dice Jehová de los ejércitos, te tomaré, oh Zorobabel, hijo de Sealtiel, siervo mío, dice Jehová, y ponerte he como anillo de sellar: porque yo te escogí, dice Jehová de los ejércitos.
Es martes por la tarde. Alguien termina el último correo del día, mira lo que queda hasta fin de mes y piensa que ya hizo lo que le tocaba: puso el esfuerzo y dejó todo en marcha. Y todavía no se ve nada. Ni una respuesta, ni un ingreso, ni una señal. Esa espera sin flores se parece mucho al momento que vive este pasaje, donde la vid, la higuera, el granado y el olivo aún no han florecido.
Antes de hablar de futuro, Dios mira atrás y no esconde nada. Dice que los hirió con viento solano, con tizoncillo y con granizo en toda obra de sus manos. El solano es el viento del este, seco y caliente, y el tizoncillo, una enfermedad que daña el grano. Y agrega: «mas no os convertisteis á mí», o sea, no se volvieron a él. Es un recuerdo duro, y el texto no lo adorna: Dios se atribuye ese golpe.
Pero la orden cambia de dirección. «Poned vuestro corazón», dice, y lo repite al principio y al final del versículo dieciocho, desde el día veinticuatro del noveno mes, el día en que se echó el cimiento del templo. Luego viene lo más sorprendente: los árboles aún no han florecido, «mas desde aqueste día daré bendición». Aqueste es palabra de otro tiempo; hoy diríamos este. La promesa llega antes de ver nada. Fue dicha a aquel pueblo y no es una fórmula para asegurar cosechas; muestra a un Dios que habla primero.
El mismo día llega otra palabra, solo para Zorobabel, gobernador de Judá. Es grande y dura: Dios hará temblar los cielos y la tierra, trastornará el trono de los reinos, derribará carros y caballos, y los jinetes caerán «cada cual por la espada de su hermano». Son reinos que caen y gente que muere a espada. Lo que muestra es que ningún trono ni ejército está por encima de su mano. Y se lo dice, no a un rey, sino a quien trabaja en el templo.
Entonces viene lo más cercano: «En aquel día», Dios lo tomará y lo pondrá «como anillo de sellar». Es el anillo con que se firmaba, algo que se lleva en la mano y se cuida. La razón no es lo que Zorobabel haya logrado, sino lo que Dios hizo: «porque yo te escogí». Quien hoy sirve en lo suyo sin ver flores puede aprender de aquí cómo mira Dios a quien le sirve.
Hay un tiempo de esperar sin flores, y Dios habla también en ese tiempo: no espera a ver la cosecha para comprometerse, ni pide que todo esté florecido para tomar a alguien en su mano. Mucho después, Jesús dijo a sus discípulos que no lo habían escogido ellos a él, sino él a ellos, y que los escogió para que dieran fruto.
Para vivirlo hoy
Busca cinco minutos en algún momento del día y siéntate en silencio, sin el teléfono. Lee despacio, dos veces, las palabras de Dios a Zorobabel: yo te escogí. Después quédate un minuto en silencio, sin pedir nada, solo con esa frase. Si llega una preocupación, déjala pasar y vuelve a las palabras.
Para meditar
- ¿En qué parte de tu vida estás esperando ver flores, y qué has puesto ya en marcha aunque todavía no se note?
- Dios dice poned vuestro corazón, dos veces, y fija un día concreto para empezar. ¿Desde qué día podrías poner el corazón entero en algo que has hecho por inercia?
- Dios escoge a un gobernador con nombre propio. ¿Qué cambia en ti al saber que a Dios le importa quién eres, no solo lo que produces?
Oración
Dios fiel, que hablas de bendición cuando la vid y la higuera aún no han florecido, gracias porque no esperas a que se vea el fruto para comprometerte. Gracias porque tu palabra mira a los reinos y también a un hombre con nombre, a quien escoges. Enséñame a esperar en el tiempo sin flores, a poner el corazón entero en lo que hago hoy y a confiar en tu mano cuando no veo resultados. Amén.