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Arrepentimiento y restauración

Dios pide volver y promete volverse hacia nosotros

Lectura · Zacarías 1:1-15

1EN el mes octavo, en el año segundo de Darío, fué palabra de Jehová á Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo:

2Enojóse Jehová con ira contra vuestros padres.

3Les dirás pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos á mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré á vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.

4No seáis como vuestros padres, á los cuales dieron voces los primeros profetas, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos ahora de vuestros malos caminos, y de vuestras malas obras: y no atendieron, ni me escucharon, dice Jehová.

5Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas ¿han de vivir para siempre?

6Empero mis palabras y mis ordenanzas que mandé á mis siervos los profetas, ¿no alcanzaron á vuestros padres? Por eso se volvieron ellos y dijeron: Como Jehová de los ejércitos pensó tratarnos conforme á nuestros caminos, y conforme á nuestras obras, así lo hizo con nosotros.

7A los veinticuatro del mes undécimo, que es el mes de Sebath, en el año segundo de Darío, fué palabra de Jehová á Zacarías profeta, hijo de Berechîas, hijo de Iddo, diciendo:

8Vi de noche, y he aquí un varón que cabalgaba sobre un caballo bermejo, el cual estaba entre los mirtos que había en la hondura; y detrás de él había caballos bermejos, overos, y blancos.

9Entonces dije: ¿Qué son éstos, señor mío? Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Yo te enseñaré qué son éstos.

10Y aquel varón que estaba entre los mirtos respondió, y dijo: Estos son los que Jehová ha enviado á recorrer la tierra.

11Y ellos hablaron á aquel ángel de Jehová que estaba entre los mirtos, y dijeron: Hemos recorrido la tierra, y he aquí, toda la tierra está reposada y quieta.

12Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?

13Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias á aquel ángel que hablaba conmigo.

14Y díjome el ángel que hablaba conmigo: Clama diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Celé á Jerusalem y á Sión con gran celo:

15Y con grande enojo estoy airado contra las gentes que están reposadas; porque yo estaba enojado un poco, y ellos ayudaron para el mal.

Zacarías 1:1-15

Dios se enoja de verdad con el mal, y aun así es quien abre la puerta del regreso. Zacarías recibe una palabra de Jehová en el segundo año del rey Darío, y lo primero que oye no es un halago: «Enojóse Jehová con ira contra vuestros padres». Pero enseguida llega la invitación: «Volveos á mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré á vosotros». Dios pide un paso y promete dar el suyo.

Zacarías recuerda después a esos antepasados. Los profetas de antes les habían pedido que dejaran sus malos caminos, pero no atendieron. Vienen entonces dos preguntas que hacen pensar: «Vuestros padres, ¿dónde están? y los profetas ¿han de vivir para siempre?». Las personas pasan, tanto las que escuchan como las que hablan. Las palabras de Dios, en cambio, alcanzaron a aquellos padres, que al final se volvieron y reconocieron que Dios los había tratado conforme a sus caminos y a sus obras.

Después Zacarías cuenta una visión de noche. Ve a un hombre sobre un caballo rojizo, entre los mirtos, en un lugar hondo; detrás de él hay caballos rojizos, manchados y blancos. Pregunta qué son, y el ángel que habla con él promete enseñárselo. Son los que Jehová ha enviado a recorrer la tierra, y vuelven con su informe: «toda la tierra está reposada y quieta». Reposada quiere decir tranquila, sin sobresaltos.

Ese informe suena a calma, pero deja una pregunta abierta, porque Jerusalén sigue esperando piedad. El ángel de Jehová la formula: «¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años?». Airado es enojado. Dios no responde con reproche: responde con palabras buenas, palabras de consuelo. Quien sigue a Jesús oye aquí un eco de lo que su fe afirma: que hay quien ruega por nosotros ante Dios.

Lo que Dios manda anunciar es intenso: «Celé á Jerusalem y á Sión con gran celo». Celo es aquí un amor que no se queda de brazos cruzados. Después viene algo duro que no conviene callar: Dios está con grande enojo contra las naciones que viven tranquilas, porque él estuvo enojado un poco, «y ellos ayudaron para el mal». Una manera de leerlo es que esas naciones sumaron daño donde Dios solo quería corregir. Lo seguro es que Dios no mira con indiferencia lo que se hace a los suyos.

Todos arrastramos algo que quedó torcido: una relación que se enfrió, una costumbre que sabemos que nos daña, una promesa que dejamos de cumplir. A veces creemos que volver exige arreglarlo todo antes, y por eso lo dejamos para después. Este pasaje muestra otro orden: en la misma frase en que Dios pide volver a él, promete volverse hacia nosotros. Las personas pasan, pero su palabra sigue alcanzándonos. ¿Qué es lo primero que te gustaría decirle hoy, sabiendo que él promete volverse hacia ti?

Para vivirlo hoy

Mañana, en cuanto abras los ojos y antes de mirar el teléfono, di en voz baja: «Volveos á mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré á vosotros». Después, con tus propias palabras y en una sola frase, cuéntale a Dios cómo amaneces y en qué quieres cambiar de rumbo. No hace falta más que eso: repite este minuto cada mañana, durante los próximos días, sin esperar a tener todo en orden.

Para meditar

  • ¿Qué cosa de tu vida ha quedado torcida, y qué pasaría si se la presentaras a Dios tal como está?
  • ¿Qué te dice sobre Dios que responda con palabras de consuelo a quien le pregunta hasta cuándo?
  • ¿Qué palabras de Dios te han seguido alcanzando, mucho después de que pasaran las personas que te las dijeron?

Oración

Ayúdame a volver a ti hoy, con lo que traigo y sin esperar a tener todo en orden. Gracias porque tu palabra sigue en pie cuando las personas pasan, y porque a quien te pregunta hasta cuándo respondes con consuelo. Te enojas con el mal y tienes celo por los tuyos; enséñame a confiar en esas dos cosas a la vez. Acuérdate de quienes llevan tiempo esperando compasión, y hazles sentir tu cercanía. Yo vuelvo a ti, y cuento con que tú te vuelves hacia mí. Amén.

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