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Juicio y misericordia

Avisó antes del granizo, y Moisés oró por Faraón

Lectura · Éxodo 9:19-35

19Envía, pues, á recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo; porque todo hombre ó animal que se hallare en el campo, y no fuere recogido á casa, el granizo descenderá sobre él, y morirá.

20De los siervos de Faraón el que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus criados y su ganado á casa:

21Mas el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo.

22Y Jehová dijo á Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto.

23Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego discurría por la tierra; y llovió Jehová granizo sobre la tierra de Egipto.

24Hubo pues granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fué habitada.

25Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo hirió el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país.

26Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo.

27Entonces Faraón envió á llamar á Moisés y á Aarón, y les dijo: He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos.

28Orad á Jehová: y cesen los truenos de Dios y el granizo; y yo os dejaré ir, y no os detendréis más.

29Y respondióle Moisés: En saliendo yo de la ciudad extenderé mis manos á Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra.

30Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del Dios Jehová.

31El lino, pues, y la cebada fueron heridos; porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña.

32Mas el trigo y el centeno no fueron heridos; porque eran tardíos.

33Y salido Moisés de con Faraón de la ciudad, extendió sus manos á Jehová, y cesaron los truenos y el granizo; y la lluvia no cayó más sobre la tierra.

34Y viendo Faraón que la lluvia había cesado y el granizo y los truenos, perseveró en pecar, y agravó su corazón, él y sus siervos.

35Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir á los hijos de Israel; como Jehová lo había dicho por medio de Moisés.

Éxodo 9:19-35

Este pasaje afirma dos cosas que a veces cuesta juntar: la tierra es de Dios, y él avisa antes de que caiga el golpe. Lo primero lo dice Moisés a Faraón: «para que sepas que de Jehová es la tierra». Lo segundo está en la primera línea de la lectura: «Envía, pues, á recoger tu ganado, y todo lo que tienes en el campo». Antes del granizo hubo aviso, y con el aviso, una manera de ponerse a salvo. El Dios que aquí se muestra es poderoso y, a la vez, cuidadoso.

Tras el aviso, cada quien hizo algo distinto. Entre los siervos de Faraón, «el que temió la palabra de Jehová, hizo huir sus criados y su ganado á casa», es decir, los puso a resguardo. Pero «el que no puso en su corazón la palabra de Jehová, dejó sus criados y sus ganados en el campo». Mismo rey, misma palabra, dos respuestas. Lo que separa a unos de otros no es su cargo ni su fuerza, sino lo que hicieron con lo que oyeron.

Entonces Moisés extiende su vara, y llega el granizo con truenos y fuego. El pasaje no lo suaviza: hirió a personas y animales que estaban en el campo, arrasó la hierba y quebró las ramas de los árboles. Es una lectura dura, y la Biblia la cuenta como juicio de Dios sobre un rey que no dejaba ir a los hijos de Israel. Aun así queda un detalle: «Solamente en la tierra de Gosén, donde los hijos de Israel estaban, no hubo granizo».

Faraón manda llamar a Moisés y a Aarón, y dice palabras que suenan a arrepentimiento: «He pecado esta vez: Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos», sin respeto a Dios. Pide oración para que cesen los truenos y promete dejarlos ir. Moisés le responde que sí, que extenderá sus manos a Jehová. Y le dice con franqueza: «Mas yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia del Dios Jehová».

Cesan los truenos y el granizo, y Faraón vuelve a lo mismo: «perseveró en pecar, y agravó su corazón», es decir, siguió en lo mismo y se volvió más duro. El pasaje termina con ese corazón endurecido, tal como Jehová lo había dicho por medio de Moisés. La oración de Moisés detuvo la tormenta, pero no cambió el corazón del rey. En la urgencia se promete mucho y, cuando vuelve la calma, la vida suele regresar a su costumbre.

Mira ahora lo que hace Moisés. Sabe que Faraón y sus siervos todavía no temerán a Dios, y aun así sale de la ciudad y extiende sus manos a Jehová. El texto no dice qué sentía; solo dice que oró y que cesó el granizo. Queda una imagen sobria: alguien que dice la verdad sin rodeos y, aun así, ora por quien no espera que cambie. Si hay una persona así en tu vida, este pasaje no te pide que esperes un giro de su parte; te muestra a Moisés orando por ella.

Para vivirlo hoy

Elige a una persona con la que la relación se ha desgastado y de quien no esperas mucho cambio. Hoy ora por ella con su nombre, en voz alta y sin pedir resultados. No hace falta escribirle ni decírselo: si acercarte a esa persona no es seguro, ora desde donde estás y déjalo ahí.

Para meditar

  • Un siervo de Faraón puso a salvo a los suyos porque temió la palabra de Jehová. ¿Qué significa para ti tomar en serio hoy lo que Dios dice?
  • ¿Por quién te cuesta orar porque no esperas que cambie, y qué puedes aprender de que Moisés orara por alguien cuya respuesta ya conocía?
  • ¿Qué te dice de Dios que avise antes del granizo y cuide a Gosén, y cómo cambia eso tu manera de mirarlo?

Oración

¡Tuya es la tierra, y aun así avisas antes de que caiga el granizo! Me asombra que tu poder vaya acompañado de tanto cuidado: una palabra a tiempo, un camino para ponerse a salvo, un rincón de Gosén donde tu pueblo fue guardado. Dame un corazón que tome en serio lo que dices. Y como Moisés, enséñame a orar por quien no espero que cambie, y a no cerrarle mi corazón. Amén.

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