Trabajo y vocación
Una familia con nombres y un llamado para quien duda de su voz
Lectura · Éxodo 6:19-30
19Y los hijos de Merari: Mahali, y Musi: estas son las familias de Leví por sus linajes.
20Y Amram tomó por mujer á Jochêbed su tía; la cual le parió á Aarón y á Moisés. Y los años de la vida de Amram fueron ciento treinta y siete años.
21Y los hijos de Izhar: Cora, y Nepheg y Zithri.
22Y los hijos de Uzziel: Misael, y Elzaphán y Zithri.
23Y tomóse Aarón por mujer á Elisabeth, hija de Aminadab, hermana de Naasón; la cual le parió á Nadab, y á Abiú, y á Eleazar y á Ithamar.
24Y los hijos de Cora: Assir, y Elcana, y Abiasaph: estas son las familias de los Coritas.
25Y Eleazar, hijo de Aarón, tomó para sí mujer de las hijas de Phutiel, la cual le parió á Phinees: y estas son las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias.
26Este es aquel Aarón y aquel Moisés, á los cuales Jehová dijo: Sacad á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones.
27Estos son los que hablaron á Faraón rey de Egipto, para sacar de Egipto á los hijos de Israel. Moisés y Aarón fueron estos.
28Cuando Jehová habló á Moisés en la tierra de Egipto,
29Entonces Jehová habló á Moisés, diciendo: Yo soy JEHOVÁ; di á Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo á ti.
30Y Moisés respondió delante de Jehová: He aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oir Faraón?
Hay días en que te encargan algo que te queda grande: pedir una respuesta en una ventanilla, hablar con alguien que nunca escucha, tocar en casa un tema que todos esquivan, o hacerte cargo del cuidado de una persona. Tal vez piensas que no tienes la palabra fácil, que a ti nadie te hace caso, que mejor lo haga otra persona. Es una sensación muy común. Y es, más o menos, lo que se oye al final de esta lectura, después de una larga lista de nombres.
Los versículos empiezan con familias: los hijos de Merari, de Izhar, de Uzziel, de Cora. Amram toma por mujer a Jochêbed, que «le parió á Aarón y á Moisés», es decir, les dio a luz. Aarón se casa con Elisabeth y tienen cuatro hijos: Nadab, Abiú, Eleazar e Ithamar. Un hijo de Eleazar, Phinees, cierra la lista. Todo esto son «las cabezas de los padres de los Levitas por sus familias», los jefes de las familias de Leví.
El texto no explica para qué tantos nombres, pero sí muestra adónde llega la lista: «Este es aquel Aarón y aquel Moisés, á los cuales Jehová dijo: Sacad á los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus escuadrones», en orden, por grupos. Los dos que irán a hablar ante el rey tienen madre, padre, hijos y una casa concreta dentro del pueblo. Dios no llama a figuras sin historia; llama a personas con nombre y con familia.
Luego Dios habla: «Yo soy JEHOVÁ; di á Faraón rey de Egipto todas las cosas que yo te digo á ti». Mira el orden. Primero se presenta y después envía. Lo que Moisés debe decir no sale de su ingenio ni de su facilidad para hablar: son las cosas que Dios le dice a él. Y la tarea es concreta: es a Faraón, rey de Egipto, a quien debe hablar.
Moisés responde delante de Jehová, con franqueza: «He aquí, yo soy incircunciso de labios, ¿cómo pues me ha de oir Faraón?». Es una expresión de otro tiempo; hoy diríamos que no se siente buen orador, que le cuesta hablar. En esta lectura nadie lo reprende, y nada más se dice. Su franqueza nos da permiso para decirle también a Dios, tal cual, lo que sentimos que nos falta.
Hoy, antes de pensar en cómo lo dirás, en quién te escuchará o en cuánto te falta, detente en el orden que sigue el texto: primero viene quién habla, después lo que se pide. Tal vez la lista de tu propia familia, con sus nombres y sus límites, te recuerde que nadie llega sin compañía a lo que le toca hacer. Puedes empezar tu encargo de esta semana por donde Dios empezó con Moisés: «Yo soy JEHOVÁ».
Para vivirlo hoy
Toma una hoja y anota los nombres de las personas de tu familia, de sangre o de cariño, que te trajeron hasta hoy: abuelos, tíos, quien te crió, quien te acompañó. Después da gracias a Dios por cada nombre, en voz alta y sin prisa. Basta con eso.
Para meditar
- ¿Qué encargo de esta semana te parece más grande que tus palabras, y qué cambiaría si lo comenzaras recordando quién es Dios?
- ¿Qué personas de tu familia, de sangre o de cariño, han sido eslabones de tu historia, y cómo podrías reconocerlas esta semana?
- ¿Qué te cuesta decirle a Dios tal como lo sientes, y qué pasaría si hoy se lo dijeras con la franqueza de Moisés?
Oración
«He aquí, yo soy incircunciso de labios», es decir, hoy también se me traban las palabras cuando más las necesito. Aun así vengo delante de ti tal como soy, con mi familia, mi historia y mis límites. Gracias porque llamas a personas con nombre y con casa, no a figuras sin historia. Ponme en la boca lo que tú quieras que diga y dame calma para hablar con quien no escucha. Que mi palabra de mañana nazca de saber quién eres tú. Amén.