Fe y confianza
Zanjas en un valle seco antes de ver el agua
Lectura · 2 Reyes 3:1-17
1Y JORAM hijo de Achâb comenzó á reinar en Samaria sobre Israel el año dieciocho de Josaphat rey de Judá; y reinó doce años.
2E hizo lo malo en ojos de Jehová, aunque no como su padre y su madre; porque quitó las estatuas de Baal que su padre había hecho.
3Mas allegóse á los pecados de Jeroboam, hijo de Nabat, que hizo pecar á Israel; y no se apartó de ellos.
4Entonces Mesa rey de Moab era propietario de ganados, y pagaba al rey de Israel cien mil corderos y cien mil carneros con sus vellones.
5Mas muerto Achâb, el rey de Moab se rebeló contra el rey de Israel.
6Y salió entonces de Samaria el rey Joram, é inspeccionó á todo Israel.
7Y fué y envió á decir á Josaphat rey de Judá: El rey de Moab se ha rebelado contra mí: ¿irás tú conmigo á la guerra contra Moab? Y él respondió: Iré, porque como yo, así tú; como mi pueblo, así tu pueblo; como mis caballos, así también tus caballos.
8Y dijo: ¿Por qué camino iremos? Y él respondió: Por el camino del desierto de Idumea.
9Partieron pues el rey de Israel, y el rey de Judá, y el rey de Idumea; y como anduvieron rodeando por el desierto siete días de camino, faltóles el agua para el ejército, y para las bestias que los seguían.
10Entonces el rey de Israel dijo: ¡Ah! que ha llamado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas.
11Mas Josaphat dijo: ¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos á Jehová por él? Y uno de los siervos del rey de Israel respondió y dijo: Aquí está Eliseo hijo de Saphat, que daba agua á manos á Elías.
12Y Josaphat dijo: Este tendrá palabra de Jehová. Y descendieron á él el rey de Israel, y Josaphat, y el rey de Idumea.
13Entonces Eliseo dijo al rey de Israel: ¿Qué tengo yo contigo? Ve á los profetas de tu padre, y á los profetas de tu madre. Y el rey de Israel le respondió: No: porque ha juntado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas.
14Y Eliseo dijo: Vive Jehová de los ejércitos, en cuya presencia estoy, que si no tuviese respeto al rostro de Josaphat rey de Judá, no mirara á ti, ni te viera.
15Mas ahora traedme un tañedor. Y mientras el tañedor tocaba, la mano de Jehová fué sobre Eliseo.
16Y dijo: Así ha dicho Jehová: Haced en este valle muchas acequias.
17Porque Jehová ha dicho así: No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados.
Siete días de camino rodeando el desierto de Idumea, y el agua se acabó. Faltaba para el ejército y también para las bestias que lo seguían. Tres reyes, el de Israel, el de Judá y el de Idumea, habían salido juntos a la guerra contra Moab, y todavía no habían visto a un solo enemigo. La campaña que parecía tan bien armada se detuvo en la tierra seca por lo más sencillo: no había con qué beber.
Así habían llegado hasta allí. Joram, hijo de Acab, reinaba en Samaria. Hizo lo malo delante de Jehová, aunque no como su padre y su madre, porque quitó las estatuas de Baal; pero se quedó pegado a los pecados de Jeroboam. Mesa, rey de Moab, pagaba cien mil corderos y cien mil carneros con su lana; muerto Acab, se rebeló. Joram pidió ayuda a Josafat, que respondió: «Iré, porque como yo, así tú; como mi pueblo, así tu pueblo».
Joram lee la sed de un modo sombrío: «¡Ah! que ha llamado Jehová estos tres reyes para entregarlos en manos de los Moabitas». Ya decidió cómo termina la historia. Josafat pregunta otra cosa: «¿No hay aquí profeta de Jehová, para que consultemos á Jehová por él?». Un siervo nombra a Eliseo, que había servido a Elías echándole agua sobre las manos. Y Josafat responde: «Este tendrá palabra de Jehová».
Cuando los tres reyes bajan hasta él, Eliseo no suaviza nada. A Joram le dice: «Ve á los profetas de tu padre, y á los profetas de tu madre». Y añade que, de no ser por respeto al rostro de Josafat, ni siquiera lo miraría. Aun así, la palabra llega. Pide un tañedor, hoy diríamos un músico, y mientras el músico tocaba, «la mano de Jehová fué sobre Eliseo». Entonces habla: «Haced en este valle muchas acequias», es decir, muchas zanjas para el agua.
Fíjate en el orden. Primero las zanjas, después el agua. Y el agua no vendrá como se esperaba: «No veréis viento, ni veréis lluvia, y este valle será lleno de agua, y beberéis vosotros, y vuestras bestias, y vuestros ganados». No hay nubes que mirar ni señal en el cielo. Hay una palabra y una tarea sencilla. Aquí Dios se muestra atento a la sed de todo un ejército, hasta la de sus animales, aunque la sequía llegó por un camino que ellos mismos escogieron.
Todos hemos llegado alguna vez a un valle seco: un mes en que el dinero no alcanza, un trámite que no avanza, una espera larga que empezó con buenos planes. Este pasaje no promete que cada sequía se resuelva así. Muestra algo más modesto: que Dios puede hablar donde solo parece haber tierra seca, y que su palabra a veces pide primero un trabajo pequeño. Imagina una zanja recién cavada bajo un cielo sin una nube. No es el agua; es el lugar donde el agua va a caber.
Para vivirlo hoy
Durante los próximos tres días, elige algo que estés esperando y cada día haz una tarea pequeña que lo prepare, sin buscar ninguna señal: ordenar los papeles de un trámite, apuntar lo que dirás en una conversación pendiente, despejar el lugar donde vas a trabajar. No pidas resultados todavía. Alcanza con cavar la zanja de hoy y dejar el agua en manos de Dios.
Para meditar
- ¿Qué valle seco tienes hoy por delante, y qué tarea pequeña podrías hacer ahora, aunque todavía no veas cómo llegará el agua?
- Josafat preguntó si había allí un profeta de Jehová para consultar a Jehová. ¿Qué haces tú primero cuando te falta lo necesario?
- Mientras el músico tocaba, la mano de Jehová estuvo sobre Eliseo. ¿Qué te ayuda a ti a quedarte en calma y escuchar cuando la situación aprieta?
Oración
Dame manos dispuestas para cavar la zanja que me pides, aunque el cielo siga sin una nube. Gracias porque en el camino del desierto de Idumea, cuando al ejército le faltó el agua, hubo una palabra tuya para tres reyes, para sus bestias y para sus ganados. También hoy nos falta algo necesario y no siempre sabemos por dónde seguir. Enséñanos a preguntar por ti, como Josafat, y a esperar tu palabra sin prisa. Cuando no vea viento ni lluvia, recuérdame que tu palabra puede llenar el valle. Amén.