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Creación y providencia

Unas asnas perdidas y un criado con una moneda

Lectura · 1 Samuel 9:1-13

1Y HABÍA un varón de Benjamín, hombre valeroso, el cual se llamaba Cis, hijo de Abiel, hijo de Seor, hijo de Bechôra, hijo de Aphia, hijo de un hombre de Benjamín.

2Y tenía él un hijo que se llamaba Saúl, mancebo y hermoso, que entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; del hombro arriba sobrepujaba á cualquiera del pueblo.

3Y habíanse perdido las asnas de Cis, padre de Saúl; por lo que dijo Cis á Saúl su hijo: Toma ahora contigo alguno de los criados, y levántate, y ve á buscar las asnas.

4Y él pasó al monte de Ephraim, y de allí á la tierra de Salisa, y no las hallaron. Pasaron luego por la tierra de Saalim, y tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, y no las encontraron.

5Y cuando vinieron á la tierra de Suph, Saúl dijo á su criado que tenía consigo: Ven, volvámonos; porque quizá mi padre, dejado el cuidado de las asnas, estará congojado por nosotros.

6Y él le respondió: He aquí ahora hay en esta ciudad un hombre de Dios, que es varón insigne: todas las cosas que él dijere, sin duda vendrán. Vamos pues allá: quizá nos enseñará nuestro camino por donde hayamos de ir.

7Y Saúl respondió á su criado: Vamos ahora: ¿mas qué llevaremos al varón? Porque el pan de nuestras alforjas se ha acabado, y no tenemos qué presentar al varón de Dios: ¿qué tenemos?

8Entonces tornó el criado á responder á Saúl, diciendo: He aquí se halla en mi mano la cuarta parte de un siclo de plata: esto daré al varón de Dios, porque nos declare nuestro camino.

9(Antiguamente en Israel cualquiera que iba á consultar á Dios, decía así: Venid y vamos hasta el vidente: porque el que ahora se llama profeta, antiguamente era llamado vidente).

10Dijo entonces Saúl á su criado: Bien dices; ea pues, vamos. Y fueron á la ciudad donde estaba el varón de Dios.

11Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, hallaron unas mozas que salían por agua, á las cuales dijeron: ¿Está en este lugar el vidente?

12Y ellas respondiéndoles, dijeron: Sí; helo aquí delante de ti: date pues priesa, porque hoy ha venido á la ciudad en atención á que el pueblo tiene hoy sacrificio en el alto.

13Y cuando entrareis en la ciudad, le encontraréis luego, antes que suba al alto á comer; pues el pueblo no comerá hasta que él haya venido, por cuanto él haya de bendecir el sacrificio, y después comerán los convidados. Subid pues ahora, porque ahora le hallaréis.

1 Samuel 9:1-13

Dios sabe llegar a lo que quiere por el camino más común. En este pasaje no hay voz del cielo ni fuego ni ángel: hay unas asnas perdidas, un padre que manda a su hijo a buscarlas y un viaje sin resultado. El texto no dice que Dios dirigiera cada paso; lo dice la fe de quien lee la historia completa, y esa fe reconoce su presencia hasta en lo que parece un simple trámite del día.

Todo empieza con Cis, un hombre valeroso de Benjamín, y con su hijo Saúl, joven y hermoso: «del hombro arriba sobrepujaba á cualquiera del pueblo», que quiere decir que a todos sobrepasaba en altura. De su corazón, por ahora, el relato no dice nada. Se pierden las asnas de Cis, es decir, sus burras, y Saúl sale con un criado a buscarlas. Pasan por Efraín y Salisa, luego por Saalim, luego por Benjamín. Tres veces el mismo resultado: nada.

En la tierra de Suf, Saúl propone volver: su padre, dice, quizá esté preocupado por ellos. Entonces habla el criado: «hay en esta ciudad un hombre de Dios». Todo lo que ese hombre dice, asegura, se cumple, y quizá pueda mostrarles el camino. Saúl pregunta qué llevarle si el pan se acabó, y el criado responde que tiene en la mano «la cuarta parte de un siclo de plata». Saúl contesta: «Bien dices».

El texto añade entre paréntesis que antes, en Israel, quien iba a consultar a Dios decía: «Venid y vamos hasta el vidente». Vidente es el que hoy llamamos profeta: había, pues, alguien a quien acudir con una pregunta delante de Dios. Las jóvenes que salían por agua les dicen que ese hombre «hoy ha venido á la ciudad» y que, si suben, lo hallarán: «Subid pues ahora, porque ahora le hallaréis». Todo coincide en un mismo día, justo cuando ellos llegan, y el relato lo cuenta sin detenerse a explicarlo.

Casi todos tenemos una búsqueda que no ha dado resultado: un trabajo, una respuesta, una reconciliación, algo que se perdió y no aparece. Este pasaje no promete que toda búsqueda termine bien. Muestra un modo de caminar: seguir buscando con lo que hay a mano, escuchar a quien propone otra idea y preguntar a quien conoce a Dios. Lo que llevaban era poco: pan ya no quedaba, y en la mano solo una moneda pequeña. El texto no la alaba ni la reprocha; cuenta que la tenían.

Saúl estuvo a punto de volverse, y aún quedaba a quién preguntar. Hoy, si algo no aparece o un camino se acaba, haz antes una pausa de un minuto. Cuéntale a Dios qué buscas y pídele que te enseñe por dónde seguir. Luego mira lo que ya llevas en la mano, por pequeño que sea, y da con eso el paso siguiente.

Para vivirlo hoy

Durante los próximos tres días, elige un momento fijo, por ejemplo al terminar de comer o antes de dormir, y dedica un minuto a decirle a Dios qué búsqueda traes entre manos y qué cosa pequeña llevas contigo para ella. Anótalo en una sola línea. Al tercer día, relee esas líneas y agradece lo que hayas notado, aunque sea poco.

Para meditar

  • ¿En qué búsqueda de estos días has recorrido varios caminos sin encontrar lo que buscabas?
  • ¿Quién ha sido para ti como aquel criado, alguien que te propuso un camino en el que no habías pensado?
  • ¿Qué tienes hoy a mano, aunque parezca poco, con lo que puedes dar el próximo paso?

Oración

«Quizá nos enseñará nuestro camino», decía un criado con una moneda en la mano, y así vengo yo hoy: con poco y con una pregunta. Dios mío, tú sabes guiar por caminos comunes, por unas asnas perdidas y una senda larga. Enséñame a reconocer tu cuidado en lo corriente de mis días. Dame humildad para escuchar a quien me propone otra ruta, y ánimo para seguir buscando cuando nada aparece. Lo que llevo en la mano, poco o mucho, lo uso hoy para dar el próximo paso; acompáñame en él. Amén.

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