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Sufrimiento y consuelo

El niño al que su madre llamó Icabod

Lectura · 1 Samuel 4:15-22

15Era ya Eli de edad de noventa y ocho años, y sus ojos se habían entenebrecido, de modo que no podía ver.

16Dijo pues aquel hombre á Eli: Yo vengo de la batalla, yo he escapado hoy del combate. Y él dijo: ¿Qué ha acontecido, hijo mío?

17Y el mensajero respondió, y dijo: Israel huyó delante de los Filisteos, y también fué hecha gran mortandad en el pueblo; y también tus dos hijos, Ophni y Phinees, son muertos, y el arca de Dios fué tomada.

18Y aconteció que como él hizo mención del arca de Dios, Eli cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y quebrósele la cerviz, y murió: porque era hombre viejo y pesado. Y había juzgado á Israel cuarenta años.

19Y su nuera, la mujer de Phinees, que estaba preñada, cercana al parto, oyendo el rumor que el arca de Dios era tomada, y muertos su suegro y su marido, encorvóse y parió; porque sus dolores se habían ya derramado por ella.

20Y al tiempo que se moría, decíanle las que estaban junto á ella: No tengas temor, porque has parido un hijo. Mas ella no respondió, ni paró mientes.

21Y llamó al niño Ichâbod, diciendo: ¡Traspasada es la gloria de Israel! por el arca de Dios que fué tomada, y porque era muerto su suegro, y su marido.

22Dijo pues: Traspasada es la gloria de Israel: porque el arca de Dios fué tomada.

1 Samuel 4:15-22

Hay esperas que se pasan mirando una puerta: el pasillo de una clínica, el teléfono sobre la mesa. Y hay noticias que llegan una tras otra, sin espacio para respirar. Uno las escucha y no sabe qué contestar, mientras alrededor las personas dicen frases bienintencionadas que no alcanzan a entrar. Así es la escena de este pasaje: una cadena de noticias y dos personas que la reciben.

Eli tiene noventa y ocho años y «sus ojos se habían entenebrecido», que quiere decir que se le habían oscurecido y no podía ver. Está sentado junto a la puerta. Un hombre le dice que viene de la batalla, y él pregunta: «¿Qué ha acontecido, hijo mío?». El mensajero le cuenta cuatro cosas: Israel huyó, hubo gran mortandad, sus dos hijos, Ofni y Finees, han muerto, y el arca de Dios fue tomada. Al oír mencionar el arca, y no antes, Eli cae hacia atrás de la silla y muere. Había juzgado a Israel cuarenta años.

En la ciudad hay otra persona que recibe la noticia. La mujer de Finees, nuera de Eli, está embarazada y cerca del parto. Oye el rumor de que el arca fue tomada y de que han muerto su suegro y su marido, se encorva y da a luz, porque le sobrevinieron los dolores. Mientras se muere, las mujeres que están junto a ella le dicen: «No tengas temor, porque has parido un hijo». Ella «no respondió, ni paró mientes», es decir, ni contestó ni hizo caso.

Antes de morir le pone nombre al niño, Icabod, y dice: «Traspasada es la gloria de Israel». Aquí «traspasada» quiere decir que se fue, que se la llevaron. El nombre guarda la pérdida del arca y también la de su suegro y su marido. El texto no cuenta que Dios hablara en esta escena ni explica lo que había detrás: solo muestra cómo ella ve perdida el arca de Dios, su gloria. La Biblia sigue después de este capítulo, y quien lee con fe sabe que la historia de Dios con su pueblo no termina aquí.

Hoy también hay noticias que nos dejan sin respuesta: una llamada a media tarde, un diagnóstico, un despido. Si una pérdida así te está aplastando, no la atravieses en silencio: dile a tu pastor o a alguien cercano cómo estás, y ante cualquier riesgo para tu vida, llama de inmediato a un servicio de ayuda profesional. La Biblia dirá más adelante que Dios quiso estar cerca de las personas viviendo entre ellas, en Jesús.

No hace falta contestarlo todo el mismo día. El texto no le exige nada a la mujer de Finees: no le pide una respuesta ni le reprocha su silencio. Quizá lo único que podemos hacer por alguien que recibe una noticia así es quedarnos cerca, sin discursos, y repetir despacio lo poco que alcanza a decirse, aunque no haya respuesta: «No tengas temor».

Para vivirlo hoy

Hoy o mañana, siéntate cinco minutos en silencio, sin música ni pantallas. Lee despacio, en voz baja, la frase «No tengas temor» y quédate un rato con ella, sin pedir nada ni buscar respuesta. Si llega una preocupación, déjala pasar y vuelve a la frase.

Para meditar

  • ¿Qué noticia de las que has recibido te dejó sin palabras, y quién se quedó a tu lado sin exigirte una respuesta?
  • ¿Cómo podrías acompañar esta semana a alguien que atraviesa una pérdida, sin llenar el silencio con frases que no alcanzan?
  • ¿Qué lugar ocupa hoy en tu vida la presencia de Dios, eso que la mujer de Finees nombró como la gloria de Israel?

Oración

Acompaña a quien hoy espera una noticia junto a una puerta, y a quien ya la recibió y no encuentra qué contestar. Gracias porque tu Palabra no esconde estas horas y nos deja llegar a ellas tal como son. Dame paciencia para quedarme cerca de alguien sin llenar el silencio con palabras que sobran. Y cuando lo que más valoro se lo lleve el tiempo o la pérdida, que tu presencia, y no mis certezas, sea lo que me sostenga. Amén.

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