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Oración

Una oración que da gracias desde el vientre del pez

Lectura · Jonás 2:1-10

1MAS Jehová había prevenido un gran pez que tragase á Jonás: y estuvo Jonás en el vientre del pez tres días y tres noches.

2Y oró Jonás desde el vientre del pez á Jehová su Dios,

3Y dijo: Clamé de mi tribulación á Jehová, y él me oyó; del vientre del sepulcro clamé, y mi voz oiste.

4Echásteme en el profundo, en medio de los mares, y rodeóme la corriente; todas tus ondas y tus olas pasaron sobre mí.

5Y yo dije: Echado soy de delante de tus ojos: mas aun veré tu santo templo.

6Las aguas me rodearon hasta el alma, rodeóme el abismo; la ova se enredó á mi cabeza.

7Descendí á las raíces de los montes; la tierra echó sus cerraduras sobre mí para siempre: mas tú sacaste mi vida de la sepultura, oh Jehová Dios mío.

8Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová; y mi oración entró hasta ti en tu santo templo.

9Los que guardan las vanidades ilusorias, su misericordia abandonan.

10Yo empero con voz de alabanza te sacrificaré; pagaré lo que prometí. La salvación pertenece á Jehová. Y mandó Jehová al pez, y vomitó á Jonás en tierra.

Jonás 2:1-10

En toda la oración de Jonás no hay una sola petición. Léela despacio, del versículo 3 al 9, y no encontrarás un ruego de rescate ni un pedido de ayuda. Cuenta lo que ya ocurrió: «Clamé de mi tribulación á Jehová, y él me oyó». Habla de haber sido oído y de haber sido sacado de la sepultura, y lo dice todavía desde el vientre del pez. Es una oración que agradece antes de ver la orilla.

El capítulo empieza diciendo que Jehová había prevenido un gran pez que tragase a Jonás. Prevenido, en el castellano de hoy, quiere decir preparado: el pez no llegó por casualidad. Allí, tres días y tres noches, Jonás describe lo hondo que llegó a estar: las ondas y las olas pasando sobre él, las aguas rodeándolo «hasta el alma», la ova, que es alga marina, enredada en su cabeza, y la tierra que parecía echar sus cerraduras sobre él «para siempre».

Lo que sostiene a Jonás en el fondo no es una emoción, sino un acto de memoria: «Cuando mi alma desfallecía en mí, acordéme de Jehová». Acordéme quiere decir que se acordó, y a esa memoria sigue una certeza: su oración «entró hasta ti en tu santo templo». Se ve a un Dios que oye desde el fondo del mar, que había preparado el pez y que al final manda a ese mismo pez, y este vomita a Jonás en tierra.

Entre tanta agua, Jonás deja caer una frase seria: quienes se aferran a cosas vacías, que ilusionan y no dan nada, dejan atrás la misericordia. No la usa para amenazar a nadie: enseguida dice lo que él elige, que es ofrecer su sacrificio con voz de alabanza y cumplir lo que prometió. Hoy uno también toca fondo de muchas maneras: una noticia, una deuda, un cansancio que no cede. Si te reconoces ahí, no sigas solo en ese fondo: habla con tu pastor o con alguien de confianza, y si piensas en hacerte daño, busca ayuda profesional sin tardanza.

Jesús habló de estos tres días y tres noches como una señal de lo que él mismo pasaría en la tierra, antes de volver a la vida. La sepultura fue para él lo que el pez para Jonás: un lugar cerrado del que solo Dios puede sacar. Por eso quien lee con fe cristiana oye, en la última frase de la oración, «La salvación pertenece á Jehová», algo más que el final de un salmo antiguo.

Jonás ni siquiera ha salido del pez y ya está dando las gracias, ya se propone cumplir lo prometido. Nada en su situación cambió todavía, y sin embargo su voz suena distinta. ¿Qué diría tu oración de hoy si empezara por lo que Dios ya ha hecho, y no por lo que aún falta?

Para vivirlo hoy

Piensa en alguien de tu vida que hoy pasa por un tramo hondo: una enfermedad, una pérdida, una racha de trabajo duro. Esta semana escríbele o llámale y dile, sin consejos ni explicaciones, que has pensado en esa persona y que estás disponible para escuchar.

Para meditar

  • ¿Desde qué fondo de tu vida podrías hablarle hoy a Dios, sabiendo que no hace falta llegar con la petición perfecta?
  • ¿Qué cosas vacías, que ilusionan y no dan nada, te cuesta soltar en estos días?
  • ¿A quién le haría bien saber que alguien recordó su nombre delante de Dios?

Oración

Gracias, Dios mío, porque desde el fondo del mar, donde ninguna voz llega, oíste la de Jonás. Gracias porque pusiste un pez donde parecía no haber salida y porque al final le mandaste vomitarlo en tierra. Enséñame a acordarme de ti cuando el ánimo desfallece, y a decir, con voz de alabanza, que «La salvación pertenece á Jehová». Acompaña a quienes hoy están en un lugar hondo y no ven la salida. Amén.

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