Sabiduría
Una mesa en paz, una discusión a tiempo y un amigo en la angustia
Lectura · Proverbios 17:1-26
1MEJOR es un bocado seco, y en paz, que la casa de contienda llena de víctimas.
2El siervo prudente se enseñoreará del hijo que deshonra, y entre los hermanos partirá la herencia.
3El crisol para la plata, y la hornaza para el oro: mas Jehová prueba los corazones.
4El malo está atento al labio inicuo; y el mentiroso escucha á la lengua detractora.
5El que escarnece al pobre, afrenta á su Hacedor: y el que se alegra en la calamidad, no quedará sin castigo.
6Corona de los viejos son los hijos de los hijos; y la honra de los hijos, sus padres.
7No conviene al necio la altilocuencia: ¡cuánto menos al príncipe el labio mentiroso!
8Piedra preciosa es el cohecho en ojos de sus dueños: á donde quiera que se vuelve, da prosperidad.
9El que cubre la prevaricación, busca amistad: mas el que reitera la palabra, aparta al amigo.
10Aprovecha la reprensión en el entendido, más que si cien veces hiriese en el necio.
11El rebelde no busca sino mal; y mensajero cruel será contra él enviado.
12Mejor es se encuentre un hombre con una osa á la cual han robado sus cachorros, que con un fatuo en su necedad.
13El que da mal por bien, no se apartará el mal de su casa.
14El que comienza la pendencia es como quien suelta las aguas: deja pues la porfía, antes que se enmarañe.
15El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos á dos son abominación á Jehová.
16¿De qué sirve el precio en la mano del necio para comprar sabiduría, no teniendo entendimiento?
17En todo tiempo ama el amigo; y el hermano para la angustia es nacido.
18El hombre falto de entendimiento toca la mano, fiando á otro delante de su amigo.
19La prevaricación ama el que ama pleito; y el que alza su portada, quebrantamiento busca.
20El perverso de corazón nunca hallará bien: y el que revuelve con su lengua, caerá en mal.
21El que engendra al necio, para su tristeza lo engendra: y el padre del fatuo no se alegrará.
22El corazón alegre produce buena disposición: mas el espíritu triste seca los huesos.
23El impío toma dádiva del seno, para pervertir las sendas del derecho.
24En el rostro del entendido aparece la sabiduría: mas los ojos del necio vagan hasta el cabo de la tierra.
25El hijo necio es enojo á su padre, y amargura á la que lo engendró.
26Ciertamente no es bueno condenar al justo, ni herir á los príncipes que hacen lo recto.
Es martes por la noche. Llegas a casa y la cena está servida, abundante, pero nadie habla porque a media tarde hubo una discusión que nadie cerró. Hay comida de sobra y falta paz. El primer proverbio de este capítulo conoce esa mesa: «Mejor es un bocado seco, y en paz, que la casa de contienda llena de víctimas». Víctimas quiere decir aquí la carne de los banquetes; contienda, pelea.
El texto no dice que la abundancia sea mala; dice que la paz vale más. Y enseguida da un consejo muy práctico: «El que comienza la pendencia es como quien suelta las aguas: deja pues la porfía, antes que se enmarañe». Pendencia es riña, porfía es discutir por terquedad y enmarañarse, enredarse sin remedio. Una discusión empieza con un hilo de agua, y cuando ya corre nadie la devuelve. Conviene cortarla al principio.
Otro proverbio mira lo que hacemos con las faltas ajenas: «El que cubre la prevaricación, busca amistad: mas el que reitera la palabra, aparta al amigo». La prevaricación es aquí la falta de otro, y reiterar la palabra, repetir el asunto una y otra vez. Hoy sería el chat familiar o la conversación de pasillo, donde lo que alguien hizo pasa de boca en boca para dejarlo en ridículo. Cubrir no es callar un abuso ni encubrir un delito: eso se dice a quien puede proteger a la víctima. Cubrir es no hacer circular la falta ajena.
El capítulo mira también el dinero, con claridad: de nada sirve tener con qué pagar si falta entendimiento, porque la sabiduría no se compra. Nombra el soborno, que el texto llama cohecho, y lo describe como una piedra preciosa para quien lo maneja, porque abre puertas. Pero Dios no lo ve así: «El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos á dos son abominación á Jehová», es decir, los dos, el que declara inocente al culpable y el que declara culpable al inocente. Eso también pone un límite al cubrir.
Y en medio de tanto consejo práctico hay una línea sencilla: «En todo tiempo ama el amigo; y el hermano para la angustia es nacido». Nacido quiere decir que nace para la hora difícil. Un amigo de verdad no se mide en los días buenos, sino cuando la angustia llega. Jesús llamó amigos a sus discípulos y los amó hasta el final. Y esta semana podemos ser eso mismo para alguien, con una llamada o con un rato sin apuro.
Nada de esto ocurre sin testigo: «El crisol para la plata, y la hornaza para el oro: mas Jehová prueba los corazones». La hornaza es el horno, y el crisol, el recipiente donde un metal muestra de qué está hecho. El mismo capítulo dice que quien se burla del pobre afrenta a su Hacedor: Dios es el Hacedor de cada persona.
Para vivirlo hoy
Hoy, en un momento tranquilo, lee despacio tres veces esta frase: «En todo tiempo ama el amigo». Después quédate un minuto en silencio, sin pedir ni resolver nada, y deja que llegue a tu mente el nombre de alguien a quien podrías hacerle sentir eso esta semana. Dale gracias a Dios por ese nombre y sigue con tu día.
Para meditar
- ¿Qué conversación que empezó pequeña podrías cortar hoy antes de que se enrede?
- ¿Qué falta ajena podrías dejar de repetir esta semana?
- ¿Quién necesita hoy un amigo o una amiga en su hora difícil, y cómo podrías serlo?
Oración
Dios que pruebas los corazones, examina el mío con la paciencia con que se prueba el oro. Tú eres el Hacedor de cada persona, también de la que tiene poco, y no quiero olvidarlo cuando hable de alguien. Vale más un bocado sencillo en paz que una casa llena de comida y de pleitos; ayúdame a apagar a tiempo lo que empieza como un hilo de agua. Y hazme presente, sin apuro, en la angustia de alguien, como el amigo que ama en todo tiempo. Amén.