Dios y las naciones
Una lista de nombres que llega hasta Abraham
Lectura · 1 Crónicas 1:1-41
1ADAM, Seth, Enos,
2Cainán, Mahalaleel, Jared,
3Enoch, Mathusalem, Lamech,
4Noé, Sem, Châm, y Japhet.
5Los hijos de Japhet: Gomer, Magog, Dadai, Javán, Tubal, Mesec, y Thiras.
6Los hijos de Gomer: Askenaz, Riphath, y Thogorma.
7Los hijos de Javán: Elisa, Tharsis, Chîthim, y Dodanim.
8Los hijos de Châm: Chûs, Misraim, Phuth, y Canaán.
9Los hijos de Chûs: Seba, Havila, Sabtha, Raema, y Sabtechâ. Y los hijos de Raema: Seba y Dedán.
10Chûs engendró á Nimrod: éste comenzó á ser poderoso en la tierra.
11Misram engendró á Ludim, Ananim, Laabim, Nephtuim,
12Phetrusim y Casluim: de éstos salieron los Filisteos, y los Caphtoreos.
13Canaán engendró á Sidón, su primogénito;
14Y al Hetheo, y al Jebuseo, y al Amorrheo, y al Gergeseo;
15Y al Heveo, y al Araceo, y al Sineo;
16Al Aradeo, y al Samareo, y al Hamatheo.
17Los hijos de Sem: Elam, Assur, Arphaxad, Lud, Aram, Hus, Hul, Gether, y Mesec.
18Arphaxad engendró á Sela, y Sela engendró á Heber.
19Y á Heber nacieron dos hijos: el nombre del uno fué Peleg, por cuanto en sus días fué dividida la tierra; y el nombre de su hermano fué Joctán.
20Y Joctán engendró á Elmodad, Seleph, Asarmaveth, y Jera,
21A Adoram también, á Uzal, Dicla,
22Hebal, Abimael, Seba,
23Ophir, Havila, y Jobab: todos hijos de Joctán.
24Sem, Arphaxad, Sela,
25Heber, Peleg, Reu,
26Serug, Nachôr, Thare,
27Y Abram, el cual es Abraham.
28Los hijos de Abraham: Isaac é Ismael.
29Y estas son sus descendencias: el primogénito de Ismael, Nabajoth; después Cedar, Adbeel, Misam,
30Misma, Duma, Maasa, Hadad, Thema, Jetur, Naphis, y Cedma. Estos son los hijos de Ismael.
31Y Cethura, concubina de Abraham, parió á Zimram, Jocsán, Medán, Madián, Isbac, y á Súa.
32Los hijos de Jobsán: Seba y Dedán.
33Los hijos de Madián: Epha, Epher, Henoch, Abida, y Eldaa; todos estos fueron hijos de Cethura.
34Y Abraham engendró á Isaac: y los hijos de Isaac fueron Esaú é Israel.
35Los hijos de Esaú: Eliphas, Rehuel, Jeus, Jalam, y Cora.
36Los hijos de Eliphas: Themán, Omar, Sephi, Hatham, Chênas, Timna, y Amalec.
37Los hijos de Rehuel: Nahath, Zera, Samma, y Mizza.
38Los hijos de Seir: Lotán, Sobal, Sibeón, Ana, Disón, Eser, y Disán.
39Los hijos de Lotán: Hori, y Homam: y Timna fué hermana de Lotán.
40Los hijos de Sobal: Alian, Manahach, Ebal, Sephi y Oman. Los hijos de Sibehom: Aia y Ana.
41Disón fué hijo de Ana: y los hijos de Disón; Hamrán, Hesbán, Ithran y Chêrán.
¿Por qué una Biblia que cuenta tantas historias gasta un capítulo entero en nombres que casi nadie sabe pronunciar? Este libro empieza con «ADAM, Seth, Enos,» y sigue sin escenas ni diálogos. A primera vista parece un trámite. Pero mirada con calma, la lista misma dice algo: alguien decidió que cada nombre mereciera su lugar. De eso se trata hoy, de lo que significa que la historia humana se cuente persona por persona.
El recorrido sigue un orden. Primero van diez nombres que llegan de Adán a Noé, y luego sus tres hijos: «Noé, Sem, Châm, y Japhet». De cada uno se abren ramas. Entre tanto nombre asoman pequeñas notas. De Nimrod se dice que «éste comenzó á ser poderoso en la tierra». De Peleg, que se llamó así «por cuanto en sus días fué dividida la tierra». Y siguiendo la rama de Sem, generación tras generación, la línea desemboca en «Abram, el cual es Abraham».
Lo llamativo es que la lista no se queda en una sola rama. Nombra a los hijos de Japhet, a los de Châm y a los de Sem. Con Abraham, apunta a «los hijos de Abraham: Isaac é Ismael», después a los hijos de Cethura y, al final, a los de Esaú. Sobre algunos, el texto dice que «de éstos salieron los Filisteos, y los Caphtoreos». El pasaje no explica por qué anota a todos. Quien lee con fe puede ver ahí a un Dios que conoce a cada persona, no solo a los de casa.
Hay algo muy humano en esto. Aparecen nombres como Hadad, Thema, Jetur y Naphis, que hoy no le dicen nada a nadie. Muchas personas conocen el temor de pasar por el mundo sin dejar rastro, entre miles de contactos en el teléfono o en una ciudad donde nadie saluda. Esta página dice otra cosa: cada uno fue alguien, con su familia, y su nombre quedó escrito. Importar no depende de que te recuerden muchos.
La lista, además, es un puente. Empieza en Adán, el primer nombre, y llega a Abraham, y los evangelios recogen la línea de antepasados de Jesús repasando varios de estos mismos nombres. En Cristo, la larga historia de la familia humana, con sus ramas grandes y sus ramas olvidadas, encuentra su centro. Él no llega de la nada: llega a esta historia concreta, con sus nombres, y la lleva a su cumplimiento.
Piensa en una mesa larga de familia, con una tarjeta escrita a mano en cada puesto. Nadie está de paso, a nadie se le pregunta primero qué hizo. Esta lista se parece a esa mesa, solo que mucho más larga: desde el primer puesto, donde dice Adán, hasta Hamrán, Hesbán, Ithran y Chêrán, los últimos del capítulo. Y junto a cada nombre, un lugar.
Para vivirlo hoy
Toma una hoja y escribe tres nombres de personas que, de cerca o de lejos, hicieron posible que hoy estés donde estás: quien te enseñó algo, quien te ayudó en un momento difícil, quien te abrió una puerta. Míralos un momento y da gracias por ellos en voz alta. Nada más: tres nombres y una gratitud, y la hoja guardada donde la veas.
Para meditar
- ¿Qué nombres de tu propia historia, que casi nadie recuerda, te han sostenido más de lo que has podido decirles?
- ¿A quién que hoy pasa desapercibido a tu alrededor podrías llamar por su nombre esta semana?
- ¿Qué cambia en ti saber que ninguno de los nombres de esta lista quedó sin su lugar en la historia?
Oración
Dios de Abraham, de Isaac y de todos los que aparecen en esta lista, gracias porque en tu historia cabe cada nombre, aun los que hoy nadie recuerda. Enséñame a mirar con ese mismo cuidado a las personas que se cruzan conmigo, las que tengo cerca y las que apenas conozco. Acuérdate de quienes sienten que nadie los recuerda, y muéstrales que valen. Ayúdame a agradecer a quienes me precedieron y me acompañan, sabiendo que mi nombre no es desconocido para ti. Amén.