Verdad e integridad
Un solo Jesús y una entrega sin doble fondo
Lectura · 2 Corintios 11:1-21
1OJALÁ toleraseis un poco mi locura; empero toleradme.
2Pues que os celo con celo de Dios; porque os he desposado á un marido, para presentaros como una virgen pura á Cristo.
3Mas temo que como la serpiente engañó á Eva con su astucia, sean corrompidos así vuestros sentidos en alguna manera, de la simplicidad que es en Cristo.
4Porque si el que viene, predicare otro Jesús que el que hemos predicado, ó recibiereis otro espíritu del que habéis recibido, ú otro evangelio del que habéis aceptado, lo sufrierais bien.
5Cierto pienso que en nada he sido inferior á aquellos grandes apóstoles.
6Porque aunque soy basto en la palabra, empero no en la ciencia: mas en todo somos ya del todo manifiestos á vosotros.
7¿Pequé yo humillándome á mí mismo, para que vosotros fueseis ensalzados, porque os he predicado el evangelio de Dios de balde?
8He despojado las otras iglesias, recibiendo salario para ministraros á vosotros.
9Y estando con vosotros y teniendo necesidad, á ninguno fuí carga; porque lo que me faltaba, suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia: y en todo me guardé de seros gravoso, y me guardaré.
10Es la verdad de Cristo en mí, que esta gloria no me será cerrada en las partes de Acaya.
11¿Por qué? ¿porque no os amo? Dios lo sabe.
12Mas lo que hago, haré aún, para cortar la ocasión de aquellos que la desean, á fin de que en aquello que se glorían, sean hallados semejantes á nosotros.
13Porque éstos son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, transfigurándose en apóstoles de Cristo.
14Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz.
15Así que, no es mucho si también sus ministros se transfiguran como ministros de justicia; cuyo fin será conforme á sus obras.
16Otra vez digo: Que nadie me estime ser loco; de otra manera, recibidme como á loco, para que aun me gloríe yo un poquito.
17Lo que hablo, no lo hablo según el Señor, sino como en locura, con esta confianza de gloria.
18Pues que muchos se glorían según la carne, también yo me gloriaré.
19Porque de buena gana toleráis los necios, siendo vosotros sabios:
20Porque toleráis si alguno os pone en servidumbre, si alguno os devora, si alguno toma, si alguno se ensalza, si alguno os hiere en la cara.
21Dígolo cuanto á la afrenta, como si nosotros hubiésemos sido flacos. Empero en lo que otro tuviere osadía (hablo con locura), también yo tengo osadía.
Pablo estuvo en Corinto con necesidad y a ninguno fue carga. Lo que le faltaba lo suplieron «los hermanos que vinieron de Macedonia». Ahora, lejos de ellos, tiene que recordarlo, y empieza pidiendo paciencia: que le toleren «un poco mi locura». Más adelante aclara que no habla como quien habla según el Señor, sino como en locura. Sabe que defenderse así puede sonar a necedad, y aun así lo hace, porque hay algo mayor en juego.
Ese algo mayor es lo que él llama «celo de Dios»: un cuidado ardiente por los corintios, como quien vela por lo que ama. Usa la imagen de una boda: los comprometió con un solo esposo, Cristo, y quiere presentárselos puros. Teme que, así como la serpiente engañó a Eva con su astucia, los pensamientos de ellos se aparten de «la simplicidad que es en Cristo», una entrega sencilla y sin dobleces. Y señala lo extraño: si llegara alguien a predicar «otro Jesús», otro espíritu u otro evangelio, ellos lo aguantarían muy bien.
Luego viene la defensa, y es sobria. Pablo no se cree menos que los llamados grandes apóstoles. Reconoce que no habla con pulido, pero que sabe de lo que habla. Recuerda que les predicó el evangelio sin cobrarles, mientras otras iglesias le daban sostén. Se adelanta a que alguien piense que no cobró porque no los amaba, y responde con una frase corta: «Dios lo sabe». No se defiende con argumentos, sino con esa mirada que ve lo que hay por dentro.
Después el tono se endurece. Pablo llama falsos apóstoles y obreros fraudulentos a quienes se disfrazan de apóstoles de Cristo, y añade algo que cuesta leer: «el mismo Satanás se transfigura en ángel de luz». Lo que brilla no siempre viene de Dios. El texto dice que el fin de esos ministros disfrazados será conforme a sus obras, y no lo dice para amenazar a nadie, sino para mostrar que Dios mira las obras y no los disfraces.
Hoy también hay voces que suenan bien y llevan a otra parte. No siempre gritan: a veces hablan de Jesús con palabras hermosas y se ponen a sí mismas en el centro. Pablo enumera lo que los corintios soportaban: que los pongan en servidumbre, que los devoren, que les quiten, que se ensalcen sobre ellos, que hasta les golpeen la cara. Lo dice con ironía, porque se creen sabios. Si algo así te ocurre, aunque venga envuelto en palabras religiosas, sácalo a la luz con una persona de confianza ajena a quien te trata mal, y si tu seguridad está en riesgo, busca ayuda profesional sin demora.
Lo contrario de todo eso es la sencillez que Pablo defiende. Es como una maleta sin doble fondo: lo que se ve por fuera es lo que se lleva dentro. Así vivió entre ellos, sin cobrar y sin esconder nada, y así cabe vivir cuando el Jesús que uno anuncia es el mismo que se recibió.
Para vivirlo hoy
Piensa esta semana en una persona concreta de tu vida a quien le falte algo: dinero, tiempo, compañía. Sin que te lo pida, hazle llegar un gesto: una comida, una llamada larga, una ayuda con lo que tenga pendiente. Hazlo sin esperar nada a cambio y sin contarlo después. Así lo hicieron con Pablo unos hermanos que llegaron de lejos.
Para meditar
- ¿Cómo distingues una enseñanza sobre Jesús que solo suena bien de la que de verdad lo presenta como es?
- ¿Quién ha cubierto alguna vez lo que te faltaba sin que se lo pidieras, y cómo se lo agradeciste?
- ¿En qué parte de tu vida te haría bien vivir con más sencillez, sin doble fondo?
Oración
Gracias por los hermanos que vinieron de Macedonia y cubrieron lo que a Pablo le faltaba, sin ruido y sin cuentas. Gracias porque él cuidó de los corintios con un celo que venía de ti, y porque quería presentarlos a un solo Cristo, el verdadero. Tú sabes lo que hay detrás de cada palabra y de cada gesto, y nada se te oculta. Guárdanos de otro Jesús y de otro evangelio. Danos una entrega sencilla, ojos para ver lo que solo brilla por fuera, y manos dispuestas a dar sin cobrar. Amén.