Servicio y generosidad
Dar desde la pobreza es una gracia recibida
Lectura · 2 Corintios 8:1-19
1ASIMISMO, hermanos, os hacemos saber la gracia de Dios que ha sido dada á las iglesias de Macedonia:
2Que en grande prueba de tribulación, la abundancia de su gozo y su profunda pobreza abundaron en riquezas de su bondad.
3Pues de su grado han dado conforme á sus fuerzas, yo testifico, y aun sobre sus fuerzas;
4Pidiéndonos con muchos ruegos, que aceptásemos la gracia y la comunicación del servicio para los santos.
5Y no como lo esperábamos, mas aun á sí mismos se dieron primeramente al Señor, y á nosotros por la voluntad de Dios.
6De manera que exhortamos á Tito, que como comenzó antes, así también acabe esta gracia entre vosotros también.
7Por tanto, como en todo abundáis, en fe, y en palabra, y en ciencia, y en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, que también abundéis en esta gracia.
8No hablo como quien manda, sino para poner á prueba, por la eficacia de otros, la sinceridad también de la caridad vuestra.
9Porque ya sabéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor de vosotros se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
10Y en esto doy mi consejo; porque esto os conviene á vosotros, que comenzasteis antes, no sólo á hacerlo, mas aun á quererlo desde el año pasado.
11Ahora pues, llevad también á cabo el hecho, para que como estuvisteis prontos á querer, así también lo estéis en cumplir conforme á lo que tenéis.
12Porque si primero hay la voluntad pronta, será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene.
13Porque no digo esto para que haya para otros desahogo, y para vosotros apretura;
14Sino para que en este tiempo, con igualdad, vuestra abundancia supla la falta de ellos, para que también la abundancia de ellos supla vuestra falta, porque haya igualdad;
15Como está escrito: El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos.
16Empero gracias á Dios que dió la misma solicitud por vosotros en el corazón de Tito.
17Pues á la verdad recibió la exhortación; mas estando también muy solícito, de su voluntad partió para vosotros.
18Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio es por todas las iglesias;
19Y no sólo esto, mas también fué ordenado por las iglesias el compañero de nuestra peregrinación para llevar esta gracia, que es administrada de nosotros para gloria del mismo Señor, y para demostrar vuestro pronto ánimo:
Nadie les exigió nada. Unas iglesias de Macedonia, en medio de una prueba dura y de una pobreza profunda, pidieron con muchos ruegos que se les dejara ayudar. Pablo lo llama «la gracia de Dios» dada a esas iglesias: una colecta para socorrer a hermanos en la fe. Pablo dice que «la abundancia de su gozo y su profunda pobreza» se desbordaron en una generosidad inmensa, dada por su propia voluntad y aun más de lo que sus fuerzas permitían.
Lo que más sorprende a Pablo es el orden: primero se entregaron ellos mismos, pues «se dieron primeramente al Señor». Antes que el dinero, el corazón. Con ese ejemplo anima a Tito a terminar entre los corintios lo que había empezado, y les habla con delicadeza: reconoce lo que ya abundan, en fe, en palabra, en conocimiento y en amor, y los invita a abundar también en esta gracia. Aclara: «No hablo como quien manda». Lo de Macedonia fue un impulso libre, y Pablo no lo impone como medida para nadie.
Entonces pone el centro de todo. Los corintios ya conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que «se hizo pobre, siendo rico; para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Jesús no solo se hizo hombre; se hizo pobre, y lo hizo por ellos. De ahí sale la razón más honda para dar: no la culpa ni la comparación, sino que vivimos de la generosidad de Cristo.
Después viene un consejo, no un mandato. Los corintios habían empezado el año anterior, no solo a hacerlo sino a quererlo, y ahora Pablo les pide llevarlo a cabo según lo que tienen. Añade una frase que alivia: la voluntad pronta «será acepta por lo que tiene, no por lo que no tiene». Dios no pide lo que no está en tus manos. Las buenas intenciones son como brotes y flores, bonitos de ver, que esperan su fruto; y el fruto que Dios recibe es el posible.
Pablo aclara qué busca: no quiere que otros vivan con desahogo y los corintios con apretura, sino que hoy la abundancia de unos supla la falta de otros, y mañana sea al revés. Lo ilustra con el maná del desierto: «El que recogió mucho, no tuvo más; y el que poco, no tuvo menos.» Por eso, antes de dar conviene cubrir lo básico de tu casa y tus deudas; dar no es para hundirse ni para endeudarse. También cuida los detalles: Tito va por su propia voluntad, y las iglesias eligen a un hermano de buen nombre para acompañar la ofrenda.
El bolsillo es un lugar sensible. Muchos oímos hablar de dar y sentimos un peso, como una cuenta más por pagar. Este pasaje lo presenta al revés: la oportunidad de ayudar es un regalo, algo por lo cual se puede estar agradecido. Tal vez tu aporte sea poco dinero, o tiempo, o una visita, o un turno de cuidado a una familia. Las iglesias que dieron en su pobreza nos recuerdan que la alegría no depende de que sobre.
Para vivirlo hoy
Hay algo que ya querías hacer por un hermano o una hermana en necesidad y que has ido dejando: una ayuda, una visita, un rato de cuidado. Hazlo según lo que tienes, sin compararte, y antes de dar, agradece a Dios la oportunidad. Cubre primero lo básico de tu casa y tus deudas; no te endeudes por dar. Y si eres tú quien está en apuros, acepta ayuda sin vergüenza: recibir también forma parte de este plan.
Para meditar
- ¿Veo las oportunidades de ayudar como una carga o como un regalo de Dios?
- ¿Qué buena intención mía sigue esperando volverse un hecho, según lo que tengo?
- Jesús se hizo pobre para enriquecerme. ¿Cómo puedo darle gracias por eso antes de pensar en cuánto dar?
Oración
Padre, gracias por la gracia de tu Hijo, que siendo rico se hizo pobre para que yo fuera enriquecido. Líbrame de dar por culpa o por comparación. Dame un corazón dispuesto, que primero se entregue a ti, y sabiduría para dar sin descuidar a los míos. Enséñame a ver lo que tengo, aunque sea poco, y a ofrecerlo con alegría. Y cuando yo sea quien necesite, ayúdame a recibir de manos hermanas sin vergüenza. Que todo lo que se dé y se reciba entre nosotros sea para tu gloria. Amén.