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Justicia y compasión

Un Dios que ve todos los pasos y oye a los necesitados

Lectura · Job 34:1-29

1ADEMÁS respondió Eliú, y dijo:

2Oid, sabios, mis palabras; y vosotros, doctos, estadme atentos.

3Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer.

4Escojamos para nosotros el juicio, conozcamos entre nosotros cuál sea lo bueno:

5Porque Job ha dicho: Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho.

6¿He de mentir yo contra mi razón? Mi saeta es gravosa sin haber yo prevaricado.

7¿Qué hombre hay como Job, que bebe el escarnio como agua?

8Y va en compañía con los que obran iniquidad, y anda con los hombres maliciosos.

9Porque ha dicho: De nada servirá al hombre el conformar su voluntad con Dios.

10Por tanto, varones de seso, oidme: Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad.

11Porque él pagará al hombre según su obra, y él le hará hallar conforme á su camino.

12Sí, por cierto, Dios no hará injusticia, y el Omnipotente no pervertirá el derecho.

13¿Quién visitó por él la tierra? ¿y quién puso en orden todo el mundo?

14Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento,

15Toda carne perecería juntamente, y el hombre se tornaría en polvo.

16Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: escucha la voz de mis palabras.

17¿Enseñorearáse el que aborrece juicio? ¿y condenarás tú al que es tan justo?

18¿Hase de decir al rey: Perverso; y á los príncipes: Impíos?

19¿Cuánto menos á aquel que no hace acepción de personas de príncipes, ni el rico es de él más respetado que el pobre? porque todos son obras de sus manos.

20En un momento morirán, y á media noche se alborotarán los pueblos, y pasarán, y sin mano será quitado el poderoso.

21Porque sus ojos están sobre los caminos del hombre, y ve todos sus pasos.

22No hay tinieblas ni sombra de muerte donde se encubran los que obran maldad.

23No carga pues él al hombre más de lo justo, para que vaya con Dios á juicio.

24El quebrantará á los fuertes sin pesquisa, y hará estar otros en su lugar.

25Por tanto él hará notorias las obras de ellos, cuando los trastornará en la noche, y serán quebrantados.

26Como á malos los herirá en lugar donde sean vistos:

27Por cuanto así se apartaron de él, y no consideraron todos sus caminos;

28Haciendo venir delante de él el clamor del pobre, y que oiga el clamor de los necesitados.

29Y si él diere reposo, ¿quién inquietará? si escondiere el rostro, ¿quién lo mirará? Esto sobre una nación, y lo mismo sobre un hombre;

Job 34:1-29

«Lejos esté de Dios la impiedad, y del Omnipotente la iniquidad». Así habla Eliú, y sus palabras vienen después de citar a Job: «Yo soy justo, y Dios me ha quitado mi derecho». Impiedad e iniquidad son dos palabras antiguas para la maldad y la injusticia, y el Omnipotente es el Todopoderoso. Antes de seguir, Eliú pide a los presentes que escuchen con cuidado: el oído prueba las palabras como el paladar prueba la comida. Propone escoger juntos lo que es bueno.

Después describe lo que él ve en Job. Dice que bebe el escarnio, o sea la burla, como quien bebe agua, que anda con los que hacen el mal y que ha dicho que de nada sirve querer lo que Dios quiere. Son acusaciones de Eliú, y el pasaje no nos da más que sus palabras. Lo que sí queda claro es lo que él defiende con fuerza: que Dios no hace injusticia ni tuerce el derecho, y que trata al hombre conforme a su camino.

Su argumento sigue: nadie le encargó a Dios el gobierno de la tierra ni el orden del mundo, porque ese orden es suyo. Si él retirara su espíritu y su aliento, toda carne perecería y el hombre volvería al polvo. Cada respiración que tomamos hoy depende de él. Por eso Eliú pregunta si puede gobernar quien aborrece el derecho, y si Job se atreverá a condenar al que es tan justo.

Luego usa una comparación. Si a un rey nadie le dice perverso, ni impíos a los príncipes, menos aún se puede hablar así de Dios, que «no hace acepción de personas»: no favorece a nadie ni respeta más al rico que al pobre. Él «ve todos sus pasos», y no hay tinieblas donde puedan esconderse los que hacen maldad. Tampoco carga al hombre más de lo justo.

Lo que sigue es duro y no conviene suavizarlo. Eliú dice que Dios quebranta a los fuertes sin necesidad de investigar, que pone a otros en su lugar y que los hiere donde todos los vean. El motivo que da es concreto: se apartaron de él y no consideraron sus caminos, y así hicieron llegar ante él «el clamor del pobre». En este relato, lo que llega a los oídos de Dios es el clamor de quienes nadie escucha.

Hoy también hay quienes se preguntan si alguien ve lo que pasa: el trabajador al que no pagan lo justo, la familia que espera una respuesta que no llega, quien ve que a otro le va bien sin merecerlo. Este pasaje no explica todo, pero deja algo firme: Dios no hace favoritos, no se le escapa ningún paso y oye a los necesitados. Nadie vale más ni menos a sus ojos, «porque todos son obras de sus manos».

Para vivirlo hoy

Hoy, lee despacio esta frase, dos o tres veces: «que oiga el clamor de los necesitados». Después quédate un minuto en silencio pensando en una persona concreta que hoy necesita ser escuchada, y déjala en manos de Dios, que sí oye.

Para meditar

  • ¿A quién conoces que hoy necesita que alguien oiga su clamor, y qué te frena para acercarte?
  • Eliú pide oír con cuidado, como el paladar prueba la comida: ¿qué palabras necesitas probar con más calma antes de creerlas?
  • Si Dios no hace favoritos, ¿en qué trato de cada día podrías dejar de mirar más a unos que a otros?

Oración

Te confieso que, cuando veo que a unos les va bien sin merecerlo y a otros no les queda salida, se me hace cuesta arriba confiar en que tu justicia es de verdad. También me cuesta actuar: paso de largo ante quien clama porque no sé qué decirle. Pon en mí un oído atento, como el tuyo. Guárdame de hablar de ti con seguridad cuando lo que necesita quien sufre es compañía. Y sostén a quienes hoy nadie escucha, porque tú sí los escuchas. Amén.

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