Saltar al contenido

Temor de Dios

Ante una luz que no deja a nadie fuera

Lectura · Job 25:1-6

1Y RESPONDIÓ Bildad Suhita, y dijo:

2El señorío y el temor están con él: él hace paz en sus alturas.

3¿Tienen sus ejércitos número? ¿y sobre quién no está su luz?

4¿Cómo pues se justificará el hombre con Dios? ¿y cómo será limpio el que nace de mujer?

5He aquí que ni aun la misma luna será resplandeciente, ni las estrellas son limpias delante de sus ojos:

6¿Cuánto menos el hombre que es un gusano, y el hijo de hombre, también gusano?

Job 25:1-6

¿Cómo puede una persona sentirse en paz delante de un Dios tan grande? Esa es la pregunta que abre este pasaje, y quien la plantea es Bildad, cuando responde a Job. Habla poco, apenas seis versículos, pero cada frase pesa. No se detiene en discusiones: va directo a la grandeza de Dios y a la distancia que hay entre él y nosotros. Quizá lo has sentido frente al mar o bajo un cielo lleno de estrellas: no hace falta decir mucho para notar cuánto más grande que uno es todo lo demás.

Empieza por Dios. «El señorío y el temor están con él»: a él le pertenecen el mando y el respeto que inspira. Y añade: «él hace paz en sus alturas», es decir, allá arriba, donde él vive, hay un orden tranquilo que él mismo pone. Luego pregunta si sus ejércitos tienen número, que es otro modo de decir que no se pueden contar, y sobre quién no está su luz. La imagen es la de alguien cuyo poder no se puede medir y cuya luz no deja a nadie fuera.

Después el discurso baja la mirada hacia nosotros: «cómo pues se justificará el hombre con Dios». Justificarse quiere decir salir sin culpa, quedar bien delante de él. Pregunta también cómo será limpio el que nace de mujer. Ni la luna, dice, resplandece del todo, y «ni las estrellas son limpias delante de sus ojos». Si eso pasa con lo más luminoso del cielo, mucho menos una persona. Llega entonces la palabra más dura: gusano. Es una comparación que hiere, dicha a Job, y el texto no la suaviza.

Lo que este pasaje muestra de Dios es grandeza, orden y luz: alguien a quien nada iguala y cuya luz alcanza a cada persona. Hoy nos sentimos pequeños de muchas maneras: ante un jefe, una deuda, una enfermedad, una lista de pendientes que crece más rápido que nuestras fuerzas. Entender que no somos nosotros quienes sostenemos el mundo puede aliviar más de lo que parece. Hay alguien más grande que todo eso, y hace paz donde nosotros solo alcanzamos a ver ruido.

La pregunta de Bildad, cómo será limpio el que nace de mujer, no queda sin respuesta para quienes seguimos a Cristo: en Jesús, Dios mismo se acerca a los que no pueden limpiarse por sí mismos. Aun así, la grandeza que Bildad describe sigue en pie, y puede ser un lugar donde descansar, no solo un motivo para sentirnos pequeños. Y si su luz no deja a nadie fuera, ¿qué cambia hoy al saberla también sobre ti?

Para vivirlo hoy

Hoy, antes de que termine el día, tómate cinco minutos de silencio. Mira algo grande, el cielo, el cerro o la calle a oscuras desde tu ventana, y di en voz baja que Dios es más grande que lo que hoy te preocupa. Después sigue con tu día sin apuro.

Para meditar

  • ¿Ante qué persona o situación te sientes hoy poca cosa, y qué cambia si recuerdas quién es más grande que ella?
  • ¿Qué carga estás sosteniendo como si dependiera solo de ti, y qué pasaría si la pusieras hoy en manos de Dios?
  • ¿En qué momento de tu día podrías mirar hacia arriba, aunque sea un minuto, y agradecer la luz que Dios pone sobre todos?

Oración

Gracias porque tu luz no deja a nadie fuera, ni a quien se siente pequeño ni a quien se cree grande. Gracias porque en tus alturas hay paz, y esa paz no depende de mis fuerzas. Me inclino ante tu grandeza y te pido un corazón que no compita contigo ni con nadie. Cuando me sienta poca cosa, acércame a ti; cuando me crea más de lo que soy, hazme volver a la verdad. La limpieza que yo no puedo darme, que la reciba de Jesús. Amén.

WhatsApp