Familia y hogar
Un camino heredado y un rey que lo siguió
Lectura · 1 Reyes 22:53
53E hizo lo malo en los ojos de Jehová, y anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat, que hizo pecar á Israel: Porque sirvió á Baal, y lo adoró, y provocó á ira á Jehová Dios de Israel, conforme á todas las cosas que su padre había hecho.
¿Qué recibimos de quienes nos criaron, además del apellido y de algunos gestos en la mesa? Este versículo, el último del libro, contesta con una palabra sencilla: un camino. Habla de un rey de Israel que, según el relato que lo rodea, era hijo de Acab y de Jezabel, y dice que «anduvo en el camino de su padre, y en el camino de su madre, y en el camino de Jeroboam hijo de Nabat». Tres caminos, y los tres llevaban al mismo lugar.
El versículo empieza con un juicio: «E hizo lo malo en los ojos de Jehová», es decir, a la vista de Dios. Y termina con una razón: el rey sirvió a Baal, lo adoró y provocó la ira de Jehová, Dios de Israel. La última frase lo compara con su padre: hizo conforme a todas las cosas que su padre había hecho. Nada queda oculto: el libro cierra dejando a la vista el camino que siguió y a quién servía.
Aquí se habla de un rey que sirvió a Baal y de la ira de Jehová, y son palabras graves. En este versículo no se cuenta más, y no hace falta agregarle nada. Lo que sí llama la atención es lo que este final deja de lado: no menciona el poder del rey ni sus obras. Anota de él una sola cosa, hacia dónde caminó y a quién sirvió.
El verbo es «anduvo», y andar es algo que se hace con los propios pies. Un camino puede venir de casa, pero se recorre paso a paso. El versículo cuenta lo que este rey hizo, y sobre lo que otro camino habría sido posible no dice nada. Nos deja, más bien, una pregunta que cada uno puede hacerse a solas con Dios: qué caminos recibí y cuáles sigo.
Todos recibimos caminos: de la mesa de la infancia, de un taller, de una sala de clases, del barrio. Una forma de hablar cuando algo sale mal, de tratar el dinero, de orar o de no hacerlo. Algunos fueron buenos, y hay que agradecerlos. Otros fueron duros, y nadie queda obligado a repetirlos. Y todos somos camino de alguien: un sobrino, una compañera de trabajo, un vecino que mira cómo actuamos.
Y aquí está la buena noticia para quien siente que lo recibido pesa: no todo depende de lo que nos dejaron. Jesús dijo de sí mismo que él es el camino que lleva al Padre, y quien lo sigue no anda solo. Con él se puede mirar hacia atrás con calma y hacia adelante con esperanza.
Para vivirlo hoy
Toma una hoja y escribe un solo camino bueno que recibiste de alguien: una manera de tratar a la gente, de trabajar, de orar o de perdonar. Dale gracias a Dios por eso en una oración de un minuto y deja la hoja donde la veas hoy. Toda la tarea cabe en menos de diez minutos.
Para meditar
- ¿Qué hábito bueno recibiste de alguien y quisieras conservar con cuidado?
- ¿Qué manera de reaccionar aprendiste en tu entorno que hoy prefieres mirar con calma antes de repetirla?
- ¿Quién podría estar aprendiendo hoy algo de tu manera de vivir, y qué te gustaría que aprendiera?
Oración
Jesús, este último versículo nos deja mirando a un rey que siguió el rumbo que otros le marcaron. Contigo el rumbo puede cambiar: lo que recibimos no tiene la última palabra sobre nosotros. Gracias por lo bueno que nos dejaron en casa, en el trabajo y en el barrio; ayúdanos a cuidarlo. Y en aquello que pesa, danos luz para no repetirlo. Que quien nos vea hoy encuentre un paso más cerca de ti. Amén.