Saltar al contenido

Amistad y comunidad

Tres mujeres en el camino de vuelta a Belén

Lectura · Rut 1:1-16

1Y ACONTECIÓ en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Beth-lehem de Judá, fué á peregrinar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos.

2El nombre de aquel varón era Elimelech, y el de su mujer Noemi; y los nombres de sus dos hijos eran, Mahalón y Chelión, Ephrateos de Beth-lehem de Judá. Llegaron pues á los campos de Moab, y asentaron allí.

3Y murió Elimelech, marido de Noemi, y quedó ella con sus dos hijos;

4Los cuales tomaron para sí mujeres de Moab, el nombre de la una Orpha, y el nombre de la otra Ruth; y habitaron allí unos diez años.

5Y murieron también los dos, Mahalón y Chelión, quedando así la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido.

6Entonces se levantó con sus nueras, y volvióse de los campos de Moab: porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado á su pueblo para darles pan.

7Salió pues del lugar donde había estado, y con ella sus dos nueras, y comenzaron á caminar para volverse á la tierra de Judá.

8Y Noemi dijo á sus dos nueras: Andad, volveos cada una á la casa de su madre: Jehová haga con vosotras misericordia, como la habéis hecho con los muertos y conmigo.

9Déos Jehová que halléis descanso, cada una en casa de su marido: besólas luego, y ellas lloraron á voz en grito.

10Y dijéronle: Ciertamente nosotras volveremos contigo á tu pueblo.

11Y Noemi respondió: Volveos, hijas mías: ¿para qué habéis de ir conmigo? ¿tengo yo más hijos en el vientre, que puedan ser vuestros maridos?

12Volveos, hijas mías, é idos; que yo ya soy vieja para ser para varón. Y aunque dijese: Esperanza tengo; y esta noche fuese con varón, y aun pariese hijos;

13¿Habíais vosotras de esperarlos hasta que fuesen grandes? ¿habías vosotras de quedaros sin casar por amor de ellos? No, hijas mías; que mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí.

14Mas ellas alzando otra vez su voz, lloraron: y Orpha besó á su suegra, mas Ruth se quedó con ella.

15Y Noemi dijo: He aquí tu cuñada se ha vuelto á su pueblo y á sus dioses; vuélvete tú tras ella.

16Y Ruth respondió: No me ruegues que te deje, y me aparte de ti: porque donde quiera que tú fueres, iré yo; y donde quiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Rut 1:1-16

Elimelec, Noemí, Mahalón y Quelión: cuatro nombres que salen juntos de Belén de Judá porque «hubo hambre en la tierra». El texto se detiene a nombrarlos uno por uno, como quien dice que no son una cifra de la crisis sino una familia. Llegan a los campos de Moab y se quedan a vivir allí. No cuenta lo que sintieron; solo dice que salieron y se quedaron.

Después vienen las pérdidas, una tras otra. Muere Elimelec. Sus hijos se casan con dos mujeres de Moab, Orfa y Rut, y pasan unos diez años. Entonces mueren también Mahalón y Quelión, y el texto resume el resultado en una sola frase: quedó «la mujer desamparada de sus dos hijos y de su marido». Ahora hay tres mujeres que han perdido a sus maridos, en tierra ajena. No hay una explicación, solo un hecho dicho con sobriedad.

Lo que pone a Noemí en marcha es una noticia: oyó en el campo de Moab «que Jehová había visitado á su pueblo para darles pan». Fíjate en quién actúa aquí. El texto no dice que ella lo pidiera ni que lo mereciera; dice que Dios visitó a su pueblo, y que eso llegó a oídos de una mujer que había perdido a su marido y a sus dos hijos. Ella se levanta y comienza a caminar, con sus dos nueras, de vuelta a la tierra de Judá.

En el camino, Noemí les pide a las dos jóvenes que regresen cada una a la casa de su madre. No lo hace con dureza: pide para ellas lo mejor que puede imaginar, «Jehová haga con vosotras misericordia». Y de sí misma dice: «mayor amargura tengo yo que vosotras, pues la mano de Jehová ha salido contra mí». El texto la deja hablar sin corregirla. Si esa amargura te suena conocida, díselo a tu pastor o a una persona de confianza; y si llegas a pensar en hacerte daño, pide ayuda profesional hoy mismo.

Las dos jóvenes lloran fuerte, sin contenerse. Orfa besa a su suegra y se vuelve; el relato solo dice que regresó «á su pueblo y á sus dioses», y no la juzga. Rut se queda. Noemí insiste una vez más, y Rut responde que irá donde ella vaya y vivirá donde ella viva: «Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios». Rut acaba de oír a Noemí decir que ya no tiene hijos que puedan ser sus maridos, y aun así se queda.

La imagen que queda es sencilla: una mujer con las manos vacías caminando hacia donde le dijeron que había pan, y a su lado otra que decidió no soltarla. Nadie en el camino lleva todavía nada en las manos: solo la noticia de la visita de Dios, un paso detrás de otro y la compañía de quien no se fue.

Para vivirlo hoy

Esta semana elige una sola cosa que guardas de una etapa dura, sea un objeto, un papel o un mensaje viejo, y decide qué hacer con ella: dejarla en un lugar ordenado, regalarla o soltarla del todo. No hace falta más: una cosa, una decisión, y seguir con tu día.

Para meditar

  • ¿Qué noticia de bien, aunque sea pequeña, podría ponerte hoy en marcha, como le pasó a Noemí en el campo de Moab?
  • ¿Cómo acompañarías a alguien que dice sentir mayor amargura que los demás, sin apurar ni corregir sus palabras?
  • ¿Qué cosa concreta cambiaría en tu semana si hicieras tuyo el «tu Dios mi Dios» de Rut?

Oración

Hay días en que le doy más crédito a mis pérdidas que a tu visita, y por eso me quedo mirando hacia atrás. Tú visitaste a tu pueblo para darle pan; ayúdame a ponerme en marcha hacia donde tú das lo necesario. Dame la fidelidad de Rut para no soltar a quien va a mi lado, y la sencillez de Noemí para decir sin disfraz lo que duele. Que tu misericordia, la que ella pidió para sus nueras, alcance hoy a mi casa y a quienes cuento entre los míos. Amén.

WhatsApp