Justicia y compasión
El juramento, la rendija y las hijas de Silo
Lectura · Jueces 21:18-25
18Nosotros empero, no les podemos dar mujeres de nuestras hijas, porque los hijos de Israel han jurado, diciendo: Maldito el que diere mujer á Benjamín.
19Ahora bien, dijeron, he aquí cada un año hay solemnidad de Jehová en Silo, que está al aquilón de Beth-el, y al lado oriental del camino que sube de Beth-el á Sichêm, y al mediodía de Lebona.
20Y mandaron á los hijos de Benjamín, diciendo: Id, y poned emboscada en las viñas:
21Y estad atentos: y cuando viereis salir las hijas de Silo á bailar en corros, vosotros saldréis de las viñas, y arrebataréis cada uno mujer para sí de las hijas de Silo, y os iréis á tierra de Benjamín:
22Y cuando vinieren los padres de ellas ó sus hermanos á demandárnoslo, nosotros les diremos: Tened piedad de nosotros en lugar de ellos: pues que nosotros en la guerra no tomamos mujeres para todos: que vosotros no se las habéis dado, para que ahora seáis culpables.
23Y los hijos de Benjamín lo hicieron así; pues tomaron mujeres conforme á su número, pillando de las que danzaban; y yéndose luego, tornáronse á su heredad, y reedificaron las ciudades, y habitaron en ellas.
24Entonces los hijos de Israel se fueron también de allí, cada uno á su tribu y á su familia, saliendo de allí cada uno á su heredad.
25En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos.
«Maldito el que diere mujer á Benjamín». Así sonaba el juramento de los israelitas, y con palabras de hoy dice: maldito sea quien entregue una hija a un hombre de Benjamín. Ahora están atados por su propia palabra. Ellos no pueden dar a sus hijas, y aun así quieren que los hombres de Benjamín tengan esposas y vuelvan a levantar sus ciudades. Lo que sigue es la historia de una salida, un camino que no rompa el juramento, aunque alguien tenga que pagar el precio.
El plan se cuenta con detalles muy concretos. Cada año hay en Silo una fiesta de Jehová, y las jóvenes del lugar salen a bailar en rondas. Los hombres de Benjamín reciben la orden de esconderse en las viñas y, cuando las vean salir, «arrebataréis cada uno mujer para sí de las hijas de Silo». Arrebatar quiere decir llevarse a la fuerza. En la misma orden va incluido lo que dirán a los padres y hermanos cuando lleguen a reclamar. Así se hace: los hombres toman mujeres «conforme á su número» y regresan a su tierra a reedificar.
No hay manera suave de decirlo: son jóvenes que salieron a una fiesta y fueron llevadas por la fuerza, sin que ellas ni sus padres hubieran dicho que sí. Para calmar a los padres, el argumento empieza con una petición de misericordia: «Tened piedad de nosotros». Luego viene la razón: ustedes no se las dieron, así que no son culpables del juramento. La palabra piedad está en el texto, pero la piden quienes ya lo planearon todo, y se la piden a los padres. Las jóvenes de Silo, que eran quienes más la necesitaban, no tienen voz en toda la escena: nadie les pregunta nada.
El pasaje cierra así: «En estos días no había rey en Israel: cada uno hacía lo recto delante de sus ojos». Cuando cada uno mide con sus propios ojos, casi cualquier camino puede parecer recto. Hoy también se puede cumplir la letra de una promesa y dejar sin lo debido a quien la esperaba. Si este relato te despierta el recuerdo de algo que te hicieron a la fuerza, no lo cargues a solas: habla con tu pastor o con una persona de confianza, y si hay riesgo de hacerte daño, busca ayuda profesional urgente.
El texto no dice que Dios ordenara nada de esto. Los que hablan y mandan son los israelitas, y no conviene poner en boca de Dios lo que el relato pone en la de ellos. Lo que sí dice de Jehová es que la fiesta es suya y que se celebra cada año en Silo. Ese es Dios: el dueño de la fiesta, que sigue siendo suya aun cuando cada uno hace lo que le parece recto. Quien lee con fe lo reconoce como Rey de Israel, aunque el texto diga que en aquellos días no había rey.
Para vivirlo hoy
Durante los próximos días, antes de tomar una decisión que afecte a otra persona, en casa, en el trabajo o en la iglesia, consúltala con ella misma. Pregúntale cómo lo vería y qué necesita, y escúchala hasta el final antes de decidir. Que su voz cuente antes de que la decisión esté tomada.
Para meditar
- ¿En qué promesa o compromiso tuyo podrías estar cuidando la letra y perdiendo de vista a la persona que esperaba algo de ella?
- ¿A quién de tu entorno se le decide todo sin preguntarle, y cómo podrías darle un lugar en la conversación?
- ¿A quién o a qué podrías acudir esta semana para mirar una decisión con otros ojos, y no solo con los tuyos?
Oración
Gracias porque tu Palabra cuenta con franqueza lo que les pasó a las hijas de Silo, sin esconderlo ni aplaudirlo. Gracias porque la fiesta era tuya y cada año convocabas a tu pueblo. Enséñame a no buscar rendijas en mis promesas, a preguntar antes de decidir por otros y a escuchar a quienes casi nunca son escuchados. Cuida hoy a quien haya sufrido violencia o se haya quedado sin voz. Sé tú mi Rey cuando lo recto ante mis ojos no coincida con lo recto ante ti. Amén.