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Santidad y pureza

Siete días de espera y un camino de regreso

Lectura · Levítico 15:1-17

1Y HABLÓ Jehová á Moisés y á Aarón, diciendo:

2Hablad á los hijos de Israel, y decidles: Cualquier varón, cuando su simiente manare de su carne, será inmundo.

3Y esta será su inmundicia en su flujo; sea que su carne destiló por causa de su flujo, ó que su carne se obstruyó á causa de su flujo, él será inmundo.

4Toda cama en que se acostare el que tuviere flujo, será inmunda; y toda cosa sobre que se sentare, inmunda será.

5Y cualquiera que tocare á su cama, lavará sus vestidos; lavaráse también á sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde.

6Y el que se sentare sobre aquello en que se hubiere sentado el que tiene flujo, lavará sus vestidos, se lavará también á sí mismo con agua, y será inmundo hasta la tarde.

7Asimismo el que tocare la carne del que tiene flujo, lavará sus vestidos, y á sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde.

8Y si el que tiene flujo escupiere sobre el limpio, éste lavará sus vestidos, y después de haberse lavado con agua, será inmundo hasta la tarde.

9Y todo aparejo sobre que cabalgare el que tuviere flujo, será inmundo.

10Y cualquiera que tocare cualquiera cosa que haya estado debajo de él, será inmundo hasta la tarde; y el que la llevare, lavará sus vestidos, y después de lavarse con agua, será inmundo hasta la tarde.

11Y todo aquel á quien tocare el que tiene flujo, y no lavare con agua sus manos, lavará sus vestidos, y á sí mismo se lavará con agua, y será inmundo hasta la tarde.

12Y la vasija de barro en que tocare el que tiene flujo, será quebrada; y toda vasija de madera será lavada con agua.

13Y cuando se hubiere limpiado de su flujo el que tiene flujo, se ha de contar siete días desde su purificación, y lavará sus vestidos, y lavará su carne en aguas vivas, y será limpio.

14Y el octavo día tomará dos tórtolas, ó dos palominos, y vendrá delante de Jehová á la puerta del tabernáculo del testimonio, y los dará al sacerdote:

15Y harálos el sacerdote, el uno ofrenda por el pecado, y el otro holocausto: y le purificará el sacerdote de su flujo delante de Jehová.

16Y el hombre, cuando de él saliere derramamiento de semen, lavará en aguas toda su carne, y será inmundo hasta la tarde.

17Y toda vestimenta, ó toda piel sobre la cual hubiere el derramamiento del semen, lavaráse con agua, y será inmunda hasta la tarde.

Levítico 15:1-17

«Hasta la tarde». Estas palabras se repiten en este capítulo una y otra vez, como quien avisa que aquello no dura para siempre. El pasaje trata de asuntos del cuerpo que casi nunca se mencionan en voz alta, y a muchos nos cuesta leerlo. Sin embargo está ahí, con la misma dignidad que el resto de la Biblia. Nos dice que ningún rincón de la vida humana le es ajeno a Dios, ni siquiera lo más íntimo, lo más incómodo o lo que ocurre sin que nadie lo decida.

Todo comienza con una frase que da peso al conjunto: «Y habló Jehová á Moisés y á Aarón». Quien habla aquí es Dios, y lo hace para cuidar la vida de su pueblo. La norma habla de una persona con un flujo en su cuerpo. Mientras dure, se le llama inmundo, una palabra que aquí no acusa de nada: señala una condición que impedía acercarse al santuario. Esa condición pasaba a lo que tocaba, su cama, su asiento, sus vestidos, y quien lo tocaba se lavaba y quedaba en ese estado «hasta la tarde». Lo pasajero se trata como pasajero.

Lo más hermoso llega cuando la persona mejora. Una vez terminado el flujo se contaban siete días, un tiempo que daba certeza de que estaba del todo recuperada, y luego se bañaba: «lavará su carne en aguas vivas, y será limpio». Al octavo día llegaba a la puerta del tabernáculo con dos tórtolas o dos palominos, pichones de paloma, y el sacerdote presentaba una como ofrenda por el pecado y otra como holocausto. Aquí el nombre de la ofrenda no señala culpa por haberse enfermado: era el sacrificio con que se cerraba la purificación. «Y le purificará el sacerdote de su flujo delante de Jehová». Nadie quedaba afuera para siempre.

Este pasaje deja ver a un Dios santo y cercano: su presencia estaba en medio del campamento y quería que su pueblo se acercara. Le importan el cuerpo, la limpieza y el orden diario, incluso lo que ocurre sin querer. No deja el regreso en manos del esfuerzo de la persona: provee agua, tiempo, una ofrenda y un sacerdote, y nadie lo recorría solo.

Hoy no practicamos estas normas como el antiguo Israel, pero conocemos las etapas de estar apartados: una enfermedad que nos saca del trabajo y de la iglesia, una vergüenza que nos hace escondernos. Enfermarse no es pecar. Conocemos también la espera: la recuperación lenta, la confianza que tarda en volver, los días en que todavía no somos los de antes. El texto no acusa a nadie por estar enfermo ni exige fingir que todo va bien.

El camino de regreso que aquí se dibuja con agua, días de espera y dos aves se abre del todo en Jesús. Su sangre nos limpia de todo pecado, y por su sacrificio tenemos entrada a la presencia de Dios. Eso vale para quien ha fallado y para quien solo carga cansancio o vergüenza: la puerta está abierta para quien quiera acercarse.

Para vivirlo hoy

Cuando te sientas lejos de Dios o de los demás, sea por cansancio, por una espera larga o por algo que hiciste, no te apures a taparlo. Dedica cinco minutos a decirle a Dios dónde estás, sin adornos, y recuerda que el camino de vuelta lo abrió él. Si el motivo es tu salud, consulta a un médico: no es motivo de vergüenza. Y si algo te avergüenza tanto que te aísla, cuéntaselo a alguien de confianza.

Para meditar

  • ¿Hay algo en tu vida que te hace sentir lejos de Dios, y qué pasaría si se lo dijeras con toda sinceridad?
  • ¿Cómo tratas a quien atraviesa una enfermedad o una espera larga: con paciencia o con prisa por verlo de nuevo bien?
  • ¿Qué significa para ti que el camino de regreso a Dios lo haya abierto él?

Oración

Dios santo y cercano, tú vives en medio de tu pueblo y quieres que nos acerquemos a ti. Tú dejaste un camino de regreso con pasos claros, y nadie queda afuera. Cuando enferme, acompáñame y ayúdame a buscar la ayuda que necesito sin vergüenza. Cuando falle, recuérdame que en Jesús hay perdón. Guíame por los días de espera, cuida mi cuerpo y mi casa con gratitud, y hazme tierno con quien pasa por una espera larga. Por Jesús, que se ofreció por mí, entro contigo con confianza. Amén.

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