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La iglesia

Santos y peleados: la iglesia de Corinto y la cruz que la sostiene

Lectura · 1 Corintios 1:1-21

1PABLO, llamado á ser apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y Sóstenes el hermano,

2A la iglesia de Dios que está en Corinto, santificados en Cristo Jesús, llamados santos, y á todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo en cualquier lugar, Señor de ellos y nuestro:

3Gracia y paz de Dios nuestro Padre, y del Señor Jesucristo.

4Gracias doy á mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os es dada en Cristo Jesús;

5Que en todas las cosas sois enriquecidos en él, en toda lengua y en toda ciencia;

6Así como el testimonio de Cristo ha sido confirmado en vosotros:

7De tal manera que nada os falte en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo:

8El cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis sin falta en el día de nuestro Señor Jesucristo.

9Fiel es Dios, por el cual sois llamados á la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor.

10Os ruego pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros disensiones, antes seáis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

11Porque me ha sido declarado de vosotros, hermanos míos, por los que son de Cloé, que hay entre vosotros contiendas;

12Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo.

13¿Está dividido Cristo? ¿Fué crucificado Pablo por vosotros? ¿ó habéis sido bautizados en el nombre de Pablo?

14Doy gracias á Dios, que á ninguno de vosotros he bautizado, sino á Crispo y á Gayo;

15Para que ninguno diga que habéis sido bautizados en mi nombre.

16Y también bauticé la familia de Estéfanas: mas no sé si he bautizado algún otro.

17Porque no me envió Cristo á bautizar, sino á predicar el evangelio: no en sabiduría de palabras, porque no sea hecha vana la cruz de Cristo.

18Porque la palabra de la cruz es locura á los que se pierden; mas á los que se salvan, es á saber, á nosotros, es potencia de Dios.

19Porque está escrito: Destruiré la sabiduría de los sabios, y desecharé la inteligencia de los entendidos.

20¿Qué es del sabio? ¿qué del escriba? ¿qué del escudriñador de este siglo? ¿no ha enloquecido Dios la sabiduría del mundo?

21Porque por no haber el mundo conocido en la sabiduría de Dios á Dios por sabiduría, agradó á Dios salvar á los creyentes por la locura de la predicación.

1 Corintios 1:1-21

Pablo pone dos etiquetas a la misma iglesia, y parecen chocar. En el saludo la llama «santificados en Cristo Jesús, llamados santos». Unos versículos más abajo cuenta que le han avisado de contiendas entre ellos: peleas y bandos. Santos y enfrentados, en la misma carta y para las mismas personas. Pablo no borra una etiqueta para quedarse con la otra. Y deja claro de dónde viene la primera: no de lo bien que se porten, sino de Cristo Jesús.

La carta la firman Pablo y Sóstenes, y empieza deseándoles gracia y paz de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo. Luego Pablo da gracias por ellos, y lo hace por la gracia de Dios que les fue dada en Cristo. Los ve enriquecidos en palabra y en conocimiento, de tal manera que a esa iglesia no le falta ningún don. Antes de tocar lo que anda mal, Pablo nombra lo que Dios ya ha puesto en sus manos.

Entonces viene el ruego. Que hablen todos una misma cosa, que no haya disensiones y que estén unidos en un mismo parecer. La noticia le llegó por los de Cloé. Y el problema tiene consignas: «Yo cierto soy de Pablo; pues yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo». Pablo responde con preguntas que pesan: «¿Está dividido Cristo?». Da gracias a Dios por haber bautizado a pocos, nombra a Crispo, a Gayo y a la familia de Estéfanas, y aclara que Cristo lo envió a predicar el evangelio.

Y ese evangelio, dice, no se apoya en palabras brillantes, para que la cruz no quede vacía. Su mensaje es que «la palabra de la cruz es locura á los que se pierden», mientras que para los que se salvan es fuerza de Dios. Dios lo decidió así: «agradó á Dios salvar á los creyentes por la locura de la predicación», o sea, le pareció bien hacerlo por un camino que el mundo no aplaude. Ninguna persona famosa reúne a este pueblo; lo reúne una cruz.

Algo de esto nos resulta cercano. Casi todos admiramos a alguien que nos ayudó a creer, y está bien darle gracias. Pero también se nos cuelan los bandos: el grupo de esta persona, el estilo de aquel pastor, la manera en que siempre se hizo o en que ahora se hace. Se nota en las familias, en los grupos de mensajes y en las bancas del domingo. Pablo no nos pide pensar todos igual en cada gusto; nos invita a volver a mirar a quien nos une.

Y lo que sostiene todo esto no es el ánimo de la iglesia. Pablo dice que Cristo los confirmará hasta el fin, y lo apoya en algo que no se mueve: «Fiel es Dios, por el cual sois llamados á la participación de su Hijo Jesucristo nuestro Señor».

Para vivirlo hoy

Esta semana, elige a una persona de tu iglesia, de tu familia o de tu trabajo con quien te cuesta coincidir. Cada día, dedica un momento a dar gracias a Dios por ella, por su nombre, como Pablo: «Gracias doy á mi Dios siempre por vosotros». Basta una frase sencilla. No hace falta que se lo digas a esa persona ni que resuelvas nada todavía.

Para meditar

  • ¿Qué personas te han ayudado a creer, y cómo puedes agradecer a Dios por ellas sin ponerlas en el lugar de Cristo?
  • ¿Qué cambia en tu manera de ver a tu iglesia saber que Dios la llama santa aun conociendo sus contiendas?
  • ¿Qué significa para ti que Dios haya querido salvar por un mensaje que a muchos les parece locura?

Oración

Gracias, Padre, porque a una iglesia llena de contiendas la llamaste santa en Cristo Jesús. Gracias por la gracia que nos das en él, y por una cruz que a muchos les parece locura y que para nosotros es fuerza tuya. Perdónanos las veces que hemos hecho bandos alrededor de personas, aun de las que amamos. Devuélvenos la mirada a Jesucristo, que no está dividido. Sostennos hasta el fin, porque tú eres fiel y nos llamaste. Amén.

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