El Reino de Dios
Salvamento y santidad en el monte de Sión
Lectura · Abdías 1:17-21
17Mas en el monte de Sión habrá salvamento, y será santidad, y la casa de Jacob, poseerá sus posesiones.
18Y la casa de Jacob será fuego, y la casa de José será llama, y la casa de Esaú estopa, y los quemarán, y los consumirán; ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú, porque Jehová lo habló.
19Y los del mediodía poseerán el monte de Esaú, y los llanos de los Palestinos; poseerán también los campos de Ephraim, y los campos de Samaria; y Benjamín á Galaad.
20Y los cautivos de aqueste ejército de los hijos de Israel poseerán lo de los Cananeos hasta Sarepta; y los cautivos de Jerusalem, que están en Sepharad, poseerán las ciudades del mediodía.
21Y vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová.
Todo el pasaje mira hacia un monte, el de Sión. Allí, dice el profeta, «habrá salvamento, y será santidad». Salvamento es una palabra de otro tiempo: quiere decir rescate, que alguien saque a otros del peligro. Y pegada al rescate, en el mismo verso, viene la santidad. No se anuncia solo un lugar donde escapar, sino un lugar apartado para Dios. Enseguida llegan los nombres de los que volverán a tener lo suyo: la casa de Jacob y la casa de José.
Entonces el texto se pone ardiente. Jacob y Esaú fueron hermanos, y aquí sus casas quedan frente a frente: la de Jacob será fuego, la de José llama, y la de Esaú, paja seca que prende y se consume. Es una sentencia dura: «ni aun reliquia quedará en la casa de Esaú». Reliquia significa resto: ni un sobreviviente. El pasaje no la suaviza, y tampoco nosotros deberíamos. Fíjate en la razón que da: «porque Jehová lo habló». No se apoya en la fuerza de nadie, sino en la palabra de Dios.
Vienen después los repartos: los del sur poseerán el monte de Esaú, los llanos de los filisteos, los campos de Efraín y de Samaria; y Benjamín, Galaad. Y los cautivos «de Jerusalem, que están en Sepharad», poseerán las ciudades del sur. Son nombres de tribus y de lugares, un arreglo concreto para aquel pueblo, no una promesa de terrenos para nadie hoy. Lo que sí muestra es que Dios sabe dónde están los suyos: incluso los que viven lejos, en tierra que no es la suya, tienen un lugar en su mapa.
El último verso cambia de escala: «vendrán salvadores al monte de Sión para juzgar al monte de Esaú; y el reino será de Jehová». Los que rescatan son también los que juzgan, y la palabra final no es el triunfo de un bando, sino un dueño: el reino es de Jehová. Quien lee con fe cristiana piensa en Jesús, que llegó anunciando ese mismo reino, y oye aquí un adelanto de lo que él vino a abrir.
Esto nos toca en algo corriente. Después de una mala racha, lo que uno más desea es el rescate, y la santidad suena a tarea aparte. Aquí vienen en el mismo verso: el Dios que saca del peligro también aparta y limpia. Y quien vive lejos de los suyos, en otra ciudad o en un trabajo que no eligió, puede saber que no queda fuera de su mirada.
Es como volver de un viaje largo, con la maleta aún en la mano, y encontrar encendida la luz de la casa. Nadie la pidió: alguien la dejó prendida porque sabía que ibas a llegar, y esa luz no pregunta por qué tardaste. Así termina el pasaje, con un monte, un rey y un lugar al que volver.
Para vivirlo hoy
Esta noche, cuando recorras la casa antes de dormir, deja encendida una luz pequeña, la del pasillo o la de la entrada. Cada vez que la veas, repite despacio: «y el reino será de Jehová». Mantén el gesto las próximas noches, y deja que el día termine con una frase de esperanza y no con la lista de pendientes.
Para meditar
- ¿Qué rescate de tu vida agradeces hoy, y qué cambio querrías que viniera junto con él?
- ¿A quién conoces que viva lejos de los suyos, y cómo podrías hacerle saber que alguien lo tiene presente?
- ¿Qué pesa menos hoy si el reino es de Jehová y no de quienes parecen mandar?
Oración
«En el monte de Sión habrá salvamento»: Dios nuestro, hago mías esas palabras y te pido que sean verdad para mí y para quienes viven lejos de los suyos. Gracias porque sabes dónde estamos, aun cuando nos sentimos fuera de lugar. Sálvanos, y aparta también en nosotros lo que no es tuyo. Cuida a quienes hoy no encuentran cómo volver a casa. Tuyo es el reino, y en ti descansamos. Amén.