Saltar al contenido

Gracia y perdón

Muertos en pecados, vivos con Cristo por pura gracia

Lectura · Efesios 2:1-20

1Y DE ella recibisteis vosotros, que estabais muertos en vuestros delitos y pecados,

2En que en otro tiempo anduvisteis conforme á la condición de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora obra en los hijos de desobediencia:

3Entre los cuales todos nosotros también vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos; y éramos por naturaleza hijos de ira, también como los demás.

4Empero Dios, que es rico en misericordia, por su mucho amor con que nos amó,

5Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo; por gracia sois salvos;

6Y juntamente nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los cielos con Cristo Jesús,

7Para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

8Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:

9No por obras, para que nadie se gloríe.

10Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas.

11Por tanto, acordaos que en otro tiempo vosotros los Gentiles en la carne, que erais llamados incircuncisión por la que se llama circuncisión, hecha con mano en la carne;

12Que en aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la república de Israel, y extranjeros á los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo.

13Mas ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo.

14Porque él es nuestra paz, que de ambos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación;

15Dirimiendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos en orden á ritos, para edificar en sí mismo los dos en un nuevo hombre, haciendo la paz,

16Y reconciliar por la cruz con Dios á ambos en un mismo cuerpo, matando en ella las enemistades.

17Y vino, y anunció la paz á vosotros que estabais lejos, y á los que estaban cerca:

18Que por él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre.

19Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino juntamente ciudadanos con los santos, y domésticos de Dios;

20Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo;

Efesios 2:1-20

«Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dió vida juntamente con Cristo». Esta frase llega después de un cuadro oscuro. Pablo ha escrito que los suyos estaban muertos en delitos y pecados y andaban conforme a la condición de este mundo, bajo un espíritu que obra en quienes viven en desobediencia. Se incluye a sí mismo: «todos nosotros», dice, y añade que por naturaleza éramos hijos de ira, igual que los demás. El texto no suaviza el punto de partida, y tampoco lo usa para asustar: muestra de qué nos sacó Dios.

Entonces llega el giro: pero Dios. Y lo describe con dos rasgos. Es «rico en misericordia» y nos amó con mucho amor. No esperó a que mejoráramos; actuó cuando estábamos muertos. Nos dio vida juntamente con Cristo, nos resucitó y nos hizo sentar con él en los cielos. Su motivo declarado: mostrar en los siglos venideros «las abundantes riquezas de su gracia».

Por eso Pablo puede afirmar sin rodeos: «por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios». No es por obras, para que nadie presuma. Somos «hechura suya», que quiere decir obra de sus manos, creados en Cristo Jesús para buenas obras que Dios preparó de antemano. Las buenas obras no compran la salvación; son el camino que se abre a quien ya la recibió como regalo.

Luego el pasaje mira una división de su tiempo, entre los llamados circuncisión y los llamados incircuncisión. Los de afuera, dice, estaban sin Cristo, lejos de Israel, extranjeros a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Es un retrato duro, pero es el de antes. Ahora, en Cristo Jesús, han sido hechos cercanos por su sangre. «Él es nuestra paz»: de los dos pueblos hizo uno, derribó la pared que los separaba y, por la cruz, reconcilió a ambos con Dios.

Cristo vino y anunció la paz a los lejanos y a los cercanos, y por él unos y otros tenemos entrada al Padre por un mismo Espíritu. Ya no somos extranjeros ni advenedizos, gente que llega de fuera sin lugar propio, sino ciudadanos con los santos y miembros de la casa de Dios. Es una casa edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, y su piedra principal, la que sostiene la esquina, es Jesucristo mismo.

Hoy nos definimos por lo que hacemos o por lo que nos falta. El pasaje propone otra medida: lo que Dios hizo. Quien siente que ya llegó lejos y quien siente que llegó tarde entran por la misma puerta, la gracia. Y las buenas obras dejan de ser un examen que rendir para ser un camino ya preparado. Al centro de todo hay una persona, no una idea: Jesucristo, la piedra que sostiene la casa entera.

Para vivirlo hoy

Elige un momento tranquilo de hoy y quédate cinco minutos en silencio con una sola frase de este pasaje: «por gracia sois salvos». Repítela despacio, al ritmo de tu respiración, sin pedir nada y sin explicártela. Solo deja que la frase te recuerde que Dios lo hizo primero.

Para meditar

  • ¿En qué momentos del día te defines por lo que haces o lo que te falta, más que por lo que Dios ya hizo por ti?
  • ¿Qué cambia en tu manera de servir si las buenas obras son un camino que Dios preparó y no un examen que rendir?
  • ¿A quién de tu entorno, sea de tu comunidad o de fuera, podrías tratar hoy como alguien de la casa, sin que nadie se sienta lejos?

Oración

Gracias porque, cuando estábamos muertos en pecados, nos diste vida juntamente con Cristo. Gracias porque eres rico en misericordia y tu amor no esperó a que fuéramos distintos. Gracias por Cristo, que derribó la pared que nos separaba de ti y de los demás, y por darnos entrada al Padre por un mismo Espíritu. Hazme vivir en las buenas obras que preparaste, sin presumir, y recibir a quien se sienta lejos como a alguien de tu casa. Amén.

WhatsApp