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Valor y perseverancia

Moisés ha muerto: el primer día de Josué al mando

Lectura · Josué 1:1-15

1Y ACONTECIÓ después de la muerte de Moisés siervo de Jehová, que Jehová habló á Josué hijo de Nun, ministro de Moisés, diciendo:

2Mi siervo Moisés es muerto: levántate pues ahora, y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, á la tierra que yo les doy á los hijos de Israel.

3Yo os he entregado, como lo había dicho á Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie.

4Desde el desierto y este Líbano hasta el gran río Eufrates, toda la tierra de los Hetheos hasta la gran mar del poniente del sol, será vuestro término.

5Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida: como yo fuí con Moisés, seré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

6Esfuérzate y sé valiente: porque tú repartirás á este pueblo por heredad la tierra, de la cual juré á sus padres que la daría á ellos.

7Solamente te esfuerces, y seas muy valiente, para cuidar de hacer conforme á toda la ley que mi siervo Moisés te mandó: no te apartes de ella ni á diestra ni á siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendieres.

8El libro de aquesta ley nunca se apartará de tu boca: antes de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme á todo lo que en él está escrito: porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

9Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente: no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres.

10Y Josué mandó á los oficiales del pueblo, diciendo:

11Pasad por medio del campo, y mandad al pueblo, diciendo: Preveníos de comida; porque dentro de tres días pasaréis el Jordán, para que entréis á poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da para que la poseáis.

12También habló Josué á los Rubenitas y Gaditas, y á la media tribu de Manasés, diciendo:

13Acordaos de la palabra que Moisés, siervo de Jehová, os mandó diciendo: Jehová vuestro Dios os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra.

14Vuestras mujeres y vuestros niños y vuestras bestias, quedarán en la tierra que Moisés os ha dado de esta parte del Jordán; mas vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y les ayudaréis;

15Hasta tanto que Jehová haya dado reposo á vuestros hermanos como á vosotros, y que ellos también posean la tierra que Jehová vuestro Dios les da: y después volveréis vosotros á la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés siervo de Jehová os ha dado, de esta parte del Jordán hacia donde nace el sol; y la poseeréis.

Josué 1:1-15

Es lunes por la mañana y hay una silla vacía. La persona que sabía cómo funcionaba todo, el taller, la cocina de los domingos, las cuentas de la casa, el grupo de la iglesia, ya no está, y alguien tiene que seguir. Muchos hemos estado en ese lugar, con las llaves en la mano y sin saber por dónde empezar. Josué está en un momento parecido: el texto lo presenta como «ministro de Moisés», que quiere decir su ayudante, y Moisés ha muerto.

Dios le habla sin rodeos: «Mi siervo Moisés es muerto». Primero nombra a Moisés como su siervo, sin apurarse a pasar la página; luego le da a Josué una orden: levantarse y cruzar el Jordán, él y todo el pueblo, hacia la tierra que Dios les da. Y le promete que su presencia no cambia de un líder a otro: «como yo fuí con Moisés, seré contigo». Nadie tiene que fingir que el que se fue no importaba.

Tres veces le pide Dios que se esfuerce y sea valiente. La primera va atada a la tarea de repartir la tierra al pueblo. La segunda, a la ley que Moisés dejó: no apartarse de ella ni a la derecha ni a la izquierda. La tercera lleva un mandato con doble filo: «no temas ni desmayes», es decir, no tengas miedo ni te rindas. El valor que Dios pide aquí no nace de un carácter fuerte; se apoya en algo que Él dice de sí mismo.

Junto a la orden hay un libro: la ley no debe apartarse de su boca, y «de día y de noche meditarás en él». El texto habla de un camino que prospera y de que todo saldrá bien; son palabras para un líder concreto que conduciría a un pueblo a su tierra, no una garantía para cualquier proyecto. Lo que vale para todos es el lugar que ocupa la palabra de Dios: primero.

Y Josué obedece con lo cotidiano. Manda a los oficiales pasar por el campamento y decir al pueblo que prepare comida, porque en tres días cruzarán. Luego habla a las tribus que ya tenían su tierra al este del río: sus mujeres, niños y ganado se quedarán, pero los valientes y fuertes pasarán armados delante de sus hermanos y les ayudarán «hasta tanto que Jehová haya dado reposo á vuestros hermanos como á vosotros». Quien ya descansó no se sienta a mirar a quien aún camina.

Alguien se queda con las llaves: un cargo nuevo, una casa que ahora sostienes tú, una etapa que nadie preparó. Josué recibió una orden, una presencia y un libro, y empezó por lo pequeño: pedir que se preparara la comida. Quien te dio ese lugar puede haberse ido, pero el Dios que acompañó a Josué sigue acompañando a los suyos: el Nuevo Testamento retoma esa promesa y se la dice a todo el que cree. Por eso sigue en pie: «Jehová tu Dios será contigo en donde quiera que fueres», que hoy diríamos: a donde vayas.

Para vivirlo hoy

Escribe en un papel el primer paso pequeño de una tarea que te ha tocado asumir y haz ese paso hoy, en menos de diez minutos: un mensaje, una llamada, una lista corta. Josué empezó con una orden sencilla: que el pueblo preparara comida para el camino.

Para meditar

  • ¿Dónde te ha tocado seguir después de que otra persona se fue, y qué te pesa más de ese lugar?
  • ¿Qué palabras de Dios necesitas tener hoy más cerca de tu boca y de tus pensamientos?
  • En lo que ya tienes resuelto, ¿a quién podrías darle una mano para que también encuentre reposo?

Oración

Jesús, tu nombre es el mismo de aquel Josué que se levantó tras la muerte de Moisés para conducir a su pueblo hacia el reposo. Gracias porque tú también vas delante y no nos sueltas. Cuando nos toque seguir sin quien nos guiaba, danos un valor que no venga de nosotros. Pon tu palabra en nuestra boca y en nuestros pensamientos de día y de noche. Y enséñanos a ayudar a quienes aún caminan, como los valientes que cruzaron delante de sus hermanos. Amén.

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