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Sabiduría

La sabiduría sale a la calle a llamar

Lectura · Proverbios 1:1-28

1LOS proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel:

2Para entender sabiduría y doctrina; para conocer las razones prudentes;

3Para recibir el consejo de prudencia, justicia, y juicio y equidad;

4Para dar sagacidad á los simples, y á los jóvenes inteligencia y cordura.

5Oirá el sabio, y aumentará el saber; y el entendido adquirirá consejo;

6Para entender parábola y declaración; palabras de sabios, y sus dichos oscuros.

7El principio de la sabiduría es el temor de Jehová: los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

8Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre:

9Porque adorno de gracia serán á tu cabeza, y collares á tu cuello.

10Hijo mío, si los pecadores te quisieren engañar, no consientas.

11Si dijeren: Ven con nosotros, pongamos asechanzas á la sangre, acechemos sin motivo al inocente;

12Los tragaremos vivos como el sepulcro, y enteros, como los que caen en sima;

13Hallaremos riquezas de todas suertes, henchiremos nuestras casas de despojos;

14Echa tu suerte entre nosotros; tengamos todos una bolsa:

15Hijo mío, no andes en camino con ellos; aparta tu pie de sus veredas:

16Porque sus pies correrán al mal, é irán presurosos á derramar sangre.

17Porque en vano se tenderá la red ante los ojos de toda ave;

18Mas ellos á su propia sangre ponen asechanzas, y á sus almas tienden lazo.

19Tales son las sendas de todo el que es dado á la codicia, la cual prenderá el alma de sus poseedores.

20La sabiduría clama de fuera, da su voz en las plazas:

21Clama en los principales lugares de concurso; en las entradas de las puertas de la ciudad dice sus razones:

22¿Hasta cuándo, oh simples, amaréis la simpleza, y los burladores desearán el burlar, y los insensatos aborrecerán la ciencia?

23Volveos á mi reprensión: he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.

24Por cuanto llamé, y no quisisteis; extendí mi mano, y no hubo quien escuchase;

25Antes desechasteis todo consejo mío, y mi reprensión no quisisteis:

26También yo me reiré en vuestra calamidad, y me burlaré cuando os viniere lo que teméis;

27Cuando viniere como una destrucción lo que teméis, y vuestra calamidad llegare como un torbellino; cuando sobre vosotros viniere tribulación y angustia.

28Entonces me llamarán, y no responderé; buscarme han de mañana, y no me hallarán:

Proverbios 1:1-28

«La sabiduría clama de fuera, da su voz en las plazas». La escena es inesperada: la sabiduría no espera en una biblioteca, sino afuera, donde hay más gente, en las entradas de las puertas de la ciudad. Antes de llegar ahí, el capítulo ha pasado por un título, una lista de propósitos, el consejo de un padre y la invitación de unos pecadores a algo muy oscuro. Ahora otra voz se hace oír.

El libro se presenta con nombre y cargo: son los proverbios de Salomón, hijo de David y rey de Israel. Sirve para dar sagacidad a los simples y cordura a los jóvenes. Los simples son quienes aún no tienen experiencia; sagacidad es la astucia sana de saber por dónde va cada camino. Y hay un detalle amable: «Oirá el sabio, y aumentará el saber». Quien ya sabe, sigue escuchando. La base cabe en una frase: «El principio de la sabiduría es el temor de Jehová», donde temor hoy diríamos reverencia.

Luego llega la advertencia. Unos invitan: acechemos al inocente, llenemos las casas de botín, tengamos todos una bolsa. Es una propuesta de violencia, y el texto la llama por su nombre: esos pies corren a derramar sangre. La respuesta es corta: «aparta tu pie de sus veredas», o sea, de sus sendas. Y añade que ellos mismos se ponen la trampa: la codicia prende a quien la posee.

Entonces la voz sale a las plazas. En el poema la sabiduría habla como una persona, y empieza preguntando a los simples hasta cuándo amarán la simpleza. Es una pregunta dura, pero enseguida abre una puerta: «Volveos á mi reprensión: he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras». Reprensión es corrección. Solo después recuerda que llamó y no quisieron: «extendí mi mano, y no hubo quien escuchase».

El versículo 26 es de lo más duro del capítulo: «También yo me reiré en vuestra calamidad». Quien habla es la sabiduría, y se dirige a quienes desecharon todo consejo una y otra vez. Lo mismo vale para «me llamarán, y no responderé»: habla de esos, no de quien sufre ni de quien clama a Dios en su angustia. La Biblia entera lo muestra cerca de quien lo busca con humildad. Lo que el poema recalca es cuánto pesa cerrar el oído, aviso tras aviso.

Hoy las plazas son otras: la oficina, el celular, el grupo que propone una ganancia rápida que no termina de cuadrar. La invitación no suena a maldad; suena a compañía y a oportunidad. Y la voz de la sabiduría rara vez suena a trompeta: puede ser la frase de alguien que te aprecia o un pasaje leído a tiempo. Pablo escribe que Cristo es la sabiduría de Dios. Él también habló en plazas y caminos, y terminó con las manos extendidas en una cruz.

Para vivirlo hoy

La próxima vez que te llegue una invitación o una propuesta que parezca conveniente, detente un minuto: repite esa pausa durante los próximos tres días, y pregúntate con calma adónde lleva ese camino y quién termina pagando su precio. No hace falta más: esa pausa es la manera de darle a la sabiduría un espacio para hablar.

Para meditar

  • ¿En qué lugar de tu semana, la oficina, la casa, la calle, podría estar hablando la sabiduría sin que la notes?
  • ¿Qué invitación que suena a ganancia fácil o a compañía merece hoy un minuto de pausa antes de responderla?
  • ¿Qué cambia en ti saber que la sabiduría ofrece volver antes de que lleguen las consecuencias?

Oración

Dios, cuya sabiduría sale a la plaza y llama, tu voz no espera en un rincón, sino donde pasamos todos. Gracias porque ofreces volver antes de que las consecuencias lleguen, y porque estás cerca de quien te busca con humildad. Dame oídos para escucharte en medio del ruido y valor para decir que no cuando me inviten a un camino que termina mal. Que tu sabiduría, que en Jesús tiene rostro, me guíe en la casa, en el trabajo y en las decisiones de esta semana. Amén.

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