Valor y perseverancia
Hacerse todo para todos y correr con la meta a la vista
Lectura · 1 Corintios 9:21-27
21A los que son sin ley, como si yo fuera sin ley, (no estando yo sin ley de Dios, mas en la ley de Cristo) por ganar á los que estaban sin ley.
22Me he hecho á los flacos flaco, por ganar á los flacos: á todos me he hecho todo, para que de todo punto salve á algunos.
23Y esto hago por causa del evangelio, por hacerme juntamente participante de él.
24¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos á la verdad corren, mas uno lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
25Y todo aquel que lucha, de todo se abstiene: y ellos, á la verdad, para recibir una corona corruptible; mas nosotros, incorruptible.
26Así que, yo de esta manera corro, no como á cosa incierta; de esta manera peleo, no como quien hiere el aire:
27Antes hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre; no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado.
Piensa en un lunes cualquiera. Antes del mediodía hablas con tres personas distintas: un jefe que solo entiende de cifras, una compañera que llegó sin haber dormido, un cliente que no sabe nada del asunto. Con cada quien cambias el tono, las palabras y el ritmo, y sigues siendo la misma persona. Nadie llamaría a eso falsedad: es querer que el otro entienda. Algo muy parecido cuenta Pablo de sí mismo en este pasaje.
Pablo dice que con los que viven sin la ley se hizo como uno de ellos, aunque él no está sin la ley de Dios, sino «en la ley de Cristo». Con los débiles, dice: «Me he hecho á los flacos flaco», y flacos quiere decir débiles. Su resumen es amplio: «á todos me he hecho todo, para que de todo punto salve á algunos», es decir, por todos los caminos posibles. Y da su razón: lo hace por causa del evangelio. No busca caer bien. Busca que otros oigan la buena noticia y ser él también partícipe de ella.
Después cambia la imagen y habla de quienes corren en el estadio. Todos corren, pero uno lleva el premio, y Pablo dice: «Corred de tal manera que lo obtengáis». Quien lucha se priva de muchas cosas. Ellos lo hacen por una corona que se marchita; los creyentes, por una que no. Pablo corre «no como á cosa incierta», con la meta a la vista, y pelea sin golpear el aire, sin gastar fuerzas en el vacío.
Luego viene una frase áspera: «hiero mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre», es decir, lo pongo bajo mi dirección. Una manera de leerlo, y la que encaja con el cuadro del deportista, es que no invita a hacerse daño, sino a entrenarse y a privarse de cosas para que los deseos no lleven el timón. El motivo lo da él mismo: «no sea que, habiendo predicado á otros, yo mismo venga á ser reprobado». Hoy diríamos descartado. No quiere anunciar una meta y quedar fuera de ella.
Esto nos toca en cosas pequeñas. Hacerse todo para todos es aprender cómo habla otra persona, sentarse a explicar sin apuro, ir a su paso cuando tiene un día flojo. La otra mitad, la disciplina, se parece a lo que hacemos por lo que nos importa: levantarse temprano, guardar un gasto, apagar la pantalla a tiempo. Nada de eso es castigo; es ir hacia algo. Y la cercanía tiene una medida: Pablo no está sin la ley de Dios.
Pablo nombra a Cristo justo cuando habla de su libertad, y ahí pone la medida de su cercanía y de su carrera: la ley de Cristo. Y Cristo, que se hizo uno de nosotros para ganarnos, es quien va delante en este camino.
Para vivirlo hoy
¿Quién en tu entorno no termina de entender lo que vives o lo que crees? Puede ser un familiar, un vecino, un compañero. Esta semana busca una conversación en la que preguntes primero y escuches con calma qué le preocupa o qué le pesa. No hace falta hablar de Cristo ese día. Basta con acercarte a su mundo, sin dejar de ser quien eres.
Para meditar
- ¿A quién de tu vida te conviene escuchar más despacio, para entender cómo ve las cosas antes de hablarle de lo que tú crees?
- ¿Qué te ayuda a acercarte a otros sin perder lo que eres ni esconder lo que crees?
- ¿Hacia qué meta estás corriendo esta semana, y qué pequeña renuncia te ayudaría a llegar con más fuerza?
Oración
Jesús, gracias porque Pablo pudo hacerse débil con los débiles y vivir en tu ley, y porque tu evangelio es la razón de su carrera. Tú te acercaste a quienes estábamos lejos, y quiero aprender de ti a acercarme sin dejar de ser fiel. Cuando la disciplina me canse y la meta parezca lejana, recuérdame que corro hacia una corona que no se marchita. Dame paciencia para escuchar y firmeza para no correr a ciegas ni dar golpes al aire. Amén.