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Amistad y comunidad

El Dios que ordena el cuerpo y honra al miembro que parece faltar

Lectura · 1 Corintios 12:24-31

24Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba;

25Para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.

26Por manera que si un miembro padece, todos los miembros á una se duelen; y si un miembro es honrado, todos los miembros á una se gozan.

27Pues vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte.

28Y á unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero doctores; luego facultades; luego dones de sanidades, ayudas, gobernaciones, géneros de lenguas.

29¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos doctores? ¿todos facultades?

30¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

31Empero procurad los mejores dones: mas aun yo os muestro un camino más excelente.

1 Corintios 12:24-31

Dios ordenó el cuerpo. Con esa afirmación arranca este pasaje, y en ella se ve cómo obra Dios: no reparte la honra según las apariencias, sino que, en palabras de Pablo, «Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba». Antes de hablar de dones y de tareas, Pablo habla de un Dios que pone orden y que cuida de manera especial al miembro que parece tener menos.

Pablo viene de comparar a la iglesia con un cuerpo. Los miembros que se ven mejor, los que llamaríamos presentables, no necesitan nada más. Dios quiso, dice, que no hubiera desavenencia, o sea, desacuerdo, y que «los miembros todos se interesen los unos por los otros». Lo pinta con dos escenas: si un miembro padece, todos se duelen a una, es decir, a la vez; y si uno es honrado, todos se gozan juntos. En este cuerpo nadie sufre ni celebra solo.

Luego lo baja a la iglesia: «vosotros sois el cuerpo de Cristo, y miembros en parte». Cada persona es una parte, no el todo. Enumera lo que Dios puso en ella: primero apóstoles, luego profetas, tercero maestros; después poderes, dones de sanidad, dirección y géneros de lenguas. En medio aparece una palabra sencilla, «ayudas», en la misma lista que los dones más vistosos. Después vienen las preguntas: «¿Son todos apóstoles?», y así con cada don. Se sobreentiende que no. Nadie tiene todo, y nadie sobra.

Fíjate en quién es el sujeto: Dios ordenó, Dios puso. El lugar de cada uno en el cuerpo no es un premio ni una casualidad. Eso quita dos pesos a la vez: el de sentirse de menos por tener un don discreto y el de sentirse de más por tener uno visible. Y el mismo Dios que reparte es quien cuida: da más honor al que le faltaba. No pide que todos hagan lo mismo. Cuida que a ninguno le falte su lugar.

En la vida diaria esto se ve en cosas chicas. En toda comunidad hay quien llega antes a abrir la puerta, quien prepara el café, quien lleva las cuentas, quien recuerda los cumpleaños, y casi nadie los aplaude. A esos miembros, según este pasaje, Dios los honra de manera especial, y nosotros podemos hacer lo mismo. La imagen pide también algo más difícil de lo que parece: doler con quien padece se nos da a veces con naturalidad, pero gozarnos de verdad con quien recibe honra pide su propio esfuerzo.

Todo tiene un centro: somos el cuerpo de Cristo, no un grupo de personas parecidas. Por eso Pablo termina invitando a procurar los mejores dones y, enseguida, a algo mayor: «un camino más excelente», que él empieza a mostrar. ¿Qué miembro de tu comunidad tienes más cerca hoy, y cómo podrías darle un poco más de honor?

Para vivirlo hoy

Hoy, en menos de diez minutos, piensa en alguien de tu comunidad que hace un trabajo poco visible: quien prepara el café, abre el local, cuida a los niños o limpia después. Escríbele un mensaje breve o llámale, y agradécele por algo concreto que hizo. Una o dos frases bastan. No hace falta esperar a un momento especial.

Para meditar

  • ¿Qué trabajo poco visible sostiene a tu comunidad, y a quién le debes un agradecimiento concreto?
  • ¿Cómo cambia tu manera de mirar tu propio don saber que Dios fue quien puso a cada uno en su lugar?
  • ¿Se te hace más fácil dolerte con quien sufre o alegrarte con quien recibe honra, y por qué?

Oración

Dios nuestro, tú ordenaste el cuerpo y das más honor al que parece faltarle. Gracias por las ayudas, esos dones sencillos que sostienen a tu iglesia sin hacer ruido, y por ponernos a cada uno en nuestro lugar. Enséñame a interesarme por los demás miembros, a dolerme con quien padece y a gozarme con quien recibe honra. Guárdame de compararme. Y llévanos, juntos, por ese camino más excelente que tú nos muestras. Amén.

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