Esperanza
Guardar lo confiado con la vista en lo que viene
Lectura · 1 Timoteo 6:19-21
19Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir, que echen mano á la vida eterna.
20Oh Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado, evitando las profanas pláticas de vanas cosas, y los argumentos de la falsamente llamada ciencia:
21La cual profesando algunos, fueron descaminados acerca de la fe. La gracia sea contigo. Amén.
«Oh Timoteo». Antes de la última orden de la carta, Pablo pronuncia el nombre de su colaborador y le antepone una exclamación. Es una manera cercana de llamarlo, y muestra el tono: no es un reglamento lanzado desde lejos, sino la palabra de alguien que conoce a quien le escribe. El pasaje son solo tres versículos, y con ellos termina toda la carta.
El pasaje empieza a media frase, con una palabra que parece colgar del aire: «Atesorando para sí buen fundamento para lo por venir». Atesorar es juntar como se junta un tesoro. Lo que se junta aquí no es dinero, sino un fundamento, algo sobre lo cual apoyar el futuro. Y ese futuro tiene un destino: «que echen mano á la vida eterna». Echar mano quiere decir agarrar con firmeza. Son verbos de manos: juntar y agarrar. La frase viene de algo dicho antes, y por eso conviene leer también los versículos anteriores.
Luego llega el encargo: «guarda lo que se te ha encomendado». Encomendar es confiar algo a alguien. Timoteo no lo inventó: lo recibió. Guardarlo incluye apartarse de «las profanas pláticas de vanas cosas», es decir, de charlas huecas que no llevan a ninguna parte, y de «los argumentos de la falsamente llamada ciencia». Aquí ciencia quiere decir conocimiento. Pablo no habla contra aprender, sino contra un saber que se llama así sin serlo.
Después Pablo admite un hecho: algunos, por profesar ese falso saber, «fueron descaminados acerca de la fe». Descaminados quiere decir que perdieron el camino. El texto no cuenta qué pasó por dentro de ellos ni cuánto tardaron, y no hace falta inventarlo. Basta ver que la fe es un camino, y que se puede perder el rumbo. El aviso es serio, pero no es lo último que se dice.
Lo último que se dice es gracia. La carta no termina con un reproche ni con una lista de tareas, sino con una bendición breve dirigida a Timoteo. Para quien lee con fe, eso muestra a un Dios que confía algo valioso a las personas y las acompaña con su gracia. Guardar lo encomendado no depende de las fuerzas propias. Es una despedida sencilla, y sostiene todo lo anterior.
Hoy también se nos han confiado cosas: una enseñanza que recibimos, una persona que depende de nosotros, la fe misma. Y hay charlas y ruidos que compiten por nuestro tiempo. El pasaje no pide ser expertos en todo, sino guardar lo esencial y mirar hacia adelante. Un fundamento se va poniendo de a poco, con gestos pequeños de cada día. ¿Qué lugar ocupa la vida eterna entre las cosas que hoy cuidas con más esmero?
Para vivirlo hoy
Hoy, antes de que termine el día, toma un papel y escribe aquello que se te ha confiado y quieres cuidar: una enseñanza que recibiste, una persona a quien acompañas, una costumbre de oración. Lee la lista en voz alta y déjala donde la veas mañana. No lleva más de diez minutos.
Para meditar
- ¿Qué te ha sido confiado, en la fe o en tu casa, que hoy quieres cuidar con más atención?
- ¿Qué charlas, ruidos o discusiones te roban tiempo que podrías dedicar a lo que de verdad importa?
- ¿Qué cambia en ti al saber que este texto termina con gracia y no con un reproche?
Oración
«La gracia sea contigo.» Jesús, que así sea hoy conmigo y con cada persona que amo. Gracias porque nos confías algo valioso y no nos dejas cuidarlo con nuestras propias fuerzas. Ayúdame a apartarme de las charlas huecas que me quitan el tiempo, y a juntar un tesoro que dure. Enséñame a distinguir tu verdad de lo que solo suena a saber. Que mi mano se abra para agarrar la vida eterna y para no soltar la fe por el camino. Amén.